11 de junio de 2013

Cupid candy sugar free (2)


Capítulo 2
Requisitos exigidos

Eran las siete de la tarde y ya era de noche cuando Juliet abrió la puerta del hotel, estaba molesta y cansada, no había sido uno de esos días que ella pudiera calificar de estupendos, no era que hubiera tenido mala suerte, a excepción del bochornoso numerito de la cafetería.  Era que durante toda la jornada se sintió apresada por una sensación de ansiedad cada vez más acuciante, era como sentir sed pero en vez de eso no sabía que era lo que necesitaba para calmar aquel agobio.


Imaginaba que era el estrés de tener que buscar un sitio nuevo donde quedarse y quizás fuera eso lo que tuviera oprimido su pecho. Alzó la vista cuando Lulú fue corriendo hacia ella como una flecha peluda, la caniche comenzó a dar pequeños saltos de alegría para demostrar lo contenta que estaba de tenerla allí. Juliet le regaló unas suaves palmadas en la cabecita- espera, espera -abrió su bolso y sacó uno de los bocadillos que se compraba en la cafetería, entre los dos panes estaba el jamón que fue lo que le dio a su perra, ella se comió la lechuga.




Comenzó a moverse por la habitación, recogiendo la ropa que había dejado desperdigada por la mañana y todos sus botes de cremas faciales y corporales que estaban en las repisas cristalinas del baño. Sin pudor alguno, también se llevo uno de los albornoces del hotel, ella tenía uno propio, pero le apeteció robarlo junto con los diminutos botes de jabón de frutas.



Lo juntó y lo metió dentro de su enorme maleta, se abotonó el largo abrigo y miró a Lulú- nos mudamos -extrañamente se sintió mejor, sacó el anuncio de Diana del bolsillo trasero del pantalón- vamos a conocer a Diana -esperaba que no fuera una de esas "raras" que abundaban por el campus como setas, además eran similares, crecían en la oscuridad y eran pálidas.

Mientras, Diana dejaba entrar a su tercera posible compañera de piso. La observó bien y se sentó frente a ella. Era lo más parecido a un artista de Visual Key en su propia sala. Los pelos teñidos de naranja y amarillo chillón, el maquillaje cargado como una máscara de Joker, aquella expresión neutra que le parecía ridícula. ¿Qué pretendía? ¿Asustarla? No sabía con quién estaba tratando.

-Aquí se paga quincenalmente, el Internet es compartido. Cada una tiene su cuarto, no me agrada la música estruendosa.

La otra chica miró lánguidamente alrededor. Se puso de pie mientras la morena seguía explicando las normas y los costos. Dejó de hablar en el instante en que esa especie de Pierrot de tercera se atrevió a tocar "su cafetera", pero el colmo fue cuando se sirvió el tibio líquido en SU taza. Nadie... Absolutamente nadie tocaba su taza.

La chica punk ni pudo reaccionar cuando la otra le quitó su preciada posesión y la invitó, amablemente a dejar el apartamento, el edificio y si podía, el país también.

-GUAUUUUUUUUUUUUU - Juliet sostuvo a Lulú cuando esta quiso saltarle encima a una chica con las pintas más estrambóticas que hubiera visto, a ver.., en dos semanas porque en el campus se podía ver absolutamente de todo. Sus ojos verdes examinaron su conjunto sin pudor alguno. Siempre le parecían graciosos esos arrebatos entre góticos y punk porque estaba segura que dentro de dos años aquella chica se echaría a llorar cuando viera las fotos donde lucía esas pintas de lunática.

- ¿No sabes donde es la fiesta de disfraces?-no pudo contenerse, despertaba su lado perverso y de diva de la moda. La chica se giró solo para ver como Juliet le guiñaba un ojo mientras se cerraba la puerta del viejo ascensor.

Juliet miró a ambos lados del pasillo y luego el número de puerta que se indicaba en el anuncio. Miró a Lulú, ésta irguió las orejas porque sabía que Juliet iba a decirle algo.- hazte la muerta -no quería que su caniche se volviera loca justo cuando iba a pedir que la dejaran quedarse en aquel piso. El lugar no estaba en mal estado y había varios comercios en la zona.

Comenzó a caminar, tirando de su maleta, se puso delante de la puerta y tocó el timbre, esperó mientras se arreglaba un poco los rubios cabellos que estaban mojados por el ambiente frío de la calle.

La puerta se abrió. Diana tenía puestos sus guantes amarillos de fregar platos. Ni loca iba usar su taza con el embarrado de labial azul de esa tipa. A saber dónde había puesto esa boca. Llevaba puesto sus shorts de hacer ejercicios, largos hasta las rodillas, enormes y que pendían milagrosamente de sus estrechas caderas.

Una camiseta muy vieja pero que ella conservaba porque era de la primera convención de anime a la cual fue.    

Su pelo suelto, que mostraba sus cabellos negros y largos hasta el final de la espalda, sujetados por una extraña bincha que parecía manufacturada de los nativos norteamericanos. Era finita, de cuero y algunas cuentas de colores.

Se asomó y al ver de refilón la ropa elegante cerró la puerta hasta dejar una rendija. Esperaba que no fuera una cobradora- ¿diga?-en ese momento no reconoció a la alta figura.

