15 de noviembre de 2013

Cupid Candy Sugar Free (12)

                                          Capítulo 12        
                       ¿Sabes decirlo? Empieza por a...



Juliet llegó a las seis de la  tarde, se detuvo en el umbral de la puerta y salió Lulú para recibirla. Se puso de cuclillas para darle sus cariños, estaba cansada, se había pasado todo el día en el campus, estudiando y preparando su proyecto, pero sin dejar de pensar en lo que pasó durante la noche.

Nunca en su vida se había sentido tan apenada, no sólo era el hecho de que todo hubiera salido mal sino el horrible sentimiento de haber sido rechazada por Diana. La morena ni se giró cuando ella salió de la habitación, ni se molestó en retenerla aunque solo fuera un poco, parecía que nada de lo que pasó le importaba, que solo respondió a sus besos por pura inercia.

Y ahora que lo meditaba, Diana en los primero momentos casi no respondió, sólo esperaba a ver cuál era la siguiente reacción de Juliet- que tonta he sido... -le confesó a Lulú, no solo se había equivocado de sexo sino también de chica, Diana no estaba interesada en ella y ahora, por su culpa, lo había liado todo.



- ¿Qué? -la voz de su primo la sobresaltó, éste estaba con su portátil en el sofá, todo el día había estado mirando otras ofertas de trabajo, sobre todo cuando en la  hora del almuerzo se percató de que era prescindible, nadie lo echaba en falta.

-Nada -la rubia examinó su conjunto con ojo crítico, sus prendas- ahh...muy monas.

-Diana me las prestó -Lamont embozó una sonrisa, se habían pasado el día juntos, ella cosiendo y dibujando, el mirando en Internet y cocinando huevos con papas fritas. Parecía que estaba mucho mejor que ayer, sobreponiéndose.

-Que bien -murmuró Juliet pasó a su lado para dirigirse a su habitación y dejar sus cosas para descansar antes de ponerse a dibujar los planos de su proyecto.

Entró en su habitación y se despojó de su abrigo muy despacio, le daba la impresión de cuanto más tiempo estuviera allí mayor sería su dolor y su vergüenza. Supuso que el tiempo calmaría aquella terrible punzada que le atravesaba el corazón a cada latido, que quedaría como un secreto en su interior y que jamás contaría a nadie, quedaría como algo entre Diana y ella.

Para ese entonces, la morena estaba en la ducha. No podía negar que había pasado un día muy agradable junto a Lamont. Nunca había conocido un chico con el que congeniara tan naturalmente. La bata estaba arreglada y la había dejado en el cuarto de la rubia, sobre su almohada.

Estaba pensando cómo vestirse para la cita. Sabía que NohayY era una mujer de negocios, quizás iría formal. Además, había dicho que llegaría en un deportivo negro- mierda...-masculló. No tenía ropa de ese tipo. Se envolvió en una esponjosa toalla y con pasitos apresurados cruzó a su cuarto.

-Lamonnnnt...-llamó.

El rubio se puso en pie ante su llamado y fue hasta la habitación de Diana, se detuvo unos segundos frente a la puerta de Juliet, la había encontrado muy extraña cuando entró por la puerta, cambiada, parecía que estaba tratando de contenerse, como si quisiera ocultar algo.

Se adelantó unos pasos más y tocó en la lámina de madera- ¿Diana?

La puerta se abrió. Diana se había puesto a toda prisa una camiseta enorme a modo de camisón. No tenía nada debajo, pero no quería dejar al chico esperando afuera. Por alguna razón, no sentía peligro con él. No sentía que la desnudara con la mirada. Lamont no era como se lo describió Juliet. Por el contrario, era encantador- ayudameeeee....no sé qué ponerme.

-Que no cunda el pánico -sonrió Lamont y entró en el dormitorio. Notó que Diana no estaba del todo vestida pero su cuerpo no reaccionó, se encaminó hasta el armario de la chica mientras analizaba sus propios sentimientos. El deseo ya no estaba, no existía, si hace dos días la hubiera visto de aquella guisa estaba más que seguro que su sexo si hubiera respondido al menos endureciéndose un poco.

Comenzó a examinar las perchas con ojos crítico-. Nada de vaqueros -los desplazó a un lado, eso estaba bien para salir pero no para ir de paseo. Ahora apreciaba el físico de Diana de otra forma, la parecía muy linda, bella, no solo el exterior, era toda ella. El hecho de que ya no persiguiera a una mujer como perro en celo le había quitado la venda de los ojos, ahora veía mucho mejor, en todos los sentidos.

