11 de junio de 2013

Cupid candy sugar free (1)


Aclaraciones: esta historia fue escrita por Tensai Sama, una chica que nos permitió amablemente publicar su obra en este sitio. Disfrútenla.


Capítulo 1
No engordan


Si había algo que le gustaba a Diana, era navegar en Internet. Allí leía las noticias, escuchaba música de alguna emisora interesante, si le daban ganas de jugar, tenía de donde escoger. También pagaba sus cuentas, miraba las notas de la universidad, escribía en su blog y compraba alguna oferta en Ebay.

Sus salidas eran esporádicas porque estaba en pleno invierno y siempre se lo pensaba dos veces antes de dejar que las miles de agujas invisibles del gélido viento se le clavaran en la piel y se colaran bajo sus huesos. Frotó sus manos para generar calor mientras contestaba el Messenger. Su hermano Gabriel le estaba comentando algo novedoso.


Se trataba de un método especial para tacaños; solo había que buscar en Internet las páginas web de las empresas importantes en todos sus rubros y solicitarles muestras gratis de todos los productos que se le antojara. Así conseguía champú, algún que otro perfumito e incluso el catálogo de Victoria´s Secret. Ella se rió de forma poco femenina, pero realmente no le importaba aparentar fineza. Su única compañía era un hámster y casualmente, ahora estaba hibernando.

-Voy a probar…suena interesante-escribió y se despidió, dándole las buenas noches y poniéndole muchos muñequitos que mas bien eran unos gatitos de grandes ojos que movían sus manitas saludando.

Se puso “invisible”, para poder hablar sólo con quien realmente le interesara y se animó a buscar en Google, eso de las muestras para ver si le funcionaba. Desde que se había mudado a Canadá, se la pasaba de la universidad a su casa y de su casa de nuevo a la universidad. La habían mandado a estudiar y a afianzar el francés de paso. Además que su madre siempre le decía “nadie es profeta en su tierra” y realmente empezaba a creerlo, porque su hermano había conseguido un mejor empleo con sólo haber puesto de referencia, una maestría hecha en Taiwán.

Se registró en una página que era exclusivamente para anuncios de muestras gratis y después de llenar el larguísimo formulario de rigor, lo envió a uno de sus cinco correos. Cada uno de ellos cumplía una función diferente. Uno era para sus familiares y amigos antiguos, aquellos que la conocían personalmente. Dejaba que le mandaran cientos de cadenas que la amenazaban de muerte o la condenaban a mil años sin sexo por no reenviarla a quince de sus mejores amigos en las próximas tres horas.

El otro, era para registrarse en los numerosos foros a los cuales pertenecía, con sus múltiples nicks y contraseñas para no confundirse. El tercero era para contactos de Messenger y chat, donde, con un alias provocativo, se daba el gusto de re inventarse, desinhibirse y coquetear como no lo haría jamás en persona sin morir con la cara roja de vergüenza.

Y no era que fuera fea, simplemente, estaba convencida que tenía un “ojo dietético”. Si, aquel ojo de sólo veía las partes feas de su cuerpo. Que si tenía las caderas demasiado anchas, que si sus piernas eran como las de Maradona o Ronaldinho…. Que si su pelo se engrifaba con ese clima de mierda o su nariz tenía una pelota en la punta.
Los otros correos cumplían funciones varias, pero ni los visitaba mucho, lo cual lograba que a veces metiera veinte veces su contraseña y a veces se iba a dormir sin recordarla realmente.

Una vez que abrió la confirmación de su cuenta, estaba autorizada a pedir de todo lo que le viniera en gana- Victoria´s Secret…Victoria´s Secret…-rebuscaba entre las subpáginas. No era que fuera a comprar una de aquellas carísimas combinaciones de corpiños de seda hindú con una tanga “matemática”, es decir, el precio era inversamente proporcional a la cantidad de tela que la conformaba. Menos tela= más billetes.

Lo que en realidad quería Diana, era mirar a las modelos. Podía jurar que Stephanie Seymur era un verdadero ángel en ropa interior transparente. De hecho era aquella hermosa hembra de la especie humana, la que le había quitado el miedo a la muerte…con tanto angelito en tanga ¿quién podría tenerlo?

Pero entonces algo se le apreció, ocupando toda la pantalla. Un anuncio de un caramelo nuevo….Cupid Candy.

