3 de julio de 2013

Cupid candy sugar free (5)

Aclaraciones: esta historia fue escrita por Tensai Sama, una chica que nos permitió amablemente publicar su obra en este sitio. Disfrútenla.


Capítulo 5
Hembras alfa


Juliet se levantó un poco tarde, había dormido tan profundamente que escuchó el despertador cuando este vibró sobre la mesilla de noche, se limitó a manotear en el aire torpemente hasta que lo derribó al suelo donde cesó el impertinente timbre. Se volvió a ovillar debajo de los cobertores hasta que una hora más tarde, Lulú comenzó a morderle los dedos de los pies, pidiendo comida.

Apartó las mantas y se sentó, con los ojos hinchados por el sueño y los pelos rubios en punta. Bostezó y estiró los brazos por encima de su cabeza, una de sus manos se movió hacia la mejilla que fue bautizada por los labios de Diana, se la frotó con suavidad.


- ¿Diana?-se sorprendió a si misma llamándola, esperando alguna respuesta, se puso en pie y con pasos lentos fue hasta la cocina.

Sus verdes ojos se posaron sobre la cafetera, era evidente que Diana ya se había ido a la universidad, lo curioso era que casi había esperado poder desayunar con ella pero evidentemente no coincidían en horarios. Se preparó un desayuno a base de café y frutas, le puso algo de las sobras de la noche anterior a Lulú en su cuenco, tendría que comprarle comida de perro.

En su alcoba y con una segunda taza de café entre los dedos se dedicó a seleccionar el conjunto que luciría ese día. Escuchó una melodía que provenía de su móvil, con gestos adormilados lo tomó y miró la llamada entrante, puso los ojos en blanco al ver quien era. Descolgó.

-Hola, Lamont -saludó y se extrajo unos pantalones rosa claro de su armario. Escuchó la voz al otro lado mientras arqueaba las cejas-. Sí, ya encontré un nuevo piso -escogió una camisa blanca- si quieres nos vemos en la cafetería de la universidad, sí, te fastidias allí no ponen esas pijadillas -sonrió.

Diana frunció el ceño. ¿Qué estaba pasando allí? Por donde caminaba, había parejitas. Que si manitas juntas, que abracitos, besitos pico pico, arrinconados contra las paredes- poco de calentones...-masculló, pero en realidad sentía cierta envidia corroerle por el pecho. Todo el mundo parecía tener a alguien con quien estar y ella, sólo tenía a Kum Kum.

Incluso había chicos, sentados abrazados y si prestaba atención por los pasillos, notaba a algunas chicas hablando demasiado cerca- joo...-pareció ocultarse debajo de su gorra marrón.

Logró observar a penas entró en el salón, a su competencia más férrea: Irina Graham. Ella era la que siempre ganaba los concursos de dibujo, cursaba el último año de la carrera y ayudaba al profesor en ese taller. Si no fuera porque sería pensar demasiado mal, juraría que andaba detrás de la pequeña editora del periódico universitario. Ya la había visto salameando a Kiden. Le pateaba el hígado la gente aduladora.

Justo en ese momento entró Kiden dando saltitos en el salón para poner un enorme poster en el tablón de anuncios, donde ya daba fecha y lugar al Salón del Manga y el Anime de Vancouver. Se puso de puntillas para clavar la chinchetas, su larga trenza se agitó a su espalda mientras crucificaba el cartel para que se mantuviera sobre los demás, de hecho hizo a un lado una lista de notas y un par de anuncios de fiestas universitarias.

Juliet tomó asiento delante del chico que la esperaba en la cafetería, era como una versión suya en masculino, podían pasar por hermanos gemelos, sin embargo eran primos. Lamont era alto, de rasgos finos pero varoniles, ojos verde manzana y cabellos rubios, tenía de ese tipo de sonrisas que podía iluminar una ciudad entera y dejaba ciego cuando enseñaba los dientes bajo el cielo del mediodía.

- ¿Qué le has hecho a tu pelo? -su primo estaba tomando un café con nata y una rodaja de limón, Juliet se pregunta cómo diablos podía gustarle aquella extraña combinación.

La rubia se pasó los dedos las doradas hebras- me lo he cortado -puso un tono de aburrimiento porque eso era más que evidente.

- Ya, pero... -Lamont frunció el ceño- ¿por qué? -recordaba la espléndida cabellera de su prima que era como un manto dorado.

- Porque me dio la gana -Juliet se quitó la bufanda blanca que estaba enroscada en torno a su cuello-. Creía que un abogado en practica casi no tenía tiempo para paseos, ¿por qué querías verme?

Lamont se irguió y se soltó un poco el nudo de la corbata-. Bueno, te fuiste corriendo de casa de mi madre. Y creo que ella está arrepentida por haberle dado una patada a Lulú, creo que le gustaría que regresaras.