Suspiró, aunque ello lo hiciera quedarse como una especie de ser asexuado, puede que ya no sintiera impulso por nadie-. Ahhh... -sacó un traje de lana marrón que estaba medio escondido y llegaba hasta las rodillas- necesitamos unas medias negras, botas y un cinturón ancho dorado- vio que tenía un escote en forma de V -y una bufanda rosa.

Juliet cerró la puerta de su habitación, no quería que nadie la viera cuando se frotaba los ojos pero se mordía los labios para no llorar, no había razones para ello, claro que no, ella era una chica fuerte, pero siempre que su cabeza se llenaba con esos pensamientos su visión se nublaba.

Bajó la mano que sostenía el portaminas, de nuevo los dedos se estremecían sin su permiso, inspiró varias veces con fuerza, tratando de insuflarse calma, de contenerse, de cubrirse con una capa de hielo que se derretía al tiempo que ella trataba de levantarla una y otra vez.

- ¿Así? -le mostró las medias negras y las botas que ella solía llevar a veces con los vaqueros. Ahora estaba más nerviosa- ¿me recojo el pelo? -murmuró mientras se lo secaba.

-Sí -Lamont fue hasta la butaca y la ajustó- siéntate -cogió un cepillo- yo te ayudo -se quedó en suspenso unos segundos, ¿desde cuando él sabía peinar a una mujer? ¿Y desde cuando le interesaba todo aquel ritual de belleza? Pero había estado con suficiente mujeres como para saber como realizar un recogido bonito.

Diana suspiró. Iba a salir pero no era la persona con la cual deseaba hacerlo- si me plantan... -murmuró. Quizás estaba cometiendo otro terrible error. Miró como la peinaba y se sorprendió. Se veía muy elegante con solo ese toque. Miró los aritos en la mesilla. Se los puso, casi como si fueran un amuleto.

Lamont le cogió los cabellos de tal forma que unas ondas cayeron por la espalda y otras por los hombros, no era un recogido rígido, era natural y sutil, no quería recargar la imagen-. No lo creo -la animó Lamont, observó los pendientes- esos son de Juliet -los reconoció enseguida- te quedan bien -dio un paso atrás para verla bien- estás muy guapa.

Juliet fue la cocina a por unas cervezas y una pieza de fruta, no había comido en todo el día y estaba hambrienta. Quizás se quedara toda la noche trabajando porque en realidad no deseaba dormir en absoluto, siempre que cerraba los ojos para intentar descansar veía los labios y los ojos de Diana.

La morena se puso algo rígida-. Me los prestó....y no se los he devuelto... -de pronto sentía que la estaba traicionando. Se los quitó-. Sólo voy a cenar con una amiga... -le comentó y dejó los pendientes en la mesita- gracias... -se le acercó y se puso de puntitas para darle un beso en la mejilla.

De un salto recogió su mochila- ah... mejor cartera, ¿no? -rápidamente puso su monedero en una carterita muy pequeña y tomó un abrigo negro- bueno...ya me voy... -salieron del cuarto y ella se despidió con un movimiento de la mano- me apuro... -y salió.

Lamont entró en la cocina, sonriendo mientras se tocaba la mejilla se detuvo al ver Juliet partiendo una manzana- Diana ha salido -comentó, había estando encantado de verla tan bella, transformada en un cisne.

- ¿Salió? -Juliet alzó el rostro y frunció el ceño, apretando lo labios- ah, que bien, ¿con quien? -dijo como al descuido y se giró de espaldas para que su expresión no la traicionara.

-Con una amiga... -Lamont se calló, de nuevo percibía que Juliet estaba como helada.

-Con una amiga... -susurró la rubia, asfixiada de forma extraña, tan dolorosa que casi no podía respirar.

Juliet pudo sentir como su corazón se convertía cenizas dentro del pecho, se astillaba en miles de pedacitos que tardaría tiempo en recomponer, se tendría arrodillar y juntarlo uno por uno hasta conseguir de nuevo que encajaran sin quebrarse con un latido. Un agujero se estaba formando dentro de ella, tan hondo que se estaba perdiendo dentro de él. Inclinó el rostro, jadeó y con horror vio como unas lágrimas pendían de sus pestañas.

-Espero que se lo pase muy bien... -murmuró sin voltearse. Puede que solo fuera eso, una amiga, ¿pero a ella qué le importaba?, Diana había dejado claro que con ella no quería nada. ¿Qué importaba que fuera una amistad o una cita? Pero entonces, ¿por qué era así de injusto? ¿Por qué se sentía la perdedora?