Diana torció el cuello en un gesto reprobatorio-los caramelos engordan-gruñó en bajito y cambió de enlace para ir a los catálogos de Vistoria´s Secret- a ver a ver…-murmuró casi con voz macabra y algo graciosa que le arrancó una risa, doblemente tonta. Dio clic y en vez de abrirse la ventana de la costosa lencería, se abrió el mismo anuncio de caramelos. Bueno, no era el mismo anuncio…

Esta vez, aparecía un paquete dorado, lleno de caramelitos de colores y las letras con brillantinas que mostraban “Cupid Candy Sugar Free”

-Sugar Free…-murmuró-bueno…si no engorda…-apretó los labios formando una trompita de auto compasión. El puntero del Mouse fue directo a la solicitud de “muestra gratis”.

Indiferente, y olvidándose de los dulces que, de seguro ni le llegaban a su buzón, siguió buscando sus catálogos y alguna que otra muestra de café, crema antiarrugas, enjuague bucal con gusto a chicle.

***

Juliet se detuvo en mitad de la ancha acera, interrumpiendo el tráfico de peatones pero sin importarle demasiado. Alzó las arqueadas cejas sobre los almendrados y verdes ojos, frunció su boca de tonalidad coral, nada como un buen pintalabios para sacarle partido a su boca generosa, y alzó una pierna. Bajó la mano y se palpó lo dedos de los pies, estos asomaban de su sandalias de tono salmón que no eran las más adecuadas para caminar por las calles heladas. Definitivamente, los tacones no estaban hechos para Canadá, bueno en realidad lo que creía con firmeza era que Canadá no estaba hecha para ella.

Era curioso que hablando francés, los canadienses estaban a años luz de los sofisticados parisinos. Realmente desde que llegó se había sentido como si hubiera alunizado en otro planeta, lleno de seres que parecían humanos pero que no lo eran del todo, es decir, andaban erguidos pero aparte de eso, carecían de elegancia, sutileza, belleza y podía citar un largo etcétera sin perder el aliento.

Se apoyó en una pared, llevaba unos ajustados vaqueros que se ceñían a sus caderas, estos se fijaban a sus largas piernas hasta formar una campana sobre el pie que estaba calzado por aquellos zapatos que compró en verano, antes de que sus padres pensaran que madurar era enviarla a años luz de su hogar para conocer a la troglodita de su tía Emma.

Una de las tiras se había roto, colgaba a un lado y su punta se estaba ensuciando con los adoquines de la calle, tembló un poco, se abrigaba con una chaqueta larga que iba justo encima de una camisa blanca de inspiración en lencería, no era la mejor combinación cuando la temperatura estaba descendiendo hasta cero.

 Hoy no llevaba sujetador y sus pechos se mecieron evidentemente  bajo la tela brillante, suave, revelando el contorno de sus senos descaradamente. Aquella curva no fue perdida de vista por un hombre al ver aquella alta chica de cabellos rubios que estaban cortados en un peinado sofisticado, inclinada precariamente sobre su zapato.

Era un hombre maduro, que se acercó mientras escondía su anillo de casado en uno de los bolsillos de su chaqueta. Se ajustó la corbata, sonriendo y se acercó, se inclinó a su altura.- ¿Necesita ayuda seño…?.-antes de que pudiera terminar, sus ojos se desorbitaron cuando unos colmillos asomaron sobre la manga rosa de Juliet y se lanzaron contra su rostro.

 -¡GUAU, GUAU, GUAAUUUUUUU!- una caniche blanca como la nieve, pequeña y de ojos fieros estaba ladrando desde el hueco del brazo de la joven, quería saltar para ir a morder al extraño. Sus gruñidos y chillones ladridos se escuchaba por toda la calle, varias personas se detuvieron para ver la escena de aquel ridículo perro ladrando al hombre que retrocedió dando unos saltitos nerviosos- ¡GUAUUUUUUUUU! 

- ¡Quieta Lulú, quieta!- Juliet la sostuvo contra su pecho, besando la peludita cabeza que estaba adornada por un lacito rojo- ¡no Lulú, no! -se irguió y le dirigió una deslumbrante sonrisa al hombre, disculpándose y burlándose a un tiempo. Se irguió y haló del baúl, ese era uno de los inconvenientes de tener a su niña, su tía no soportó tenerla con ella cuando Lulú le mordió un tobillo y se comió varias de sus bragas fajas. 

Ni cuenta se había dado Diana, cuando el amanecer llegó. Varias veces se había planteado, que debía normalizar sus horarios de sueño y vigilia, no era muy conveniente dormirse en las clases de literatura cuando el profesor Donovan comenzaba a recitar con voz de héroe de telenovelas. Se ofendía mucho si no le prestaban atención, y ponía más hojas de tarea.