-¿Diana? -Juliet esperaba que aquella loca que la estaba espiando por la rendija de la puerta no fuera la que había puesto el anuncio- vengo por tu anuncio, ese de; "SE BUSCA COMPAÑERA DE PISO. SIN NOVIO, QUE LE GUSTE EL CAFÉ, QUE PAGUE CONEXIÓN A INTERNET Y SEA TRANQUILA. PD: NADA DE CHICOS, NO MOLESTEN"-a pesar de leerlo en voz suave se las arregló para que las letras sonaran mayúsculas. Miró de nuevo la punta de la redonda nariz que pugnaba por salir- es el tuyo, ¿no?

-Mmm...haberlo dicho...-masculló-¡sí, sí, es el mío!-abrió la puerta para dejarla pasar. Casi eran de la misma altura y se alegró que no fuera una sacerdotisa de una secta o una de esas locas que vendían Hebalife -hay dos habitaciones...compartiríamos el baño y las áreas comunes, ¿ves? -comenzó a mostrarle. No se le había escapado el detalle de que llevaba una maleta. Eso significaba que realmente le urgía alquilar y le serviría para imponer unas cuantas reglas.

-Se paga por quincena...-se giró para verle el rostro, ahora si, con atención. Se le hacía familiar- ¿cómo te llamas?

Juliet no le prestó demasiada atención al piso aunque le pareció confortable a pesar del aire hippie que flotaba en él como una especie de cáncer. Intentaba por todos los medios que sus ojos no se posaran sobre los pechos de la chica que apenas de insinuaban bajo la camiseta, trataba de no leer pero fue demasiado tarde; "SALÓN DE ANIME. ¡BANZAI!"

Aquello casi le dio dolor de cabeza y comprendió que aquella chica y ella estaban a años luz. Ella en un planeta y Juliet en otro, pero desde que traspasó la puerta notó una cálida sensación de alivio que la invadía, no podía irse a ningún otro sitio, de hecho creía que allí era donde debía de estar. "Debo dejar la maldita dieta vegetariana, me deja idiota tanta lechuga".

-Juliet -se presentó, sus verdes ojos se posaron en los de ella, desde su rostro fino, insolente-. Puedo darte hoy mismo la paga -no quería que la echara, es que...¡¿qué diablos le pasaba?!

La morena torció el gesto, alzando las cejas y sus almendrados ojos emitieron in brillito codicioso- Juliet...si tienes efectivo, te doy la bienvenida... -se le acercó a pasitos saltarines, se quitó los guantes de goma y se los metió entre el elástico de sus pantalones y la piel de su cintura.

-Esto es lo que se paga mensual... pero tú pagas la conexión de Internet y los gastos de agua, luz y gas. Yo me encargo del alquiler. ¿Está bien, Juliet?-probó a ver si estaba de acuerdo. No se gastaba mucho de todas maneras y entre dos les alivianaría mucho el peso. Observó que era bonita y que tenía un lindo acento francés. Se peinó los cabellos sin darse cuenta.

La rubia no perdió de vista ni uno de solo de sus gestos, si Diana cuidara su aspecto, se peinara, llevara ropa adecuada y tuviera maquillaje seguro que era de ese tipo de chica espectacular, pero se había pasado al lado oscuro de la fuerza, dejándose arrastrar por las malas influencias-. De acuerdo -extendió una de sus manos, de largos dedos para aceptar el pacto entre las dos, sintió algo extraño.

La sonrisa resplandeciente afloró en los labios de la morena.-Puedes dejar tu maleta y vienes mañana con tus cosas -tenía que cocinar y luego ponerse a dibujar para el salón manga. Eso, sin contar que hoy tenía una cita virtual con una chica que conoció en un foro de Oeaki.

-¿Mañana? -Juliet se repasó la lengua por los labios, cuando sus manos se apretaron percibió que toda su boca se inundaba con un extraño sabor- vengo a quedarme ya si no te importa -no es que su opinión fuera fundamental, ya había aceptado. Le dio un sobre con una buena cantidad de dinero, el sobre estaba ligeramente perfumado porque lo había guardado entre sus ropas.

-¿Cuál era mi habitación?-comenzó a caminar decidida, ella se quedaba aquella noche allí aunque el cielo se desplomara sobre su cabeza, no iba a regresar a ni a la calle ni a la habitación de hotel, ahora estaba allí y allí se quedaría.

-¡Esa no!, esa es la mía -caminó a pasitos rápidos tratando de evitar que entrara a su santuario, ella era demasiado recelosa de su intimidad. Tampoco iba a admitir que le daba algo de corte mostrarle a la niña de acento francés, que su cuarto era un taller de diseño, donde, como cama había un futón en un rincón junto a la ventana y el resto era una mesa de dibujo, un atril con un lienzo en blanco.

Muchos bocetos en las paredes, un espejo frente a otra mesita donde estaba su Mac y apilados cientos de CD´s.

-Es aquella -señaló una puerta lila con una flor rosada como para poner en su centro, el nombre del ocupante. En la puerta de Diana había un girasol y se leía Kum Kum, el nombre de su mascota.

Juliet apretó los labios cuando estuvo frente a la puerta, aquello le recordaba a la guardería, los colores, las florcitas, los muñequitos, era el mayor terror para ella, sobre todo le recordaba a su infancia, su madre era una fanáticas de los volantitos y trajes con cientos de flores, miles, millones...Juliet se masajeó el puente de la nariz. Con cautela abrió la puerta, tenía miedo de que allí dentro hubiera más flores.