Mientras, Diana iba caminando por la acera para tomar un taxi hacia Central Park, llevaba una hora y media de ventaja. Prefería ir más temprano porque así se ponía menos nerviosa. Era importante para ella conocer a NohayY. Le parecía una mujer interesante, aunque le intimidaba que fuera tan directa. Esperaba que no fuera demasiado agresiva.

Trató de no imaginarla. Deseaba que fuera bonita, pero al mismo tiempo deseaba que fuera una vieja horrible, para no compararla en nada con Juliet. La rubia era la mujer más bella que hubiera visto en vivo. Se preguntaba si regresaría a casa, si encontraría la puerta abierta y el cuarto vacío cuando volviera de su cita. No le sorprendería encontrarse con eso, pero eso no le quitaba esa sensación de vacío ardiente en el pecho.

Juliet se duchó y se puso su bata que extrañamente encontró sobre la almohada sin sospechar lo que aconteció por la mañana, con pasos cansados comenzó a sacar la ropa de los cajones y doblarla para meterla en la maleta. Durante la ducha aprovechó que el sonido del agua camufló sus sollozos y limpió una y otra vez las lágrimas que vertieron sus ojos.

Aún no sabía donde ir, pero estaba tan mal que tampoco le importaba demasiado, era duro, demasiado, admitir que estaba enamorada y que esa persona la hubiera rechazado. Por supuesto no reclamaría ninguna cantidad de dinero, después de todo a pesar de sentirse despechada no se atrevía a negar que complicó la vida de Diana demasiado.

Se sentó de nuevo en la mesa y con rabia se restregaba los ojos hasta ponerlos rojos, comenzó a dibujar tratando de que las lágrimas no echaran a perder su labor.

Lamont le comunicó que él dormiría en el sofá para no seguir incomodándola por más tiempo, había presentido con claridad que Juliet necesitaba con desesperación la intimidad para ella sola.

Diana miró la hora. Seguía sentada, tratando de mantener las rodillas juntas. Por eso no le gustaba usar faldas, acostumbrada a los pantalones solía mantener las piernas abiertas muy descuidadamente. Se arrebujó dentro del abrigo y se quedó mirando pasar las personas. Cada vez que escuchaba una bocina se sobresaltaba, solo para ver el auto pasar de largo.

Un auto se detuvo cerca de la parada, justo a la hora, era un deportivo negro y lo conducía una mujer de cabellera cobriza que caía en bucles por sus hombros y espalda, lucía un elegante traje de chaqueta gris plata con una camisa blanca y tacones de aguja. Hizo sonar la bocina tres veces.

Justo en ese instante, Juliet se tumbaba en la cama y cerraba los ojos, estaba tratando de tomar una de las decisiones más difíciles de toda su vida, pero puede que otra persona ya la hubiera tomado por ella.

Diana se puso en pie, hizo una seña con la mano y caminó hacia el coche. Notaba como su corazón latía muy fuerte, demasiado para ser por los nervios de una cita. Se agachó para mirar por la ventanilla-. Soy Blue...

Unos ojos oscuros resplandecieron dentro del marco de un rostro maduro y atractivo- Soy NohayY  -le sonrió- pero puedes llamarme Anka -era, por supuesto, muchísimo más sencillo y natural. Apretó una de las palancas del volante y los seguros de laS puertas se alzaron- puedes entrar.

Diana se quedó mirándola un instante; jugueteó con la manilla de la puerta y mordió sus labios, enrojeciéndolos más aún. Anka era más bonita de lo que habría imaginado y eso la ponía más nerviosa. Abrió la puerta y subió al vehículo. Giró el rostro para verla-. Me llamo Diana -le sonrió, observando a esa impresionante mujer.

-Hola, Diana -Anka bajó los seguros- el cinturón -esperó que la morena se lo pusiera aunque percibió cierto temblor en sus dedos y eso le enterneció el corazón, era más joven de lo que había creído, una auténtica sorpresa, una niña linda. Por su trabajo estaba acostumbrada a tratar con los extraños, a conocer personas nuevas todos los días y por ello no había sufrido de los mismos nervios que Diana.

- ¿Has probado la comida tailandesa? -estaba mirando el tráfico por uno de los espejos, como en todas las grande ciudades, Toronto parecía colapsarse a las ocho de la noche porque todo el mundo estaba saliendo de trabajar o yendo de compras, resultaba agobiante pero Anka lo encontraba estimulante.