Juliet lo miró de forma inquisitiva, sospechando de los motivos de su primo que esquivó sus ojos y se escondió dentro de la taza-. Mentiroso -la rubia sonrió felinamente- ¿no será que ahora que no estoy yo anda buscando a un pobre desgraciado al que comerle la oreja con sus quejas todo el bendito día? -Lamont se atragantó y enrojeció levemente.

Irina se fue como una flecha al lado de Kiden, le cogió la trenza y haló, juguetonamente hacia atrás para que su cuello se arqueara. -Hola...¿no me ibas a saludar?-los ojos de tono gris azulado se fijaron como dos estacas en los de la morena. La cabellera anaranjada resbaló a un lado del anguloso rostro.

Diana revoleó los ojos y se dejó caer sobre el pupitre. Lo cierto era que sentía unos tontos celos hacia la morena. Hasta ahora era la única que le hablaba cálidamente. La única que sabía su nombre y ahora esa bruja se le insinuaba así...de seguro le pedía asistirla en la actividad.

Kiden abrió un poco la boca cuando su cara fue puesta hacia arriba, sus pupilas de tono miel se agrandaron un poco cuando vio quien había halado de ella, si hubiera sido un chico ya le estaba dando un cachete, criada con los bestias de sus hermanos no dudaba en defenderse de cualquier tonto que se creyera que porque era chiquita era un cosita indefensa y delicada.

- Ah, hola.-agitó una mano y unas chinchetas de colores salieron disparadas en todas direcciones como una llovizna.

Lamont trató de aparentar inocencia, cosa que se le daba fatal porque Juliet estaba segura de que había nacido pecador- . Ahora me encuentro muy bien. Tengo compañera de piso -sonrió al recordar el abrazado que le regaló Diana después de la cena-. A lo mejor deberías regresar con tu madre de nuevo.

-Ni hablar, esa bruja ya me martiriza llamando a todas horas y además no sabe que es la intimidad- tenía la pésima costumbre de entrar sin llamar a su alcoba, se alegraba de haberse independizado aunque no viviera con muchos lujos, su fuentes de ingresos aún eran escasas porque aún estaba en practicas.

Una de las camareras se acercó para dejar el café con leche delante de Juliet, que rodeó agradecida la taza, dejando que el calor penetrara por sus yemas. Arqueó una ceja al ver como su primo le guiñaba un ojo descaradamente a la chica.

- ¿No tenías novia?- inquirió cuando la estudiante se marchó sonrojada.

- Rompimos -aclaró Lamont, Juliet había perdido la cuenta de las chicas con las que su primo había salido.

- Querrás decir que la dejaste -al cabo de un tiempo Juliet le había pedido que no se las presentara porque si le caía bien una, a los dos meses su primo la estaba sustituyendo.

-Es lo mismo -Lamont se encogió de hombros con indiferencia.

Juliet se recostó en su asiento, frunciendo el ceño, de pronto percibió el bulto en su bolsillo trasero, era el caramelo que guardó allí. Lo sacó y se lo metió en la boca- me gustaría que sintieras lo que una mujer cuando haces eso -deseó y lo chupó con fuerza, dejando que una descarga de fresas corriera por su paladar.

-Eso es imposible -sonrió Lamont, él era un chico.

-Mmm -Juliet saboreó su dulce sin apartar sus ojos de él.

Irina besó la frente de Kiden por no ser demasiado obvia. Ella era todo lo que Diana no era. Era una líder nata, su tono de voz era sedoso pero firme, caminaba siempre con la espalda erguida y se desplazaba de forma elegante. Vestía bien y tenía dinero. Era de esas niñas de papá y mamá. Todo lo que hacía se le daba bien.

Nunca estudiaba, salvo cinco minutos antes de dar un examen y sacaba las mejores notas.Tenía un coche deportivo color bronce, vivía en casa de sus padres sólo por pereza de buscar algo propio. Le gustaba mucho salir por allí y en unos minutos sus ilustraciones se llevaban los primeros lugares en todos los concursos. Era talento natural. Diana quería desaparecer cuando Irina entraba en el mismo espacio vital.

-¿Necesitas una ayudante, Kiden?-le soltó el pelo, dejando una caricia en su cuello como al descuido. Se agachó a recoger las chinchetas pero ya tenía a dos chicos haciéndolo por ella. Se levantó de nuevo, dedicándoles una miradita coqueta a los dos atolondrados.

Kiden se frotó un poco la frente, después de varios años ya se había acostumbrado a aquellas demostraciones de Irina con ella. Al principio no la soportó porque entraba por la redacción del periódico como si fuera su propia casa, se movía como un abedul bajo el viento y era tan bonita que conseguía todos los favores de la plantilla masculina. Kiden, siendo chiquita, mulata y directa, no era del perfil de los hombres del periódico.

Cuando consiguió ganarse su puesto con méritos propios fue cuando se sintió más segura de si misma, se percató que era su miedo a ser desplazada lo que la llevaba a ser huraña, después de admitir eso para ella misma consiguió que la relación entre ambas mejorara pero aún le asombraba que Irina le prestara tanta atención.