Era una alcoba pequeña, practica, las paredes eran blancas y estaban limpias. Había una cama, una mesa de estudio, una mesita de noche y un armario, por supuesto no tenía espacio suficiente para toda la ropa que ella llevaba pero se las arreglaría.

Arrastró la mesa hasta el centro de la habitación, se inclinó y prendió la luz de la mesa de noche, iluminando sus ojos de tono verde manzana. Se giró y le sonrió a Diana- ¿te gusta los animales?-su tono era dulce, demasiado.

En cierto modo podía decirse que Diana era inocente. Era de ese tipo de persona que quería enfrentar el mundo y darlo vuelta, pero a cada rato resultaba estafada y manipulada de las formas más tontas- ¡siiii! -la había seguido, curiosa por su elegancia y ese pelo rubio. De pronto se le ocurrió que parecía una modelo, con ojos claros y ropa fina. Estiró sin darse cuenta su camiseta ruinosa y se le rajó-. Aaahh...Azukaaaaa, perdoooón -gimoteó entre dientes, pensando que, aunque lo detestara, iba a ponerse a coser esa camiseta.

Juliet abrió un poco más los ojos al ver aquello, no podía creer que la camiseta se hubiera roto pero viendo su aspecto general, "no me extraña nada". Se pasó los dedos por los rubios cabellos, se aproximó un poco, justo la longitud que la separaba de su brazo extendido. Cogió entre sus suaves yemas uno de los rotos, aquello ya no merecía la pena ni conservarlo como trapo para limpiar las ventanas- deberías tirarla.

La mano de Diana se movió a velocidad y cogió la de la rubia. Sus mejillas se colorearon levemente porque le dio mucha indignación escuchar ese sacrilegio- ¿Cómo se te ocurre? Es del primer salón manga al que asistí en mi vida... -su tono salió algo desafinado y aunque parecía ser autoritario sonaba gracioso.

Juliet estuvo a punto de responder; "¿Cómo se te ocurre a ti ir con esos harapos?" pero se imaginaba que a las frikis y las otakus no podías darle ningún tipo de recomendación sobre estilo y moda.

Diana haló de su mano para mostrarle todo lo que se podía y no se podía hacer en la casa, cuando algo peludo asomó. La morena no se inmutó, porque pensó que era un peluche, bastante viejo por cierto.

-Esta es la cocina... puedes poner lo que compres para tu consumo, en este espacio, ¿ves? -le mostró entonces la cafetera- el tesoro nacional -aclaró, entre risitas que sólo ella comprendía. Abrió las alacenas- aquí van los platos y las latas y bueno... lo importante es, que lo único que no se puede tocar, es ésta taza -se la acercó a la cara a su compañera de piso- esta es mi súper taza y no se vale usarla, prestarla ni nada.

Cuando la taza rozó sus doradas pestañas, Juliet frunció un poco el ceño, decididamente no debió de arrancar aquel anuncio del tablón pero ahora era tarde para echarse atrás.

- Así que súper taza -intentó que no le saliera lo que su madre denominaba el tonito, era cuando Juliet intentaba ser agradable cuando algo le parecía ridículo o desagradable. Por supuesto no iba a beber con aquella taza medio torcida y con un dibujo que no se molestó en ver. Ya se compraría la suya propia, claro que sí.

La otra chica pegó un brinquito y miró la cafetera- hay café recién hecho-sonrisa. Un relámpago hizo temblar los cristales, una tormenta estaba al caer. A ella le fascinaban las tormentas-. El teléfono funciona con tarjeta, así que sólo te compras una y listo.

Cuando aquel rayo sonó, Lulú alzó la cabeza enseguida desde el hueco del brazo de su ama- ¡AUUUUUUUUU! -aulló al mejor estilo de un film de terror cuando todos los protagonistas están perdidos en el fondo de un bosque desconocido y a uno de ellos se le ocurre la gran idea; "¿Y si nos separamos para buscar ayuda?"

La morena alzó las cejas y hasta su piel se erizó por completo. No por el miedo, sino por el tono agudo del animal. Se reclinó para verlo mejor- un perrito...-intercaló su mirada oscura entre los ojos verdes de Juliet y las dos canicas negras de Lulú-Mm...espero que esté entrenada -se imaginaba que si. A los pijos no les gustaban los perros desobedientes.

-... mi súper taza...-la puso en la repisa y se dirigió al balcón. No iba a cocinar, de pronto sentía que había demasiada gente alrededor. Afuera el cielo estaba muy negro, cada tanto se observaban los relámpagos que no le causaban miedo. Encendió un cigarrillo y comenzó a fumarlo, olvidando sus planes "si no fuera por el alquiler...cielos..."-se quejó mentalmente.

Había ignorado el tonito de la chica, no le había pasado desapercibido. Su padre lo utilizaba cuando ella le mostraba sus dibujos, seguido de las sonrisas de botox de su madre. Nunca habían apoyado que quisiera dedicarse a "dibujar monigotes, comiquitas chinas", como le llamaba su hermano Gabriel. Si su propia familia creía que perdía su tiempo... ¿por qué esa extraña sería diferente?

Juliet acarició la cabeza de Lulú y la dejó en el suelo para que la perra comenzara a olisquear el piso que sería su nuevo hogar al menos por aquel mes. Sus verdes iris se posaron en la chica que fumaba en el exterior, observando su perfil a través de las puertas de cristal que reflejaban las luces del interior. Era curioso como Diana lograba alternar de un aire infantil a uno más maduro, a lo mejor dependía de cómo le diera la luz en el rostro.