-No...no s...sa... -apretó los labios porque ya empezaba la tartamudez y no iba a quedar como tonta delante de Anka. Le sonrió con los labios apretados y miró al frente para concentrarse. Si miraba las calles en vez de aquel bello rostro, se sentía más segura de si misma. Lo malo era que cuando veía alguna cabellera rubia el corazón le saltaba en el pecho. Echaba de menos a Juliet, pero sabía que ya no iba a hablarle. Se sentiría tan extraña como ella.

Juliet se removió entre los cobertores, estaba tan cansada, era el peso muerto que tenía a la altura del corazón. Aquellas largas y blanca piernas se enredaron entre las sábanas, notaba que estaba aplastada por toda aquella ola de sentimientos que le colapsaban la respiración. Sus dedos se crisparon, entre ellos estaban su móvil, jugueteaba con él, mordiéndose los labios. Se volteó y le dio la espalda.

Anka percibía los nervios de su compañera, le parecía un cervatillo asustado que espera la menos señal de peligro para salir corriendo, que duda a cada instante y se acurruca en ella misma.

Torció en una de las esquinas y fue hasta un parque, aparcó con suavidad-. Solo tenemos que caminar un poco -le anunció, se volvió para coger el abrigo negro que descansaba en el asiento de atrás, los bucles cobrizos bailaron por sus hombros y espalda.

Los ojos de la morena parecieron agrandarse el doble las pupilas se iban dilatando porque Anka tenía una especie de aura que parecía querer tragársela. Se le antojaba una loba que trataba de parecer un Husky. Salió y se quedó esperando a que Anka asegurara el auto. Hasta el nombre le parecía muy bonito.

Caminó a su lado, mirándola de cuando en cuando, preguntándose si no estaba demasiado arreglada- ¿creíste que no iba a venir? -habló mirando al frente.

Anka se paró frente a ella, abotonándose el abrigo, bastante sorprendida por la pregunta y le quedó mirando a los ojos, le sonrió-. Pues sí -admitió con calma- me parecía que no estabas nada segura, que eras de ese tipo de persona que no se deja conocer con facilidad -no quería ofenderla pero tampoco quería guardarse las impresiones, no eran de las que les gustaba halagar para gustar y menos en su vida personal.

-De verdad pensé que rechazarías la invitación -la escrutó con seriedad-. Además, me parece extraño que una chica linda como tú no esté con nadie.

Juliet apretó de nuevo el celular entre los dedos, con mucha fuerza- Diana...

La morena notó como toda su cara comenzaba a arder. Lo cierto era que nadie le decía ese tipo de cosas y la hacían sentir rara-. No tengo mucha suerte en esas cosas...-la miró de reojo- pero me gusta alguien...-y al escucharlo lo reafirmó en su corazón- pero estamos mal ahora... -murmuró y metió las manos en los bolsillos del abrigo, pensando en ella.

Anka alzó las cejas y una sonrisa vieja se instaló en sus labios, ahora lo entendía todo, estaba tan claro- Ahh... -no se sintió rechazada, después de todo se acababan de conocer y a ella Diana le parecía una niña- ¿y has quedado conmigo? -suspiró un poco- ¿y esa persona sabe que le gustas?

Diana frunció el ceño- ¿Por qué no iba a quedar contigo? -ahora que recordaba le daba rabia. Juliet era una celosa y la había acusado de tener una novia y besarla a ella. En otras palabras le había hecho saber que pensaba que era una facilota-. Nos besamos y todo....pero todo salió mal... -apretó los maxilares con fuerza- se debe estar mudando ahora... -ella hubiera hecho eso.

Anka se masajeó las sienes, parecía el típico enredo adolescente donde nadie había hablado con nadie pero todo el mundo suponía. Se la quedó mirando, ahora la chica que le gustaba se mudaba pero sin embargo Diana quedaba con ella a pesar de saberlo-. Bueno, cada una sabe como llevar sus asuntos -reflexionó- pero yo... -se encogió de hombros- yo... -en ese momento sonó un móvil.

Diana dejó sonar el aparato porque de todos los mortales, la que menos pensó que llamaría era su rubio tormento- que se vaya al demonio...no quiero saber nada de... -cuando miró quien llamaba se congeló. Los labios le temblaron y el corazón pareció rugir con fuerza. Era ella. Ahora todo su valor se iba por la cañería, todo su enojo se diluía porque era débil cuando Juliet estaba cerca- Aló... -habló con voz firme.