Se lo pensó dos veces antes de desnudarse para meterse a la ducha, pero cogió coraje cuando puso la cafetera para que la esperara ese cálido líquido negro luego del baño- ¡¡¡Banzaaaaiii!!!- gritó como si tuviera que actuar para alguien, o quizás esperaba una risa del hámster al mostrar los cachetitos de su trasero al aire. Entró en la ducha y se escuchó un alarido airado bajo la lluvia. Le habían cortado el agua caliente.

Juliet se estiró en la cama del hotel donde había pasado la noche, parpadeó, aquel había sido uno de los pocos sitios donde le permitieron un animal. Ladeó el rostro y observó que Lulú estaba echada sobre uno de los mullidos cojines, ovillada hasta parecer una pequeña pelotita con lacito rojo, sus costados se hinchaban levemente bajo su tenue respiración.

Volvió a bostezar y se fue sentando poco a poco. Se pasó una mano por los rubios cabellos que ahora asemejaban un diente de león porque por las mañanas y por arte magia lograban ponerse en punta. Daba igual que se pusiera cientos de productos caros de peluquería para domesticarlos, siempre ocurría lo mismo, era una especie de norma divina o de fenómeno natural que nunca dejaba de repetirse para su disgusto.

Se giró y sacó una las largas piernas de entre los cobertores, movió los deditos de los pies que tenían pintadas de un rojo oscuro, con cuidado, cautelosamente, los fue bajando para comprobar la temperatura del suelo.

- Mmmmm...-palpó un poco y retiró el pie de inmediato- hace frío -se volvió a meter debajo de las mantas perezosamente y trató de quedarse dormida de nuevo, pero tenía clases en la universidad y no podía dejar de asistir. Si lo hacia y sus padres se enteraban, le echarían de nuevo el famoso sermón de que era una especie de niña mimada y no era capaz de desenvolverse sola- mmmmmmm.

Una mata de pelos rubios volvió a asomar y miró en torno suyo, al no recordar donde dejó sus zapatos, otra cosa que siempre le pasaba, decidió que las sábanas bien podían funcionar como una alfombra. Las cogió entre sus dedos, las lanzó al suelo y se puso en pie sobre ellas, le encantaba dormir desnuda pero allí la calefacción no era demasiado buena e hizo una pequeña concesión, durmió con unas braguitas de encaje.

Ahora estaba el problema de llegar hasta el baño para su aseo diario, Juliet era de ese tipo de personas que solo empleaba diez minutos para el desayuno pero una hora para prepararse para salir, esos sesenta minutos incluían; ducharse, peinarse, cambiar el conjunto de ropa que eligió la noche anterior, maquillarse y ponerse unas gotas de perfume en la muñeca y en el cuello.

Fue arrastrando con los pies las sabanas por el suelo, Lulú alzó la cabeza para ver como su ama, iba llevando tras ella todo aquel lienzo, parecía que llevaba unas grandes pantuflas blancas y Lulú adoraba morder eso. Como un rayo saltó de la cama y agarró una de las puntas con los pequeños pero afilados caninos- guauffff...grrrrrrrr...-Juliet no le hizo caso, halando de la perrita que se tiró al suelo haciendo de mopa- guauuuff.

Una taza de proporciones grotescas quedó en el fregadero. Era la favorita de Diana. La había hecho especialmente para su café matutino en su clase de escultura. Era blanca y tenía pintado un corazón y sobre éste, una señal de no permitido. El mensaje era claro:
 “prohibido amar”.

Corriendo y patinando sobre la escarcha, logró alcanzar el autobús que la llevaría a la universidad. Sólo había puesto un labial rosa oscuro sobre sus generosos labios que sonreían sin razón aparente y de pronto quedaban fruncidos el resto del día. Se acomodó los lentes sobre el puente de la pequeña nariz y apoyó su cabeza, donde no se veían los cabellos por un gorro con orejeras que llevaba, sobre el cristal. Cerró los ojos de inmediato para recuperar tiempo de sueño. No tardó ni diez minutos en dormirse.

Se despertó de golpe cuando estaba  llegando al campus. Sonrió con alivio, ya que la última vez que se durmió en el bus, al despertar, estaba en la terminal, donde todos los autobuses se dejaban reposando hasta el día siguiente. Nadie había notado que ella estaba allí. Increíblemente no se sorprendió, estaba acostumbrada a su poder de “invisibilidad”, incluso le agradaba y hasta se divertía cuando nadie lograba recordar su nombre, ni siquiera ese chico que se había sentado a su lado todo el año pasado y este año, siguiendo con su rutina, seguía allí como parte del paisaje.