Se despojó de su abrigo y percibió que su estómago gruñía ruidosamente, frunció un poco el ceño, tenía hambre, había sido un día intenso en emociones. Fue hasta la terraza, el aire ya estaba soplando frío, cargado de electricidad-. ¿Quieres que yo haga la cena? -le propuso, sus rubios cabellos se agitaron en torno a su rostro, sus pupilas relucieron en la penumbra.

Diana se giró, apoyando sus codos contra la baranda. Sus largos cabellos se movieron a su espalda como una capa renegrida. Lo primero que vio fue por donde se movía aquel minúsculo animal. Más le valía no orinarse por su piso de madera. Luego, echando humo con los labios torcidos para no molestar a su compañera, meditó lo de la comida. Después de todo, no le agradaba cocinar.

-Ya sabes donde están las cosas -le sonrió y se llevó el cilindro a los labios, dejando que colgara de ellos vagamente- si te animas y no le temes a esa tierra inexplorada...

Juliet asintió, se volteó y fue hasta la cocina con pasos decididos y elegantes. Entró y comenzó a abrir una a una las alacenas, si por ella fuera, haría una ensalada a base de tomate y lechuga pero lo cierto es que no sabía si su compañera hacía dieta como ella. Fue hasta la nevera, dentro había leche, huevos, yogurt, algunos embutidos y...

-¡Cerveza! -extrajo un botellín y lo abrió para comenzar a beberla a pico, distraídamente y al azar comenzó a sacar algunos ingredientes y depositarlos sobre la mesa con cierta indiferencia, bebió otro trago y se quedó mirando los alimentos como si fueran una especie desconocida de virus.

-Mmm...-apoyó el marcado trasero contra el poyo y continuó mirándolos, a continuación se irguió y extrajo su diminuto móvil rosado plateado de uno de los bolsillos de su pantalón. No necesitó marcar porque el número que iba a usar ya estaba en su agenda, apretó un botón y alzó el aparato para ponerlo contra su rostro, sonrió cuando escuchó que descolgaban- ¿Restaurante Samurai? Sí, quiero un menú para dos personas, a esta dirección...

Diana prendió un segundo cigarrillo, con la colilla del primero. Entró en la salita y volvió a mirar a Lulú. Le gustaban los animales, pero esa cosita le parecía algo ridícula, con esos pelos. "Mientras no se te ocurra comerte mis catálogos de Victoria´s Secret..."

Entones se acercó a la rubia, que, a pesar de hacerla sentir sofocada en tan solo un instante, ahora parecía hacerla sentir...menos sola. Había olvidado su cigarro y tiraba el humo descuidadamente. Debía aprender a vivir con otra persona.

Juliet se estaba terminando la cerveza cuando escuchó los pasos de Diana, se giró.

- Espero que te guste la comida china -se irguió y se peinó un poco los rubios cabellos- ¿Nos hemos visto antes? -en cierta forma extraña su cara le resultaba familiar- ¿estudias en la universidad? -sólo terminar la frase cuando se escuchó el rugido de un trueno y después la lluvia que comenzó a caer con fuerza.

La morena puso su propia mano estilo cenicero-Estudio Bellas Artes... -se ahorró explicar que quería estudiar en Japón, el arte del manga. Probablemente terminaría dando clases en una escuelucha cualquiera, o trabajando de mesera como predijo su madre- comida china está bien... me gusta.

Miró de reojo la alacena con la puerta abierta. A veces, cuando llovía muy fuerte se iba la luz. Corroboró que había velas.

-Genial -Juliet se ahorró explicar que si sabía cocinar pero con "sus" ingredientes y cuando pudiera iría al supermercado para hacer una buena compra. No podía estar pidiendo todos los días comida de restaurante y por lo que había observado, Diana no era cocinera de platos demasiado preparados como todo estudiante que se preciara. Pero a ella le gustaba cocinar y no le importaba perder una o dos horas para hacer una receta que pudiera causarle un orgasmo: "A falta de sexo".

Abrió dos botellas más de cerveza- mañana compro algunas -no quería que la morena pensara que era una gorrona. De nuevo se escuchó otro trueno y Juliet se movió un poco inquieta sobre sus pies, las tormentas no le entusiasmaban precisamente.

Pasaron unos veinte minutos cuando escuchó que sonaba el interfono que estaba justo al lado de la puerta de la entrada del piso, suponía que era el repartidor de la comida. Dejó la botella a un lado y avanzó pero justo en ese momento se fue la luz. Ella ya llevaba la inercia de los pasos y aún no había memorizado la disposición de los muebles.

-¡Mierdaaa! -se escuchó un estrépito en el salón cuando tropezó con uno de los sillones y se fue de bruces al suelo, se quedó unos segundos en la humillante postura, maldiciendo en voz bajita. Se levantó como pudo, jadeando y fue de nuevo a la cocina, palpando con las manos por delante porque no veía nada en absoluto- ¿Diana?

-¿Mh?-sólo se veía la brasa del cigarrillo y un leve rastro de la forma de su faz cuando inhalaba. Estaba tranquila, la conexión de la luz de ese edificio parecía hecha en 1800.