Juliet se sorbió los mocos y cerró los ojos con fuerza, todo lo que quería decir se le olvidó justo en el momento en que escuchó la voz de la morena, sus rosados labios que estaban hinchados temblaron el auricular- Diana... -su voz fue desfallecida, lastimera y se sintió tonta por casi gemir su nombre.

- ¿Juliet? -la voz de la morena salió completamente tierna. Era claro que sabía quien era, pero notaba que se estaba derritiendo por dentro, sólo con su voz- ¿qué pasa?-se mordió los labios y miró a Anka. Quería irse a su casa ya.

Juliet abrió los ojos verde manzana, el color estaba desvaído- yo... -inspiró- perdona...no quería molestarte... -se le estaba quebrando la voz pero hizo lo posible por mantenerse serena- pero...pero... -ahora era ella la que tartamudeaba- te echo de menos... -susurró.

-Y yo... Juliet... -murmuró con dulzura. Le sonrió a Anka porque sentía que volvía al mundo de los vivos, solo porque la rubia le decía aquello- ¿dónde estás? -dudaba que estuviera en casa.

-En casa... -Juliet sentía que estaba renaciendo de nuevo, estaba horrorosa porque en medio de aquel rostro arrasado por las lágrimas estaba floreciendo su sonrisa de enamorada- en mi habitación.

Anka ya se imagina lo que había pasado, era imposible no darse cuenta de ello, la cara de Diana lo decía muy claro y alto. Una de sus manos fue hasta su bolso y sacó las llaves del coche, se las mostró, balaceándolas.

Diana asintió y se le colgó del brazo. Estaba tan contenta que desbordaba confianza-. Voy a casa.... voy a casa, contigo... -le prometió, mientras halaba de Anka y parecía flotar.

La mujer se echó a reír con suavidad y dejó que la llevara hasta el coche, subieron y puso el motor en marcha. Sin duda recordaría aquella cita para toda su vida, no porque hubiera sido mala o su acompañante pésima sino porque había sido la más corta. Y delante de sus ojos se reconcilió una pareja, lo cierto era que pensaba que nada había sido para tanto.

Juliet sonrió y sorbió los mocos de nuevo- te espero... -trató de arreglarse los rubios cabellos pero lo cierto era que estaba hecha un desastre, ningún maquillaje podía ocultar que había estado muy triste pero sus ojos resplandecían como dos pedazos de jade oriental.

Diana tenía los ojos brillantes, una sonrisa resplandeciente. Era como si le hubieran insuflado nueva vida a su cuerpo. Miró a Anka a los ojos, ya no la intimidaba su hermosura, porque ahora su corazón se sentía orientado, seguro e iba en busca de su dueña.       

-Lamento haberte arruinado esta cita, Anka...pero he pensado en ti -. Se puso de lado para hablarle mejor- tenía una sorpresa para darte... -aquella era un arma por si la cita era tensa. Había hecho contacto con un de las chicas que hacían fansub de las ultimas series de anime. La conocía bastante bien y estaba dispuesta a quedar con Anka y ganarse unos dólares extras.

Sacó un papelito con un número de teléfono- se llama Lyon...habla perfectamente el japonés.

Anka ladeó el rostro y miró el papelito, una enorme sonrisa ensanchó sus jugosos labios, Diana le acaba de salvar de hacer el mayor ridículo de su vida profesional, de hecho ya se había imaginado a si misma con una de esas traductoras electrónicas. Aparcó frente el edificio donde vivía Diana.

Con eso me compensas tu pérdida -le guiñó uno de sus oscuros y profundo ojos, cogió el papelito, lo dobló y lo metió en uno de los bolsillos de su elegante cartera- la llamaré esta misma noche -le pagaría bien, de sobra sabía que los estudiantes siempre andaban cortos de dinero.

La escrutó-. Suerte, Diana.

Juliet estaba deshaciendo como loca la pequeña maleta que había hecho con algunas de sus prendas, las estaba metiendo a toda prisa en los cajones, sonándose de vez en cuando y pensando que justo cuando Diana y ella se iban a reencontrar, ella estaba francamente horrible.

Una de las braguitas se cayó al suelo, se agachó y justo cuando iba a cogerla un hocico peludo emergió de debajo de la cama y unos colmillitos se hincaron en la delicada prenda.

-Nooooo -Juliet apresó justo a tiempo el otro lado y comenzó a halar para quitársela- Lulú, suelta, Lulú -estaba arrodilla en el suelo tirando para recuperar su preciosa braga.