Otro autobús se detuvo en  la parada del campus cuyos alrededores ya estaban animados, estudiantes que se dirigían a las clases o la enorme biblioteca central que abría sus puertas desde muy temprano hasta las doce de la noche. Árboles plantados estratégicamente entre los edificios de las distintas facultades daban cobijo a bancos y mesas que los estudiantes usaban para almorzar, reunirse en animados grupos o estudiar a solas.
Juliet no iba en autobús pero tuvo que esperar a que el que iba delante de su taxi se detuviera, había dejado a Lulú en la habitación del hotel, ya regresaría a por ella durante la tarde y trataría de encontrar un nuevo lugar donde cobijarse, no entendía por qué las personas no podían armar una animalito cariñoso como Lulú.

Iba vestida de blanco, destacando poderosamente entre los colores oscuros que solían lucir los demás estudiantes. Pantalones y abrigo, bufanda y botas, todo de un tono marfil que destacaba sus ojos verdes. Cargaba una amplia maleta, en ella estaba los primeros bocetos de un diseño de interiores, estudiaba diseño industrial pero aunque poseía talento para ello, a veces era demasiado vaga para hacer un esfuerzo.

Comenzó a caminar con garbo, meneando las caderas, aquel gesto que comenzó siendo hecho alevosamente, provocadoramente, se había convertido ya en algo natural en ella. Pasó cerca de un grupo de novatos que le dedicaron unos silbidos descarados, pero Juliet, lejos de sonrojarse, los ignoró con una leve sonrisa.

Justo al lado de la biblioteca había una cafetería, ese lugar siempre estaba concurrido y ella precisaba de su dosis de café antes de entrar a clase. Fue hasta la edificación que era de dos plantas, circular, con grandes cristaleras que daban una buen panorámica del campus. Se detuvo a la entrada, justo donde estaba un enorme tablón de anuncios donde se podía encontrar cualquier cosa.

Se puso a ojear a ver si encontraba a alguien que quisiera compartir piso, escuchó un murmullo de voces y ladeó el rostro para ver un grupo de chicas, todas abrigadas hasta la cabeza que estaban colgando un póster donde se anunciaba un salón de manga. Juliet arqueó las cejas, ella había dejado los dibujos animados a los trece años.

-Are, areeee….-una figura con una extraño gorro orejudo se metió entre las muchachas y puso una papeleta con una chincheta en la pared con el ceño fruncido. Era un anuncio. Si no lograba pagar las cuentas tendría que ir de nuevo a un cuartucho de la universidad, donde tendría que compartir “su” espacio personal…. Odiaba eso… no soportaba escuchar las conversaciones de horas y horas con estupideces como “¿me extrañaste, puchi cuchi puuu?”

Se perdió de allí lo más pronto posible, porque claro, quería ver si vendía alguno de los mangas que ella misma diseñaba. O al menos alguna ilustración-para el agua caliente-murmuró mientras se mordisqueaba los labios.

Juliet contuvo una risa cuando vio a aquella figura que parecía de otro planeta, imaginaba que sería chica pero con tanto abrigo encima y aquel ridículo gorro que parecía un conejo muerto no estaba segura. Se imaginaba que para aquel elemento la moda sólo era una palabra sin significado real.

Se acercó al anuncio por pura curiosidad, sus ojos verdes leyeron las redondeadas letras que eran más propias de una niña que de un adulto, decía: “SE BUSCA COMPAÑERA DE PISO. SIN NOVIO, QUE LE GUSTE EL CAFÉ, QUE PAGUE CONEXIÓN A INTERNET Y SEA TRANQUILA. PD: NADA DE CHICOS, NO MOLESTEN”

Entreabrió los labios, aquellos era como leer un anuncio de lesbiana busca pareja, se quedó dudando si coger o no aquel estúpido papel cuyos bordes estaban plagados de gatitos con grandes ojos. Alzó la mano y rozó la chincheta, por unos momentos no escuchó el sonido de fondo de la cafetería- Mmm…-necesitaba donde quedarse, no iba a estar viviendo lo que restaba de curso en un hotel.

La morena se dirigió a la sección de correos del campus. Ella tenía su casilla porque era el único lugar fijo donde podía recibir esa carta que nunca le llegaba de sus padres…al menos ahora llegarían muestritas gratis.

-Aahh… no debería ni mirar….nunca llega nada…-protestó y abrió con su contraseña. Sus almendrados ojos se abrieron con sorpresa- ¿cómo?... pero…-se llevó una mano a los labios-¿qué es esto?-sacó un paquete con caramelos.