- ¿No andas ocupada?- Irina parecía de ese tipo de personas capaces de hacer mil cosas al mismo tiempo. Observó como los chicos recogían embobados las chinchetas.

-Siempre estoy ocupada...por eso espero que aprecies mi ofrecimiento...-el tono de Irina fue sedoso y coqueto a morir. Puso su delicada mano extendida para coger las chinchetas, dejando que los chicos disimuladamente acariciaran sus dedos. Con eso no dañaban a nadie y los hacía felices.

Se las pasó a la morena y enseguida se pasó los dedos por el largo y sedoso cabello rojizo-. Quiero ayudarte...y luego te invito un café...o lo que quieras... ¿quieres, Kiden?-usaba su nombre una y otra vez, como para hacerle ver que le prestaba atención y que estaba interesada.

Diana no pudo evitar hacer una caricatura de las dos a la velocidad de la luz. Una babosa pelirroja con disfraz de lobo y una pequeñita de ojos enormes, vestida de caperucita.

Kiden se volteó y asintió con la cabeza mientras terminaba de colocar todas las chinchetas, agradecía que el color de su piel ocultara el ligero rubor de sus mejillas, Irina siempre usaba un tono tan sedoso, tan dulce que hacía que un estremecimiento recorriera su corta columna vertebral. Se percataba que donde fuera aquella peligrosa pelirroja muchas miradas se clavaban en ella con anhelo.

- Claro -aceptó, todo el mundo quería participar en el Salón pero pocos se habían ofrecido a ayudarla para organizarlo-. El sábado tengo que adecuar el pabellón y aún hay que colgar carteles por todo el campus -además ella abriría y sería de las últimas que se fueran ese día.

-Entonces me llamas...-le guiñó un ojo y le acarició la trenza descaradamente antes de volver a su puesto al lado del profesor que acababa de entrar. Cogió unas fotocopias y empezó a repartirlas por los pupitres, contoneándose lentamente. Ella nunca corría por nada ni nadie.

Diana no se molestó en tapar su dibujo y le dirigió una mirada de gato mojado a la espigada figura que por supuesto, la ignoró. Lo cierto era que Irina no tenía idea de quién era esa chica. Ella nunca prestaba atención a segundos o terceros lugares.

Kiden siguió el caminar de Irina, siempre destacaba demasiado, era natural que cualquier chica que estuviera a su lado se sintiera como una hormiguita, ella prefería considerarse una especie de virus, al menos eran más molestos que una ameba. Claro que la llamaría, siempre le vendría bien un poco de glamour para promocionar el Salón, estaba segura que algunos chicos solo irían por el placer de ver a Irina.

Sus ojos de color miel claro se posaron en la figura que estaba encogida en uno de los asientos, parecía que quisiera esconderse. La reconoció, alzó una mano y saludó a Diana mientras salía del aula.

Diana la miró de reojo, efectivamente, ocultándose, pero cuando Kiden la saludó fue como si en medio de la neblina saliera el sol. La había notado, de nuevo...entre tanta gente. No pudo evitar sonreír mucho y que sus mejillas se pusieran calientes. Sólo con eso  se sentía más fuerte ante el poder aplastante de la súper perfecta Irina Graham.

Juliet acompañó a Lamont hasta la parada de la guagua después de horas aguantando sus súplicas chantajistas para que regresara, cosa que no pensaba hacer. Casi había escupido el caramelo al darse cuenta de que se metió el rosa en la boca pero sospechosamente no tuvo calor ni tampoco le acometió un ataque de orgasmos. Suspiró, eso echaba abajo su teoría de que el dulce fue el causante de su estado el día anterior y por ello no era extraño que Diana la hubiera mirado como si estuviera loca de remate.

- Así que tienes compañera de piso -Lamont se arrebujó dentro de abrigo-. Me gustaría conocerla.

Juliet intentó no engrifarse, aquella sugerencia la irritó-. Ni hablar, no quiero que le pongas tus zarpas encima. Además mi compañera es muy tími...- se quedó callada de pronto, Lamont siguió la trayectoria de los verdes ojos de su prima y se posaron en dos chicas, una de ella era mulata y bajita, la otra delgada y alta.

Iba a decir algo cuando Juliet se giró y lo dejó solo cuando el autobús se detuvo, parpadeó, su prima iba en línea recta hacia la pareja. Los ojos de Juliet no se despegaban de la espalda de Diana, la veía muy amigable con aquella cosita oscura y de estatura ridícula.

La morena estaba emocionada. A pesar de que Kiden era alguien importante en el campus, estaba entablando amistad con ella. Y no lo iba a negar, le gustaba que le hablara aunque la intimidaba cuando se ponía tan efusiva. Venía en silencio, escuchando los entusiasmados argumentos de la editora y mirando, a su vez, que todo el mundo andaba en parejitas como en el arca de Noé. Eso la ponía de un humor especialmente amargado.