La morena se inclinó a abrazar a Anka-. Mmm...no me vayas a bloquear... -le susurró. Quería seguir siendo su amiga, llegar a conocerla más- gracias...gracias...-le dio un beso en la mejilla y se separó, saludándola con la mano al salir del auto. Subió a toda velocidad, nerviosa ahora, arreglándose los senos dentro del sujetador para que no se le vieran mal y mirándose en un espejito justo antes de abrir la puerta. No quería que la viera desalineada.

Entró al piso y casi como si flotara ya estaba frente a la puerta de la rubia- ¿Juliet? -llamó sin atreverse a entrar, pero luego abrió la puerta porque su compañera la estaba esperando- ¿Ah? -torció la cabeza como tratando de comprender la escena que estaba presenciando.

Al escuchar aquella exclamación, Juliet se volvió y alzó el rostro hacia arriba, sus dedos se aflojaron al ver como iba vestida Diana, lo arreglada que estaba y lo maravillosa que se veía. Y ella con aquellas fachas, solo vestida con la bata, con el rostro hinchado y la nariz roja. Desde luego era su peor imagen y allí estaba Diana, muy bella.

-Diana... -susurró- que linda... -musitó y alzó los brazos, extendiendo sus manos hacia ella, reclamándola.

La mandíbula de Diana tembló visiblemente, al encontrarse con aquellos ojos hermosos volvió a sentirse pequeñita, insignificante y sosa. Juliet siempre le parecería demasiado bella, incluso con ese rostro congestionado. Notó que su pecho se contraía porque los ojos de la rubia estaban hinchados. Odiaba pensar que la había hecho llorar- Juliet... -gimoteó y se le echó encima, abrazándola con mucha fuerza- Juliet....mmm...-volvió a gimotear suavecito, conteniéndose para no ponerse a chillar.

La rubia cerró los ojos y casi desfalleció por la ola de tibio alivio que se extendió por todo su cuerpo. Era como si hubiera estado muerta y muda, y ahora, de nuevo volviera a encontrar la luz del día tras una densa oscuridad. Por fin su corazón estaba latiendo, volvía a palpitar con mucha fuerza porque de nuevo Diana estaba entre sus brazos, regresando a ella.

Sus dedos temblaron casi sin control cuando la rodeó con fuerza, jadeando porque la emoción la avasallaba, era imposible de describir el sentimiento de ansiedad, pena y amor que la consumió cuando se creyó rechazada. Pero todo ello, estaba siendo sustituido por el irrefrenable anhelo de amarla sin condiciones.

-Diana...Diana... -su rostro buscó el hueco del cuello de la morena y lo dejó descansar allí, tratando de calmarse para por lo menos decir alguna palabra que no fuera el nombre de su compañera. Pero lo cierto era que a ella le bastaba con solo llamarla, pronunciar su nombre la colmaba de alegría.

Las suaves manos de la morena recorrieron delicadamente la espalda de Juliet. Sus ojos almendrados siguieron el movimiento de Lulú bajo la cama, comiéndose algo. Luego miró las maletas abiertas, vacías a un lado. Enseguida se dio cuenta que había pensado irse, que estuvo a punto de perderla. Acarició de cuando en cuando los cabellos resplandecientes como el trigo maduro.

No sabía qué sería de ellas dos, sólo sabía que no había espacio para nadie más dentro de su corazón- esos caramelos no sirven... -la besó en la coronilla-. Yo quería que te enamoraras de mi... -miró la cama revuelta- y terminé enamorándome yo... -hablaba  sin trabarse por primera vez. Quizás, porque no le miraba el rostro y sentía una tremenda paz al confesarle aquello- me he enamorado de ti...te quiero...

Juliet ladeó el rostro cuando aquellas palabras penetraron dentro de su mente y dentro de la nube en la que se encontraba reconoció su significado y sintió que miles de mariposas bailaban dentro de su pecho y en su cabeza, nublando las pupilas de tono manzana.

Sus ojos cristalinos, expresivos, buscaron los de Diana-. Mírame -le pidió, sus dedos finos cogieron la suave barbilla y con firmeza le giró el rostro para mirarla de frente- he llorado por ti... -le confesó- mucho...-no mentía, se estaba desnudando sin quitarse la ropa, sólo abriendo su corazón- porque creía que me rechazabas, Diana.. -acercó su rostro muy despacio- yo sólo beso a quien amo.