Juliet frunció el ceño- ¿tienes linternas? -se puso las manos en las caderas, inspiró y fue hasta el lado de ella, o por lo menos hasta donde estaba su costado. Se inclinó un poco, siguiendo el aroma de los cabellos de la morena- ¿te gusta la oscuridad?-susurró suavemente.

Un escalofrío recorrió la línea de la columna vertebral de Diana. Era ese tono y ese acento malicioso. Frunció el ceño, aquella rubia estaba invadiendo su espacio personal-los mejores crímenes se cometen en la oscuridad-contestó, aparentando que no le afectaba esa cercanía -no tengo linternas... ¿necesitas un guía para llegar a la puerta?

Los ojos verdes hubieran relucido si sobre ellos se hubiera reflejado un destello por leve que fuera. Juliet sonrió, divertida, después de todo Diana estaba demostrando que era mucho más de que lo que aparentaba a primera vista y además era de ese tipo de personas que no se dejaba intimidar por la presencia de Juliet que siempre parecía apabullar ligeramente.

- Pues claro -una de sus manos se movió en la oscuridad y sin equivocarse la puso en la cintura de Diana sin apretar, solo rozando- acabo de llegar, no tengo un mapa en la cabeza. Tú eres mi guía -entonó con dulzura.

-¿Eh? -jadeó. Sus mejillas se calentaron y el cigarrillo casi se le cae al suelo. No le gustaba que la tocara. Ella era de esas personas a las que les gustaba bastante manosear, pero no permitía que nadie lo hiciese con su persona. Dio una última calada cuando el timbre sonó otra vez. Tiró el cigarrillo al fregadero con envidiable puntería, éste se apagó casi enseguida.

-Agarrate -dijo, como restándole importancia- y presta atención -advirtió con un tono un poco severo, pero que no era agresivo. Esperaba no pisar a Lulú, porque escuchaba sus garritas  ansiosas cerca de sus pies-. Aquí hay una mesita...-agradeció que no hubiera luz, podía imaginar que era otra persona la que la tocaba. Llegaron a la puerta y la abrió.

Justo en el umbral se erguía un chico chino que estaba mojado de pies a cabeza, los cabellos le chorreaban en torno al rostro. Miró como la puerta de abrió, justo delante de él sólo había oscuridad, abrió la boca, un poco nervioso-. Hola...-escuchaba dos respiraciones y...un gruñido bajo.

De pronto un relámpago iluminó todo el salón, el chino pudo ver justo frente a él dos rostros, uno enmarcado en una larga melena negra y otro de ojos verdes, que abría la boca en especie de sonrisa infernal, las dos con caras de locas- ¡AHHHH!

-¡Comida! -Juliet extendió las manos justo cuando el repartidor soltaba las bolsas por el susto y detrás de las dos chicas se escuchó unos pasitos que se aceleraban velozmente- GRRRRRRRR.

-¿No ibas a cocinar? -le reprochó ignorando al pequeño animal- agarra a tu perra...-le habló mientras el muchacho daba un par de pasos hacia atrás.

Juliet se agachó justo cuando aquella bala peluda pasó sobre sus pies, la alzó y la abrazó con cuidado- ¿no irás a rechazar un delicioso arroz tres delicias, verdad? -se puso a su lado en el umbral de la puerta- hoy estaba cansada -comenzó a sacar el monedero de su bolsillo- mañana probarás la delicia de mi cocina -parecía que Diana era fan de la comida casera por el tono en que lo dijo.

-No, yo como de todo...-se cruzó de brazos, esperando a que pagara y sin mayor ceremonia cerró la puerta y avanzó en medio de la oscuridad como si nada- ah, cierto...-regresó y le agarró de la cinturilla de los pantalones con total seguridad, haló de ella- por aquí... -le llevó hacia la mesita- comamos aquí.

-¿Dónde? -Juliet se hizo la loca, sonriendo como una tonta en mitad de la oscuridad.

-¡Aquiii! -protestó con voz inusualmente mimosa, se sentó sobre unos almohadones y habló de la prenda. Los pantalones resbalaron hasta las pantorrillas de la rubia-. Ups... ¡perdón! -y trató de subírselos torpemente.

Juliet abrió mucho los ojos cuando sintió que el aire acariciaba sus nalgas desnudas, puesto que llevaba un tanga rosa con algunos encajes, se quedó paralizada al sentir las manos de morena ascendiendo por sus muslos, tratando de ponerle de nuevo los pantalones. No supo si reír o amonestarla por su tremenda torpeza.

-Ten cuidado, soy sensible en esa "zona"-una risa cristalina flotó en el aire, se alegraba que estuvieran a oscuras porque sus mejillas estaban cambiando de color, a un rosa suave al igual que sus labios. Se inclinó para asir las muñecas de Diana porque no creía que lograba alzarlos bien- no me desnudes tan pronto -bromeó.

La otra chica se quedó mirando la oscuridad. ¿Acaso se daba cuenta de lo que estaba diciendo? Todos sus detectores de frases con segundas intenciones se encendieron. Esa tipa era una coqueta y a ella le caían terriblemente mal ese tipo de personas-. ¿Tan pronto? -sonrió, aunque la rubia no la viera-¿Me perdí de algo?-alzó una ceja y terminó se subirle los pantalones de todas maneras, aunque le apretujara el culo entre sus manos.

No la iba a perturbar esa actitud de diva- ¿Te puedo desnudar después?-atacó.