Unas manos sedosas y finas taparon los ojos de Diana y unos labios aletearon cerca de la oreja que estaba adornada por los pendientes rosas-. Adivina quién soy -sonrió Juliet y le guiñó un ojo a la desconcertada Kiden, nunca había visto a aquella rubia pero podía jurar que pertenecía al club de Irina.

En otra oportunidad, Diana hubiera practicado el famoso "pisotón de escape", con el cual hubiera dejado a la francesita con el dedo gordo a la miseria por una semana, pero a pesar de la sorpresa, el perfume inconfundible de la rubia penetró dentro de su cuerpo de forma deliciosa. Notó que hasta sus orejas se ponían como brasas y como tenía los ojos cerrados, adquirió el valor para jugar-. No sé...q...q...quien...quien? -tartamudeó, nerviosa pero no podía parar de sonreír.

Juliet rió también, regocijada, y casi la suelta pero se afianzó sobre sus pies- te doy pistas -ya para la rubia, Kiden solo era una mancha del paisaje, toda su atención estaba puesta en Diana- soy rubia, alta y... -se acercó un poco más, susurrando- me encanta que me regales caramelos.

Kiden sonrió, aún desorientada, aquella chica no era de su facultad ni de la de Diana, más bien parecía una especie de modelo con aquel cuerpo esbelto, llamativo y aquel rostro delicado donde destacaban aquellos ojos verde manzana. Lo más curioso era que conocía a Diana y se acercaba a ella con toda confianza, tiernamente.

Diana notó algo que ni con sus novios había sentido. Una especie de angustia sofocante y exquisita, circulando por su plano abdomen, acariciando las caderas y abrigándole el pecho. A pesar de lleva ropa gruesa, sentía el calor de Juliet pegado a su cuerpo y no quería que la soltara, realmente deseaba que la abrazara

-¿Y...y...eres...m...muy...muy bonita? -los labios rosados fueron mordidos con picardía. Para ese momento había un contraste poderoso entre los blancos dedos de la rubia y la piel muy rosada de aquel rostro semioculto.

Alzó sus manos y las posó sobre las de Juliet, pero sin quitarlas de sus ojos-Si e...eres fea...n...no te conozco -rió.

-PIIIP...PIIIPP... -La bocina melodiosa de un deportivo sonó alegremente- ¿Para donde vas, Kiden? -Irina ignoró por completo a las otras dos, pero su atención se desvió inevitablemente en la alta rubia extranjera. Aquello fue como si le hubiera caído un rayo. La escaneó de arriba abajo descaradamente, primero que nada, su ropa, segundo, su figura y tercero, el corte de cabello. Era una intrusa en sus dominios. Sólo se permitía una hembra alfa en ese campus.

Las mejillas de Juliet se encendieron al igual que sus verdes iris, estaba totalmente encantada con Diana, no se lo explicaba pero aquel coqueto juego entre las dos le estaba acelerando el corazón y la llenaba de una alegría que no acertaba a expresar, sólo sabía que estaba muy a gusto así, con Diana contra su cuerpo, sus manos contra las suyas.

Alzó la vista cuando vio aquel deportivo que se paraba cerca de ella, sus ojos se posaron sobre Irina y fue como si una loba viera a otra loba, frunció el ceño y enseguida sintió ganas de bufar con altivez. Antes de soltar a Diana, no pudo evitarlo, se inclinó y besó uno de los cachetes que estaban muy calientes- no sé, dímelo tú.

Quitó las manos y rodeó los hombros de Diana, abrazándola por detrás, estaba diciendo que era suya de forma sutil y elegante. Le dirigió una sonrisa indiferente y fría a Irina, parecía decir; "Ella está en mi terreno, no te metas".

Kiden sonrió, sus ojos color miel relucieron en contorno de sus oscuros rasgos. Ajena al intercambio de las dos gatas de la aristocracia, se aproximó al coche- Iba a coger la gugua para ir a mi casa -informó, estaba cargando carpetas y varios bolsos con material para el salón del manga. A pesar de ser pequeña era fuerte y por supuesto no iba pidiendo ayuda, estaba convencida de que ella podía con todo.

Irina movió su cabeza para que su majestuosa cabellera pelirroja natural, se moviera como la melena de una leona. Sus ojos grises destacaron en una mirada casi amenazadora, pero sin perder ni dos gramos de glamour. Alzó una ceja cuando vio que se abrazaba a la morena. No tenía idea de quién era y con más razón le extrañó que le enviara ese mensaje subliminal, que solo dos depredadoras sabían dar.

Alzó el mentón de forma orgullosa y lentamente apartó la mirada como diciendo: "tengo mejores cosas que hacer".

-Pues no tomas ninguna de esas cosas. Yo te llevo, sube...-le abrió la puerta a la morenita, dedicándole una sonrisa encantadora, demostrando de paso que era perfecta.

 ( jamás iba a admitir que usó ortodoncia hasta los dieciséis).

Diana estaba casi como ida. Ese beso en la mejilla la sumió en una especie de nube rosa, vaporosa y tibia. Tenía los ojos velados, como una fiera anestesiada- Si...eres bonita...Juliet -le dijo con voz ronca y mimosa.