-No...no me mires...-murmuró la otra, completamente roja. No podía soportar esos ojos de jade sin tartamudear como una idiota- yo...yo... -habló jadeando, confusa, mirándola directamente- t...te...te...tennnía... -suspiró y apretó los labios, frunciendo un poco el ceño, pero sin apartar la vista, queriendo ser valiente-...m...mied...miedo... -cerró los ojos. Tragó saliva ruidosamente porque el nudo en su garganta era cada vez más grande- ¿me...besas? -notaba las cosquillas de la otra boca rozando la suya- o... -susurró.

Juliet no quiso escuchar más palabras, ya no las necesitaba porque Diana le estaba dando el permiso para hacer aquello que había deseado aquel tiempo que estuvieron separadas, creyendo que nunca más, Diana, la dejaría besarla.

Sus labios calientes e impregnados de sal se posaron sobre los de Diana, era un beso de salvación, el viento que sopla en una sabana sedienta anunciando la llegada de las lluvias, era el agua de la montaña que rodea y penetra en una quemadura que hiere la carne.

Cerró los ojos con fuerza, apretando las pestañas y moviendo los labios gentilmente, delicadamente, parecía que estaba robándole un beso a una mariposa, pero su mariposa era Diana y la trataba con toda su dulzura porque no quería que escapara de entre sus dedos para posarse en otra rosa, sólo quería que libara de las flores del jardín de Juliet.

Diana suspiró, era como si fuera su primera bocanada de aire en siglos. Nada más podía derrotarla si los labios de Juliet se unían a los suyos, si le permitía quedarse a su lado cada noche y adorarla cada día. Nunca confiaba demasiado en las personas, solían herirla con demasiada facilidad, pero deseaba fervientemente entregarse, confiar en esos labios que se adueñaban de su voluntad.

Respondió al beso de forma delicada, entreabriendo los ojos sólo para disfrutar del rostro sonrojado de la rubia, escuchar su respiración escapar entre los besos. Se soltó del abrazo con suavidad para poder asir los costados de la cabeza de su compañera, quería acariciar sus suaves mejillas mientras se atrevía a colar su lengua como aquella primera vez, dentro de la otra boca. Suavemente comenzó a invitar a la otra a frotarse en un ensalivado y ondulante apareamiento.

-Ahhh... -un gemido profundo, lastimero y derrotado manó de Juliet porque estaba rindiendo todas sus armas a aquella intrusa roja que estaba profanando aquella cálida oscuridad ensalivada, penetrando en Juliet para reclamarla como ella tanto deseaba, sin condiciones, sin dudas y sin segundas lecturas. Era un beso incomparable, ¿podía compararlo cuando jamás hasta ahora había sentido nada como aquel amor?

Un amor que la elevaba, la convertía en una gaviota que sobrevolaba sus propios perjuicios, aquellas ideas o creencia que pensaban que estaban grabadas en su interior a fuego. Porque amaba a otra mujer y se sentía tan fuerte como para reclamar a la misma luna del cielo, bajarla y ponerla a los pies de Diana para que se bañara con su plateada luz.

Sus manos trazaron figuras de alguna danza olvidada en el aire, dejando un rastro luminoso tras ellas y se afianzaron en el talle de Diana, como si no hubiera conocido otro lugar mejor, que aquella ligera y femenina curva, era su cuna, su cáliz y el lecho donde debían de reposar para prodigar las caricias que estaban destinadas para su amor.

El cuerpo de Diana tembló ligeramente. Era cierto que ya otros labios, otra lengua y otro sexo la habían poseído por completo, sin embargo nunca había sentido lo que esa noche estaba viviendo. No tenía cabeza para pensar en teorías, si era que estaba excitada por ser una mujer la que la besaba, si era porque estaba volviéndose loca por tanta soledad. O quizás...quizás era que ahora estaba realmente enamorada, tanto, que no veía ningún obstáculo para desearla, para amarla y para exigirle que fuera su pareja formal.

No le interesaba nada más que su aprobación y su amor-. Hah...amor...-murmuró muy bajito, pero audiblemente para ambas. Se sentía tan bien llamarla de aquel modo. Tenía la boca ardiendo, el abdomen estaba contraído, una inquietud mojada latía entre sus muslos- Juliet... -entreabrió los ojos, rompiendo un momento el beso, relamiéndose y tratando de calmarse, estaba demasiado excitada- tengo....calor... -casi gimió las palabras.