Juliet se quedó pasmada al sentir que se los subía igualmente, rozando aquellos glúteos redondos y firmes, desafiándola. "Cabezota", ya veía que Diana era de ese tipo de chicas que antes se mordía los labios que dejar su brazo a torcer nunca, por puro orgullo y terquedad.

Se sentó en el cojín, cruzando las piernas y comenzó a abrir las bolsas y sacar la comida, un sabroso olor se esparció por el salón, era agradable disfrutar de una comida caliente cuando estaba lloviendo fuera- sí y dejaré que me pongas mi pijama de ositos rosas.

-Aahh...já, já -Diana acentuó bien cada risa forzada. Otro relámpago hizo temblar los ventanales y dejó que pudiera ver un instante ese rostro descarado. Probablemente estaba acostumbrada a tener un séquito de tipos detrás. Pero que tuviera ciertas inclinaciones, no la convertían en una lujuriosa. Juliet no le gustaba, era todo lo opuesto a lo que ella anhelaba.

Se puso de pie- voy a traer velas...no te vaya a caer una cucaracha en la comida -bromeó, ella era muy quisquillosa con esas cosas. Se dirigió a pasos muy seguros a la cocinita.

Juliet asintió, comenzó a abrir cada uno de los recipientes hasta que sintió las patas de Lulú sobre uno de sus muslos- ya, ya... -le acarició la cabeza a su perra y sus ojos se posaron en la lluvia que caía fuera de los ventanales. Se preguntaba que curiosa fuerza le había impulsado a tomar el anuncio de Diana de todos los que estaban pinchados en el tablón.

Al rato apareció la susodicha con una vela en un platillo y un par de cervezas. Esperaba que la rubia cumpliera su palabra y comprara la que no le invitó. Acomodó todo en la mesita con gran habilidad, como si estuviera muy acostumbrada a ello.

-Provecho... -dijo, mientras comenzaba a comer sin ninguna clase de ceremonia ni charla de por medio. Observaba a su comensal fijamente mientras masticaba, alternando de nuevo entre esos ojos verdes y las pelotitas negras del animal. Si había algo que odiaba, era que los perros comieran en la mesa, velaran o lametearan la boca de sus dueños mientras comían. Le parecía repulsivo.

Juliet comía con calma sin prisas, a su lado estaba echada Lulú que de vez en cuando agitaba las orejas, esperando que más tarde le tocara su ración, su ama siempre le guardaba algunas sobras de su comida, aquella perra no era caprichosa con la comida. Sus ojos verdes se posaron en los de Diana, observándola, no le molestaba que la mirara, ya estaba acostumbrada a eso.

Continuó comiendo, cogió uno de los recipientes vacíos para ir dejando algunas cositas- si comes algo que no te gusta, Lulú se lo come -se detuvo unos segundos para beber su cerveza y sus ojos comenzaron a cerrarse de vez en cuando, reluciendo con satisfacción porque su estómago se estaba llenando, cabeceó un poco hacia delante.

La otra siguió observándola sin decir nada, sólo comiendo y vigilando que la perrita no metiera el hocico en el plato- chiu...chiuuu -llamó al can- bicho...-le puso unos pedacitos de carne ya que su dueña parecía estarse desmayando.

Lulú alzó las orejas, se irguió y dio uno saltitos de ansiedad porque hasta ella llegaba el olor a carne. Se aproximó recelosa, retrocedió de nuevo y avanzó para coger uno de los pedacitos, moviendo la colita y despegar sus brillantes ojos del rostro de Diana.

-Puedes acariciarla -murmuró adormilada Juliet, su rostro reposaba contra el dorso de una de sus manos- solo muerde a los hombres -le informó con un leve bostezo.

-Una perrita inteligente -se le escapó con una sonrisa y le acarició el esponjoso pelo-come... -ya le parecía más linda porque se dejaba tocar y movía la cola-. Así te va a espantar los novios... "qué bueno", finalizó en su mente.

Juliet sonrió y comenzó a ponerse en pie y recoger lo que había tirado- Lulú es celosa -miró como la perrita ya se atrevía poner una pata sobre el muslo de Diana para pedir más bocados- si cree que eres suya morderá a todos los chicos que te ronden...-comenzó a caminar hacia la cocina, de nuevo se escuchó un breve ruido- mierdaaa- Juliet tropezó con una silla.

La morena sonrió con resignación- y eso que hay una vela -le dio más comida a la perrita y se tiró en el suelo cuan larga era- se jodió mi cita...-murmuró lo que acababa de recordar, sin luz...su mundo se reducía a mirar el cielo o leer a la luz de las velas. Se acarició la barriga- y yo que no quería pasar la noche...-abrió los ojos y se sentó de pronto, miró hacia la puerta de su cuarto. Recordó los extraños caramelos. Miró hacia la cocina, luego a Lulú, luego a su puerta- ¿Será posible?

Lulú casi pareció entenderla porque movió la colita y sacó la lengua, dio varias vueltas sobre su propio eje y de nuevo le colocó una pata en el muslo a Diana, mirándola con ojitos de cachorro para que le diera otro pedazo de carne agridulce.

La rubia se frotó la rodilla, de nuevo se había dado un golpe, no es que quisiera admitirlo pero era de ese tipo de persona que era simplemente torpe, siempre se las arreglaba para tropezar con cualquier cosa susceptible de romperse con facilidad o con los muebles que estaban en la esquina más apartada.