Los ojos verdes se desviaron de Irina, ya la estaba ignorando con toda la calma del mundo porque de pronto en su corazón parecieron sonar tambores de guerra cuando las palabras de Diana llegaron hasta ella. No acertó a moverse por miedo a que la morena emprendiera una de sus huidas o la mordiera- tú también -admitió temblorosamente, era la primera vez que se lo decía a otra chica.

Uno de sus dedos rozó delicadamente el lóbulo de la oreja de Diana, haciendo que el pendiente cogiera algunos rayos de sol para relucir con más fuerza.

Kiden dudó, nunca había subido al coche de Irina pero en muchas ocasiones había visto como paseaba por el campus con él. Pero hoy iba muy cargada y además el autobús universitario siempre estaba lleno hasta los topes. Subió al auto, tratando de no ocupar mucho espacio con sus bultos, algo avergonzada, no quería enseñarle donde vivía a Irina, se imaginaba que para ella sería un sitio feo y sin demasiado glamour. Le pediría que la dejara en una esquina de su calle.

-Tatay...-Irina saludó sólo por molestar a Juliet. Arrancó y puso música enseguida, pero no aceleró mucho. La idea era que admiraran su automóvil y a quien llevaba en él. Kiden le gustaba. Quizás no destacara por su belleza, pero si era inteligente, atrayente y era tan chiquitita que le daban ganas de raptarla. Le encantaba.

Diana pareció volver a la realidad cuando se fueron alejando aquellas dos y entonces ya no supo qué hacer. Juliet la abrazaba y ella solo quería pegarse más, abrazarla también. Al mismo tiempo luchaba por no reír de pura felicidad, porque lo que le dijo se clavó en su corazón y no lo dejaba latir bien; saltaba y se bamboleaba con furia dentro de su pecho.

Juliet era más linda que Irina, de eso estaba segura. Tan atolondrada estaba que ni pensó en Kiden. Si Juliet no hubiera estado, hubiera sufrido al ver que se la llevaba y la privaba de su compañía-. ¿Qué haces por aquí?-preguntó, pero sin moverse para nada.

Juliet arqueó las cejas y sonrió.- Mi primo vino a verme -comentó con suavidad- pero yo no quiero regresar a casa de mi tía -suspiró profundamente, sintiendo que su corazón halaba de aquella forma que una vez sintió, solo una y ahora de nuevo se estaba repitiendo pero con quien jamás hubiera imaginado- me gusta estar contigo -aclaró directamente.

Algunos estudiantes pasaban a su lado y las miraban pero Juliet ya estaba acostumbrada a ello, que la observaran fijamente o con disimulo no era nada nuevo para ella- ¿Ya has almorzado?- una de sus manos se alzó y la detuvo porque estuvo a punto de tocar todo el costado de Diana.

-No... ¿comemos?- Diana jamás creyó estar tan acalorada en su vida. Tenía ganas de quitarse incluso la piel. Las mejillas ardían demasiado y odiaba tener que moverse y separarse de la rubia. Ya no notaba a nadie más. Si todos o ninguno andaban de a dos, ya no le interesaba porque ahora ella estaba con alguien y se sentía demasiado bien, podía sentir un aroma a frutillas embriagador.

- Claro, estoy hambrienta - pero Juliet no se separó, se quedó un minuto más, en completo silencio, comprobando para ella misma que aquella oleada de calor, de emoción no era pasajera, que no era un antojo y al tiempo confusa, eufórica y mimosa. Poco a poco, fue separando las manos del cuello de Diana, dejándola ir contra todas sus deseos de retenerla-. Invito yo.

La morena asintió y disimuladamente colocó su cabello detrás de la oreja, mostrando que se había puesto los aretes mientras echaba a andar al lado de Juliet. Con el revés de la mano se tocó las mejillas ardiendo- menos mal que tu primo ya se fue...-dijo con un tono posesivo que no se molestó en ocultar. Si lo llegaba a ver lo mordía.

Juliet asintió, una ligera brisa movió los dorados cabellos en torno a su rostro y sonrió.- es un pesado llorica y pijo -lo cierto era que lo quería pero debía de admitir que con las chicas era un auténtico capullo- y un peligro para las mujeres -enseñó los colmillos que parecieron crecer- por eso nunca te lo voy a presentar -concluyó como si fuera muy evidente por qué lo decía.

Diana se rió, porque Juliet era pija también, solo que estaba descubriendo que le gustaba estar con ella- pero yo si me sé cuidar...-le aclaró y se le colgó del brazo. Cuando Diana iba cogiendo confianza era muy toquetona. Recordó que aquella mañana casi le da un beso y notó como si los labios le ardieran, le hicieran cosquillas como buscando repetición.

Entraron a la cafetería y Diana se llevó a la rubia junto a la ventana. Era una mesita para dos, así se aseguraba que nadie viniera de intruso a interrumpir su almuerzo. Puso su mochila en la silla- deja tu bolsa y vamos a ver qué comemos.