Juliet se separó a penas, sus mejillas estaban muy rosadas y su cuerpo estaba comenzando a arder al contacto bajo la fina tela de la bata que ocultaba su esplendorosa y joven desnudez, aquellos senos redondos que se erguían desafiantes, los pezones rosados que se perfilaban con claridad.

-Yo ... -le sonrió con dulzura, los rubios cabellos bailando en torno a su rostro como un nimbo dorado- yo también... -se puso en pie y haló de la morena para que se pusiera a su altura. Le acarició la mejilla sin separar sus ojos de los suyos- esta noche dormiremos juntas -y la comenzó a llevar hacia la cama, esa era la noche, su noche.




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4 comentarios:

  1. *.* quiero, quiero de esos caramelos! y de eso otro también :3

    Ellas tan lindas y yo tan sola u.u "se va a llorar al rincón"... Anka me recuerda a mi madura amiga, aquella que conocí en un chat y eramos un desmadre en la sala, un que yo aun no la conozco en persona, algún día se dará la oportunidad :)

    ResponderEliminar
  2. @heppie.ideax Jajaja no te preocupes, un día el amor golpeará a tu puerta y no sabrás resistirte~

    Oh, si te soy muy sincera, recuerdo sólo pocas escenas de esta historia, la he olvidado casi por completo. Aaaaaños desde que la leí :(. Debo leerla de nuevo.

    Que tengas un buen(a) día/noche.



    Faith

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  3. @Faith Dico hola, si te soy sincera :? jajaj yo no me pude esperar a que la terminaras de publicar y la busque en la otra pagina... soy una glotona de lectura!... y bueno na releída no esta de mas :)

    PD: por mi que golpee y golpee bien duro para que pueda escuchar y no se me vaya a ir con el vecino xD

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    1. Jaja no te preocupes, hago lo mismo de buscar en otras páginas. Yo también debería hacer la releída, ya no recuerdo muchas cosas de la historia. Como sea, gracias por pasarte siempre.

      Abrazos~

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4 comentarios:

  1. *.* quiero, quiero de esos caramelos! y de eso otro también :3

    Ellas tan lindas y yo tan sola u.u "se va a llorar al rincón"... Anka me recuerda a mi madura amiga, aquella que conocí en un chat y eramos un desmadre en la sala, un que yo aun no la conozco en persona, algún día se dará la oportunidad :)

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  2. @heppie.ideax Jajaja no te preocupes, un día el amor golpeará a tu puerta y no sabrás resistirte~

    Oh, si te soy muy sincera, recuerdo sólo pocas escenas de esta historia, la he olvidado casi por completo. Aaaaaños desde que la leí :(. Debo leerla de nuevo.

    Que tengas un buen(a) día/noche.



    Faith

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  3. @Faith Dico hola, si te soy sincera :? jajaj yo no me pude esperar a que la terminaras de publicar y la busque en la otra pagina... soy una glotona de lectura!... y bueno na releída no esta de mas :)

    PD: por mi que golpee y golpee bien duro para que pueda escuchar y no se me vaya a ir con el vecino xD

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    1. Jaja no te preocupes, hago lo mismo de buscar en otras páginas. Yo también debería hacer la releída, ya no recuerdo muchas cosas de la historia. Como sea, gracias por pasarte siempre.

      Abrazos~

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4 comentarios:

  1. *.* quiero, quiero de esos caramelos! y de eso otro también :3

    Ellas tan lindas y yo tan sola u.u "se va a llorar al rincón"... Anka me recuerda a mi madura amiga, aquella que conocí en un chat y eramos un desmadre en la sala, un que yo aun no la conozco en persona, algún día se dará la oportunidad :)

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  2. @heppie.ideax Jajaja no te preocupes, un día el amor golpeará a tu puerta y no sabrás resistirte~

    Oh, si te soy muy sincera, recuerdo sólo pocas escenas de esta historia, la he olvidado casi por completo. Aaaaaños desde que la leí :(. Debo leerla de nuevo.

    Que tengas un buen(a) día/noche.



    Faith

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  3. @Faith Dico hola, si te soy sincera :? jajaj yo no me pude esperar a que la terminaras de publicar y la busque en la otra pagina... soy una glotona de lectura!... y bueno na releída no esta de mas :)

    PD: por mi que golpee y golpee bien duro para que pueda escuchar y no se me vaya a ir con el vecino xD

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    1. Jaja no te preocupes, hago lo mismo de buscar en otras páginas. Yo también debería hacer la releída, ya no recuerdo muchas cosas de la historia. Como sea, gracias por pasarte siempre.

      Abrazos~

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