Quizás también debiera admitir que era el momento de revisarse la vista porque forzaba los ojos por las noches cuando apurada debía a terminar algún proyecto, pero no quería llevar gafas.

Diana se levantó y se encaminó a su cuarto-Ah... ¿dónde los metí? -rebuscó a ciegas-dónde...grrrr... -protestó. Encontró la mochila y sacó la bolsita dorada. Por supuesto que no podía ver los caramelos, ni adivinar su color al sacar alguno-¿Será que me hiciste caso? -le habló al paquete. Si no recordaba mal, había dicho algo así como...que no quería estar sola...no recordaba bien- pero no estoy sola...-protestó con un tono de reproche. Ni muerta iba a admitir que en realidad sí se sentía sola a veces.

Juliet colocó las sobras en la nevera y se lavó las manos, lo cierto es que ya estaba muerta de sueño. Con cuidado salió de la cocina, tratando de no llevarse nada por delante, no necesitaba gafas, de eso estaba segura, podía sobrevivir así. Escuchó que Diana abría la puerta de su dormitorio- Diana...-se encaminó a su habitación para pedirle unas sábanas para su cama.

La otra chica apretó los caramelos contra su pecho. Una fuerza maligna estaba invadiendo su santuario- ¿Siii?-su tono fue algo tímido. Esperaba que no la hubiera escuchado hablando con los caramelos. Diana tenía una especial fascinación por hablarle a los objetos inanimados. Había desarrollado aquella manía, simplemente, porque no tenía con quién más hacerlo. Quizás temía olvidar el tono de su propia voz.

Juliet arqueó las cejas ante aquella voz que parecía de niña desvalida- ¿Me puedes prestar unas sábanas? -sus ojos verdes repasaron la puerta cerrada, inconscientemente giró un poco el picaporte.

Diana frunció el ceño. Esa era una pija pobre...-¿No tienes sábanas?-dedujo que debió vivir en hotel. No se dio cuenta de su tonta pregunta. Si tuviera sábanas, no necesitaría pedir. No le daba ganas de prestarle, pero tampoco quería escucharla gimoteando afuera.

Se puso de pie- déjame ver si tengo limpias...-puso mala cara porque nada veía. Manoteó cualquier cosa de su clóset. Más le valía no reírse de sus sábanas de huellitas de perro.

Juliet esperó al lado de la puerta, halando un poco más del picaporte- si tuviera no te pediría -se mordió los labios un poco, ¿es que los estudiantes se llevaban sus sábanas de un lado a otro?, se irguió, estaba tardando demasiado y había notado el tono despectivo- no te molestes, ya me arreglo -se imaginaba que no tenía ganas de prestarle nada. Se giró y silbó un poco para llamar a Lulú para que viniera con ella.

La morena abrió la puerta, pero no insistió. No tenía por qué rogarle que usara su sábana. Se asomó, nadie se moría por dormir sin una.

Juliet se desnudó en su habitación y se puso una camiseta vieja junto con una de sus braguitas, miró el colchón desnudo y suspiró, la primera noche sin sábanas y sin cobertores, no sería precisamente una noche de ensueño.

Abrió su maleta, cogió varios abrigos y cubrió con ellos el colchón, se colocó unos gruesos calcetines rosas y se metió entre sus prendas cubriéndose como mejor pudo. Lulú saltó a la cama y se acurrucó a los pies, bostezando. Juliet cerró los verdes ojos, tratando de recordar el sabor que le inundó la lengua cuando estrechó la mano de Diana, era uva, estaba segura, uva.




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8 comentarios:

  1. wao.. jeje caramelos magicos... donde puedo tener la muestra gratis? me encanta tu historia, espero poder leerte pronto..

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  2. Jaja eso sólo sucede en las películas y fanfictions. Pronto actualizaré la historia (no es mía) de esta gran escritora :). Gracias por pasarte a leer.

    Saludos.

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  3. ES LA SEGUNDA HISTORIA QUE LEO DE TI PERO ESTA SE LLEVA LAS PALMAS ES ALUCINANTE NO HE PARADO DE REIR DESDE QUE EMPECE A LEERLO
    UNA PREGUNTA QUIEN PUSO ESOS NOMBRES A ESAS MASCOTA KUNKUN, LA PARTE QUE MAS HILARANTE ES DONDE LE BAJA LOS PANTALONES Y EN SU DESESPERACION SE LO INTENTA SUBIR
    ESPERO QUE SIGAS CON ESTA HISTORIA FELICITACIONES

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  4. @ARIZA1976

    Hola, tengo que aclarar de nuevo que la historia no es mía, es de Tensai_Sama, una chica que me permitió colgar su historia en este blog. Es grandiosa, es por eso que me permití todo el circo, maroma y teatro para conseguir el permiso y poder publicarla aquí. Que la disfrutes.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. woo estaré esperando el siguiente capitulo, habrá con sabor a moka?, me moriría por uno de ellos...

    ResponderEliminar
  6. @Anonymous ¡Ya pronto subiré el siguiente capítulo! Gracias por comentar, Anonymous.

    Cariños~

    Pd: no recuerdo qué sabores se mencionan en la historia, pero creo que no había moka (¿?) :P.