Juliet se asombró por aquel gesto, no lo había esperado pero le gustó que lo hiciera, que se atreviera a ello. Las primeras veces Diana le dio la impresión de ser arisca, salvaje y de hecho cuando discutieron estuvieron a un paso de agarrarse de los pelos, pero aquello parecía muy lejano cuando la morena estaba cerca de ella. No quería pararse a analizar nada, ella era del momento, ni pasado ni futuro, sólo ahora.

Puso la bolsa en la silla y dejó la gran carpeta apoyada contra la pared. La cafetería era amplia, de forma circular y servían distintos menús para los estudiantes y otros platos que no fueran de demasiada elaboración. La rubia no movió el brazo del cual se colgaba Diana, así esperaba darle más seguridad con respecto a su cercanía.

- ¿Pizza? Me salto la dieta por ti -se encaminó a larga barra donde se pedía la comida.

-No tienes que hacer dieta...-le sonrió y miró lo que había mientras se mordía los labios con algo de fuerza. Al menos, si ella tuviera el cuerpo de Juliet no volvería a comer una lechuga en su vida. De nuevo y como un flash se le vino a la mente la rubia de espaldas con aquella tanguita de encaje rosa- Peppe...roni -la estaba mirando a los ojos ahora.

La rubia se quedó mirándola, tratando de unir las palabras- ah, pepperoni -asintió, ¿por qué diablos le resultaba tan encantador que balbuceara? En un chico lo hubiera encontrado una debilidad insoportable pero en Diana se convertía solo en algo más que la llenaba de ternura, que hacía que le entraran de ganas de abrazarla como un peluche.

- Yo una vegetal - le hizo un gesto a uno de los camareros y la encargó. Alzó un dedo y con suavidad siguió el contorno de uno de los resplandeciente ojos de Diana- no has dormido mucho -le recriminó.

La morena negó sin decir nada, pero sonreía como encandilada. No entendía nada de lo que estaba recorriendo los rincones escondidos de su corazón. Ella no era tan dócil nunca ¿qué estaba pasando?

-No...no dormí nada...pero hoy...hoy duermo un rato a la tarde -ya no la miraba porque si no se trababa de nuevo- estaba dibujando una cosa... ¿qué estudias tú? -no se lo había preguntado. En realidad casi no sabía nada de Juliet.

La rubia se apoyó contra la madera, esperando su pedido- estudio diseño industrial- informó y luego se irguió- espero que duermas una buena siesta -sonrió- ¿y tú? -se podía imaginar que era algo relacionado con el arte.

-Bellas Artes...-jugaba con su cabello, enroscándolo entre sus largos dedos- pensé que estudiabas diseño de modas o algo así -la miró de reojo y atrapó un mechón de cabellos con los labios, jugando.

Les entregaron sus pedidos e hicieron a fila para pagar-. Tienes un tono muy lindo... ¿de dónde eres?

- De Francia, parisina -sus ojos se prendieron de Diana al tiempo que sacaba su cartera para pagar los dos menús- doy esa impresión, ¿verdad?-se imaginaba que esa era la idea que todo el mundo se hacía cuando la conocía la primera vez pero tampoco era extraño dada su forma de vestir y comportarse.

-Si...-la morena se movió, sin dar mayor opinión porque aún no la conocía bien. No sabía por qué se sentía tan atolondrada, sólo era un almuerzo corriente con su compañera de piso, pero se sentía extrañamente reconfortada, como si estuviera siendo halagada de alguna manera. Se sintió bella.

Se sentó, notando las manos algo temblorosas porque ahora, teniéndola de frente no sabía si debía callarse o llenar el espacio que las separaba de palabras para no sentirse incómoda. Era de lo peor para hablar cara a cara. Miró alrededor, seguía notando parejitas por doquier, entonces miró a Juliet y sonrió levemente. Menos mal que no le leía la mente.

Juliet desechó los cubiertos de plástico y tomó un humeante trozo de pizza entre sus dedos, dejando un rastro de queso amarillo que lo unía a las demás porciones. Miró en torno suyo y se percató de que en la cafetería se estaba respirando un ambiente amoroso hasta ser empalagoso.

- ¿Es cosa mía o... hoy todo el mundo anda de manitas? -comenzó a comer con tranquilidad-. Hoy no es San Valentín, ¿verdad?- porque si era así ya no poseía el encanto de antaño porque ese mes no paraba de recibir bombones e invitaciones.

-No....-contestó la otra empezando a comer- falta para esa fecha...y sí, había notado que todo el mundo anda en yunta...-masticó despacio, tomándose su tiempo- ¿Tienes novio en Francia? -evitó, como siempre el mirarla para que no se le notara que de verdad le interesaba saber aquello. Como si tuviera alguna oportunidad mágica por el hecho que le dijera que no.

