11 de junio de 2013

Veintiuno de diciembre


Veintiuno de diciembre


—Tenemos que hablar.

Hola. ¿Cómo están? ¿Ven a ese par de chicas sentadas en una banca, distantes de todo, del ruido de la gente, los autos, los pensamientos? ¿Nos ven? ¿Sí? Genial.

—Eso estamos haciendo hace rato.

Ahí estoy yo. Enfóquense en mí. En la del cabello lacio y quemado en las puntas. Sé que lo notan, el cambio del negro al castaño claro es evidente. Sin embargo, un mejor cartel de neón apuntando en mi dirección es la barriguita que se me hace cuando me siento. Con ese característico rasgo, de seguro no me confunden.

—No seas tonta. —Tus ojos se contraen. Te he irritado; es mi especialidad, debería tener una maestría en eso. Supongo que he de jactarme y reírme, pero tu enfado esta vez me hace sentir mal. Por primera vez, presiento que he rebalsado tu paciencia.

—¿Qué debo ser, entonces?

—Nada, joder.

¿Predicen, ven aunque sea un amago de aquellas sonrisas grandes que hace mi acompañante cuando ríe? ¿Ven ya las margaritas surgiendo encima de sus labios, en sus mejillas infantiles, luego de una de mis bromas? ¿Las ven? Sí, justo las que en este momento no existen.

Pero, esperen, déjenme divagar un poco más, que no quiero volver a la disputa. Ay, si la conocieran... Si dimensionaran su belleza poco entendida. Los vuelitos que hace su flequillo porque sí. Los ojos cafés chispeantes, del mismo color que su pelo. Los brazos larguiruchos y flacos. El rostro generalmente en paz…

—No sé qué decir sobre ello —digo con más gravedad de la pretendida.

… Excepto ahora que evita hacer contacto con el único rasgo que adoro de mí.

Mi Odette. Joder, tienes nombre de cuento de hadas.

Pausa, es importante. ¿Ustedes creen en esa basura del fin del mundo? Es decir... ¡Véannos, estamos hace más de cuatro horas en este parque y aún no sucede nada! Mi estómago me alerta que hay algo mal, pero… sé que no es el clima, ni la Tierra, ni el viento. Tal vez lloverán meteoritos sobre nuestras cabezas. A que se vería muy genial el cielo. Ok, no.

—No tienes que decir algo.

Estás más seria que de costumbre. Trago saliva: tu mirada, ahora penetrante y tosca, me hace un repentino agujero en el corazón.

—Creí que se decía <<no tienes que decir nada>>. —Me fui por la tangente. Son los nervios. ¿Por qué no noté antes que la estaba jodiendo?

… No, no creo en el fin del mundo. 

Resoplas. Se me estruja todo el pecho. Un niño patea su balón hacia nosotras, y ambas lo ignoramos cuando nos lo pide. Tengo ganas de reírme de su cara enfadada cuando se va de vuelta a la improvisada cancha de arena.

—Yo… No se como decirlo sin que suene tan mal.

… Pero ahora sí.

Oídos sordos. ¿Es lo que imagino? Y yo que no creía en el maldito apocalipsis.

—Solo dilo —mi voz no logra ocultar la agresividad que conlleva mi tristeza.

No quiero. No quiero verte buscar algo entre tus bolsillos, ni la insistencia que haces en ello. No te quiero ver, no tenías por qué cortarme. ¿Qué he hecho mal? ¿Qué coño buscas ahí?

Y después de eternos segundos de agonía...

—Toma.

¿Será acaso alguno de los muchos regalitos tontos que te hice? ¿Será la cadena que te di cuando te pedí que fueras mi novia?

—Por si hoy se acaba el mundo, digo. Para que me lleves contigo a la tumba y no te libres tan fácil de mí.

Me sonríes, y no entiendes lo mal que me has hecho sentir hace un instante. Estoy temblando, quizá hace mucho rato que lo hago. Creo que me he puesto pálida. Es que… ¡Joder! Mi corazón está espantado todavía.

—¡Odette!

Me miras raro y ríes. Eres hermosa y yo no me lo puedo creer aún. Y menos me tomo enserio que en tus manos, al fin, esté lo que por tanto tiempo prometiste darme cuando la ocasión lo ameritase.

—¡Tu llavero de pingüinito! ¡Odette! ¡Ay!

Si no nos mata el aburrimiento ni la mordida de un ataque zombi, lo hará este abrazo enorme que te doy y que nos conduce a aterrizar en el suelo, sobre las plantas que crecieron junto al a banca donde nos sentábamos hace dos segundos atrás.

—¡Auch! Sí, boba. Es todo tuyo.

Pero sé que no te importa llenarte de tierra seca la espalda o que tu blusa favorita se haya rajado un poco con un clavo suelto... Sé que, mucho menos a mí, me va a importar haberme doblado el pie. Porque amo de verdad verte así de sonrojada y chispeante. Lo amo, lo amo, lo amo. Amo estar contigo, joder. Y claramente aprovecharé mi posición para darte los miles de besos que tuve que reprimir por tanto tiempo en la soledad de mis días pasados, cuando te miraba de lejos y parecías el fin del mundo. Esos que se acumularon hasta hacerme llorar y que quizás nunca logre terminar de regalarte, aunque, al parecer, y juzgando que el cielo está sin ninguna ola mortal de meteoritos, tendremos todo el tiempo del mundo al fin para eso.



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2 comentarios:

  1. awww q dindo *-* ejejejeje despues d un casi infarto viene la dicha, adoro leer sus historias, ya me hacia falta las dosis :P ...Cuidate Desu!

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  2. ¡Katty! Qué sorpresa tenerte por aquí. Sé bienvenida :)
    Como siempre, te agradezco enormemente que me leas y comentes, en especial este one shot. Adivina cuándo se me ocurrió... sólo diré: de algo que haya servido el fin del mundo (¿?).
    Tú también cuídate :) espero que estés bien. ¡Y no dejes de leernos!

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  1. awww q dindo *-* ejejejeje despues d un casi infarto viene la dicha, adoro leer sus historias, ya me hacia falta las dosis :P ...Cuidate Desu!

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  2. ¡Katty! Qué sorpresa tenerte por aquí. Sé bienvenida :)
    Como siempre, te agradezco enormemente que me leas y comentes, en especial este one shot. Adivina cuándo se me ocurrió... sólo diré: de algo que haya servido el fin del mundo (¿?).
    Tú también cuídate :) espero que estés bien. ¡Y no dejes de leernos!

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  1. awww q dindo *-* ejejejeje despues d un casi infarto viene la dicha, adoro leer sus historias, ya me hacia falta las dosis :P ...Cuidate Desu!

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  2. ¡Katty! Qué sorpresa tenerte por aquí. Sé bienvenida :)
    Como siempre, te agradezco enormemente que me leas y comentes, en especial este one shot. Adivina cuándo se me ocurrió... sólo diré: de algo que haya servido el fin del mundo (¿?).
    Tú también cuídate :) espero que estés bien. ¡Y no dejes de leernos!

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