    ResponderEliminar
  7. mm que mal, igual esta muy padre la historia :)

    ResponderEliminar
  8. SE BUSCA COMPAÑERA DE PISO. SIN NOVIO, QUE LE GUSTE EL CAFÉ, QUE PAGUE CONEXIÓN A INTERNET Y SEA TRANQUILA. PD: NADA DE CHICOS, NO MOLESTEN" ... Jjajajajaja creo q si alguna vez me toca compartir mi apartamento, creo q pondre un anuncio como ese jajaja ^^

    Interesantes caramelos, ojalaa existieran, lastima q solo sean en nuestras imaginaciones y principalmente en la d la autora Tensai_sama

    pobre Juliet le toco dormir d esa forma :( <


    Muy bueno capi =D seguire leyendo....

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8 comentarios:

  1. wao.. jeje caramelos magicos... donde puedo tener la muestra gratis? me encanta tu historia, espero poder leerte pronto..

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  2. Jaja eso sólo sucede en las películas y fanfictions. Pronto actualizaré la historia (no es mía) de esta gran escritora :). Gracias por pasarte a leer.

    Saludos.

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  3. ES LA SEGUNDA HISTORIA QUE LEO DE TI PERO ESTA SE LLEVA LAS PALMAS ES ALUCINANTE NO HE PARADO DE REIR DESDE QUE EMPECE A LEERLO
    UNA PREGUNTA QUIEN PUSO ESOS NOMBRES A ESAS MASCOTA KUNKUN, LA PARTE QUE MAS HILARANTE ES DONDE LE BAJA LOS PANTALONES Y EN SU DESESPERACION SE LO INTENTA SUBIR
    ESPERO QUE SIGAS CON ESTA HISTORIA FELICITACIONES

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  4. @ARIZA1976

    Hola, tengo que aclarar de nuevo que la historia no es mía, es de Tensai_Sama, una chica que me permitió colgar su historia en este blog. Es grandiosa, es por eso que me permití todo el circo, maroma y teatro para conseguir el permiso y poder publicarla aquí. Que la disfrutes.

    Un saludo.

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  5. woo estaré esperando el siguiente capitulo, habrá con sabor a moka?, me moriría por uno de ellos...

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  6. @Anonymous ¡Ya pronto subiré el siguiente capítulo! Gracias por comentar, Anonymous.

    Cariños~

    Pd: no recuerdo qué sabores se mencionan en la historia, pero creo que no había moka (¿?) :P.

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  7. mm que mal, igual esta muy padre la historia :)

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  8. SE BUSCA COMPAÑERA DE PISO. SIN NOVIO, QUE LE GUSTE EL CAFÉ, QUE PAGUE CONEXIÓN A INTERNET Y SEA TRANQUILA. PD: NADA DE CHICOS, NO MOLESTEN" ... Jjajajajaja creo q si alguna vez me toca compartir mi apartamento, creo q pondre un anuncio como ese jajaja ^^

    Interesantes caramelos, ojalaa existieran, lastima q solo sean en nuestras imaginaciones y principalmente en la d la autora Tensai_sama

    pobre Juliet le toco dormir d esa forma :( <


    Muy bueno capi =D seguire leyendo....

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  1. wao.. jeje caramelos magicos... donde puedo tener la muestra gratis? me encanta tu historia, espero poder leerte pronto..

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  2. Jaja eso sólo sucede en las películas y fanfictions. Pronto actualizaré la historia (no es mía) de esta gran escritora :). Gracias por pasarte a leer.

    Saludos.

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  3. ES LA SEGUNDA HISTORIA QUE LEO DE TI PERO ESTA SE LLEVA LAS PALMAS ES ALUCINANTE NO HE PARADO DE REIR DESDE QUE EMPECE A LEERLO
    UNA PREGUNTA QUIEN PUSO ESOS NOMBRES A ESAS MASCOTA KUNKUN, LA PARTE QUE MAS HILARANTE ES DONDE LE BAJA LOS PANTALONES Y EN SU DESESPERACION SE LO INTENTA SUBIR
    ESPERO QUE SIGAS CON ESTA HISTORIA FELICITACIONES

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  4. @ARIZA1976

    Hola, tengo que aclarar de nuevo que la historia no es mía, es de Tensai_Sama, una chica que me permitió colgar su historia en este blog. Es grandiosa, es por eso que me permití todo el circo, maroma y teatro para conseguir el permiso y poder publicarla aquí. Que la disfrutes.

    Un saludo.

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  5. woo estaré esperando el siguiente capitulo, habrá con sabor a moka?, me moriría por uno de ellos...

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  6. @Anonymous ¡Ya pronto subiré el siguiente capítulo! Gracias por comentar, Anonymous.

    Cariños~

    Pd: no recuerdo qué sabores se mencionan en la historia, pero creo que no había moka (¿?) :P.

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  7. mm que mal, igual esta muy padre la historia :)

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  8. SE BUSCA COMPAÑERA DE PISO. SIN NOVIO, QUE LE GUSTE EL CAFÉ, QUE PAGUE CONEXIÓN A INTERNET Y SEA TRANQUILA. PD: NADA DE CHICOS, NO MOLESTEN" ... Jjajajajaja creo q si alguna vez me toca compartir mi apartamento, creo q pondre un anuncio como ese jajaja ^^

    Interesantes caramelos, ojalaa existieran, lastima q solo sean en nuestras imaginaciones y principalmente en la d la autora Tensai_sama

    pobre Juliet le toco dormir d esa forma :( <


    Muy bueno capi =D seguire leyendo....

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