El queso se enredó entre los dedos de Juliet que los chupó sin hacer demasiadas concesiones a la buena educación, ella no creía en los modales cuando se estaba comiendo una grasienta pizza en una cafetería universitaria-. No, rompimos cuando me fui -se encogió de hombros y se inclinó hacia delante, sus verdes iris relucieron- ¿y tú?

Diana pareció notar que la miraba y la miró un microsegundo antes de poner sus ojos en cualquier otro sitio. No pudo evitar reírse por esa pregunta descabellada-. No...yo no - no aclaró nada más. No quería saber de chicos por el momento, pero ni muerta le iba a confesar que pensaba en una chica a veces. Se preguntaba si serían más fieles que sus ex novios. Suponía que si.

Quizás a la noche encontrara un mensaje en el buzón del foro del cual era miembro hacía a dos años. Al menos allí no era un punto en medio de la nada-¿hace cuanto estás aquí?...-lanzó como al descuido. Se imaginaba que ella enseguida encontraría a alguien con quien andar. Igual que Irina, no le faltarían ofertas.

- Hace seis meses -aclaró y se recostó un poco, dejando la mitad de la pizza en el plato- ¿y tú? ¿Eres de aquí? -ahora que lo pensaba, Diana era muy cerrada, demasiado celosa de su intimidad. Era una buena oportunidad para saber un poco más acerca de ella aunque no parara de esquivar sus ojos, no sabía si por timidez  o porque simplemente no estaba interesada en mirarla a la cara.

-No...me gané una beca...-siguió comiendo, muy despacio pero ella sí se acababa todo el plato. Jamás dejaba sobras. Era la reina de las golosas-¿Cuánto tiempo te vas a quedar? -pregunta fundamental.

Juliet sonrió y extendió un brazo, sus dedos se posaron bajo la barbilla de Diana, haciendo que alzara la cabeza para ver su rostro con claridad- hasta que me eches -puede que hoy, mañana o puede que nunca. ¿Quién podía saberlo? Diana era imprevisible.

La morena la miró directo a los ojos y fue como si una mano de uñas largas le hiciera cosquillas junto sobre el músculo palpitante dentro de su pecho. Dejó de masticar, sorprendida pero muy dócil. Parpadeó un par de veces hasta que la efervescencia  en su abdomen subió y coloreó sus mejillas de forma brusca.

Masticó despacio, como si, al hacerlo en cámara lenta, no se notara que seguía comiendo, turbada. Tragó y su boquita rosada fue humedecida por la lengua rápidamente- eso...q...quédate...-balbuceó.

La rubia parpadeó, aquel rubor, aquellos ojos y la boca relamida, todo aquellas gestos tiernos, inconscientes lograron que un túmulo de emociones y sensaciones se deslizaran por todo su cuerpo y lograran que su corazón saltara con una especie de música que estaba resonando dentro de su cabeza.

-¡Que linda eres! - no se contuvo, echó la silla atrás que sonó con un escandaloso chirrido metálico y se inclinó hacia delante, sus pechos casi se aplastaron contra las porciones de pizza cuando abrazó a Diana por encima de la mesa.

Ella se quedó petrificada, sorprendida por aquella explosión de afecto y aunque estuvo tentada de corresponderle enseguida, tenía las manos grasientas y no quería ensuciarle la ropa- Julieeeet...-gimoteó a modo de reproche, pero con un tono inconfundiblemente mimoso y se arrebujó con la cabeza un rato, sonriendo y aprovechando hasta el último segundo para sentir su aroma y los rubios cabellos juguetear contra sus labios.

Nadie les prestó mayor atención, pero la morena sentía que se incendiaba de pie- te ensucioooo...-murmuró entre suaves risas.

Juliet se separó poco a poco, sonriendo, poco le importaba su ropa siempre se podía lavar y ella era un monstruo sin corazón en las rebajas, no sabía  el por qué pero no podía dejar de mostrarse tierna, atenta y mimosa con Diana. Era como si de pronto el mundo de hubiera reducido a generar aquella sonrisa luminosa en los rosados labios o que intentar una y otra ver que aceptara sus abrazos por un prolongado lapsus de tiempo.

- ¿Nos vamos a casa? -ella también quería dormir una siesta, se asemejaba a un gato cuando era invierno le encantaba perderse entre los cobertores y ovillarse bajo ellos- Tienes que dormir -dentro de unas horas Diana parecería un zombi.

-Sip...-la morena  se metió el último pedazo de pizza en la boca, se puso de pie y antes de colocarse la mochila buscó dentro unas toallitas húmedas para limpiarse las manos mientras iban de salida. No había tenido el coraje de tomarle del brazo de nuevo, pero iba feliz, comiendo y pensando que Juliet le había alegrado el día con su compañía y sus mimos-¿Mh?- palpó algo extraño y lo extrajo. Era la bolsita de caramelos.

-Pero...cómo...

Juliet se giró y sus ojos abrieron ligeramente al ver el reflejo dorado entre los dedos de Diana- pero...-sus dedos apresaron los de la morena haciendo que los abriera- creía que me los habías regalado.