¿Cómo era posible que llegara aquella muestra tan pronto? A penas la había pedido anoche, de madrugada-¿Y por qué no vino entonces mi catálogo de Vistoriaaaaaa Secreeeet? -protestó de forma infantil. Cerró la casilla con una vuelta de la  cerradura de combinación.

Leyó la descripción del contenido del paquetito que no dejaba ver el color de los caramelos, pero que ilustraba sobre la dorada envoltura, la forma del dulce- estúpida forma de corazón-casi gruñó, mientras miraba las maravillosas sensaciones que “supuestamente” le daría comer aquello- “felicidad, fortuna, el sabor del amor…” -y no siguió leyendo porque casi podía jurar que se le subió una agrura por la garganta.

-Ahora resulta que cumples deseos, caramelo estúpido…-se rió y abrió la bolsita, metió la mano al azar y sacó un corazón de color azul- vamos a ver…como en los anime….yo quierooo…quiero….-miró a todos lados antes de susurrar- no quiero estar sola esta noche…-sonrió, roja al escuchar su voz diciendo aquello- ahora me saldrás que Kum Kum ( el hamster) ha despertado…- se metió el caramelo en la boca y guardó el paquete en su mochila desteñida y llena de pines de toda clase.

POMMM. Todos los que estaban en la cafetería se sobresaltaron cuando el tablón de anuncio se vino abajo, cayendo al suelo estrepitosamente e interrumpiendo todas las conversaciones. Justo en medio de la lluvia de papeles que flotaban por todos lados estaba erguida Juliet. Ésta tenía el ceño fruncido, las mejillas algo rojas y sostenía la chincheta con el anuncio de Diana.

En un primer momento había dado media vuelta para irse haciendo caso omiso de la petición de la joven pero de pronto sintió el inexplicable impulso de girarse y llevárselo, pero lo hizo con tal fuerza y tan violentamente que sacó la pesada madera de los endebles soportes de la pared.

Inspiró varias veces, sin mirar a los lados, se metió el anuncio en el bolsillo del pantalón, cogió su maleta y salió de la cafetería antes de que alguien se le ocurriera llamarle la atención y sugerir que debía recoger todo lo que había tirado. Pero estaba segura que no había sido culpa de ella, era nada más que justo en el momento en que tomó el dichoso papelito se vino abajo todo el soporte.

Pensaba que era mejor presentarse de imprevisto que llamar, no quería que le cerrara la posibilidad de dormir en otro sitio, no pasaría una segunda noche en el hotel. Caminó un poco más deprisa y torció en una esquina, llevándose por delante a una figura que le dio la impresión que se había materializado de la nada.

Sin apenas mirarla, la ayudo a ponerse en pie con indiferencia- mira por donde vas -le comentó y se volteó sin fijarse, tenía demasiada prisa.

Las manos de Diana se movieron a prisa, gruñendo pero actuando inmediatamente para evitar que le pisaran sus bocetos que volaron por los aires. Se giró rápido para ver a esa jirafa teñida que caminaba como si estuviera en una pasarela- ridícula -murmuró sin ponerse a pensar que ella, no era la muestra de la elegancia precisamente. Su gorrita orejuda había quedado medio torcida y la puso en su sitio- casi me hace tragar el caramelo…-lo chupeteó notando su sabor parecido a la uva, pero más ácido-Ta bueno…y no engorda- se encogió de hombros y se dirigió a su salón.



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4 comentarios:

  1. interesante hisotira, de hecho nunca habia encontrado una con un argumento como este.. pinta demasiado bueno.. sigue asi

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  2. ¡Hola, Adrenys! La historia no es mía ni de Desuka, es de de una chica que nos dio el permiso de publicar su historia. Personalmente me ha encantado, sigue disfrutándola.

    Un saludo.

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  3. Me ha gustado el principio, es muy prometedor y es un escrito estupendo, tiene mucha riqueza de descripciones a tal grado que realmente te transporta a visualizar todo en su conjunto. Seguiré leyendo. Gracias por compartir esta historia.

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  4. jajajajajajjaa elinicio me hizo recordar a lo q hago yo =( je! q triste saber q tambien soy igual d solitaria a Diana ^^ ...Empezo muy bien y es algo diferente, vamos a leer los siguientes =D

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  1. interesante hisotira, de hecho nunca habia encontrado una con un argumento como este.. pinta demasiado bueno.. sigue asi

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  3. Me ha gustado el principio, es muy prometedor y es un escrito estupendo, tiene mucha riqueza de descripciones a tal grado que realmente te transporta a visualizar todo en su conjunto. Seguiré leyendo. Gracias por compartir esta historia.

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