-¡Y te los regalé! -se excusó enseguida. Ahora sí la miraba a los ojos, buscando que le creyera, pero todas las pruebas apuntaban a lo contrario. No podía decirle que le había robado uno esa mañana, quedaría peor- toma, toma... no sé que...qué...-casi hiperventilaba. No tenía explicación. No era sonámbula, tampoco cleptómana... ¿o si?

Juliet miró la bolsita y luego a Diana, recordaba haberla dejado bajo la almohada, eso quería decir que la morena había entrado en su dormitorio y se los había llevado, a ella no la dejaba traspasar el umbral de la puerta de su santa santorum pero si se permitía allanar el suyo para llevarse unos caramelos.

- Mejor te los quedas -se los devolvió, parecía que le quemaban los dedos.

Diana se paró en medio de la calle. Notaba esa mirada y le dolía. Cogió los caramelos, no quería saber qué podría estar pensando Juliet.-Tengo que...que...ir a la...b...b...-suspiró y notó como un nudo crecía y apretaba su garganta hasta casi ponerle los ojos acuosos- t...tarea...-articuló casi con rabia y salió disparada en sentido contrario. No quería regresar con ella si la miraba así. Al otro lado de la calle lanzó los caramelos al bote de la basura- m...mmmm...mierd....da -prendió un cigarrillo a las prisas y se dirigió a cualquier sitio menos a la biblioteca.



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4 comentarios:

  1. pero que o.O jaja me perdí en lo ultimo, como llegaron los dulces ahí? será que desearle un "mal" a alguien tiene efecto "espejo?" esas lobas mmm sería interesante un acercamiento del tercer mundo entre ellas jajaja

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  2. ya quiero ver cual es el verdadeero poder escondido de los caramelos jajajaa la pareja de julieth y diana es muy interesante, tierna.. me encanta la historia,,

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  3. jajajajajaja asi q el caramelito va hacer sufrir al pobre primo lamont, d quien se interesara d Diana? e.e vamos a ver q le hace el caramelo

    Nueva parejita interesante KidenxIrina

    Wow me sorprende, q gran acercamiento entre Diana y Juliet, jeje fue bonito, lastima q no duro hasta el final :( .. vamos a ver como se rencocilian

    Quierooooooooooo capi ejjeej =D

    me sigue interesando esta historia

    Faith ;) no te olvides d las Desventuras d Taylor =D ..Sigo esperando actualizacion ^^

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  4. Lo he sentido cortísimo!!!! necesito más!!!.... Me encanta como se ponen Juliet y Diana!!! y esa parejita inesperada de Kiden e Irina, no creí que fueran en serio!!! Espero la continuación y como @Katty Sanz dijo, también la actulización de las Desventuras de Taylor!!!

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  1. pero que o.O jaja me perdí en lo ultimo, como llegaron los dulces ahí? será que desearle un "mal" a alguien tiene efecto "espejo?" esas lobas mmm sería interesante un acercamiento del tercer mundo entre ellas jajaja

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  2. ya quiero ver cual es el verdadeero poder escondido de los caramelos jajajaa la pareja de julieth y diana es muy interesante, tierna.. me encanta la historia,,

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  3. jajajajajaja asi q el caramelito va hacer sufrir al pobre primo lamont, d quien se interesara d Diana? e.e vamos a ver q le hace el caramelo

    Nueva parejita interesante KidenxIrina

    Wow me sorprende, q gran acercamiento entre Diana y Juliet, jeje fue bonito, lastima q no duro hasta el final :( .. vamos a ver como se rencocilian

    Quierooooooooooo capi ejjeej =D

    me sigue interesando esta historia

    Faith ;) no te olvides d las Desventuras d Taylor =D ..Sigo esperando actualizacion ^^

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  4. Lo he sentido cortísimo!!!! necesito más!!!.... Me encanta como se ponen Juliet y Diana!!! y esa parejita inesperada de Kiden e Irina, no creí que fueran en serio!!! Espero la continuación y como @Katty Sanz dijo, también la actulización de las Desventuras de Taylor!!!

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  1. pero que o.O jaja me perdí en lo ultimo, como llegaron los dulces ahí? será que desearle un "mal" a alguien tiene efecto "espejo?" esas lobas mmm sería interesante un acercamiento del tercer mundo entre ellas jajaja

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  2. ya quiero ver cual es el verdadeero poder escondido de los caramelos jajajaa la pareja de julieth y diana es muy interesante, tierna.. me encanta la historia,,

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  3. jajajajajaja asi q el caramelito va hacer sufrir al pobre primo lamont, d quien se interesara d Diana? e.e vamos a ver q le hace el caramelo

    Nueva parejita interesante KidenxIrina

    Wow me sorprende, q gran acercamiento entre Diana y Juliet, jeje fue bonito, lastima q no duro hasta el final :( .. vamos a ver como se rencocilian

    Quierooooooooooo capi ejjeej =D

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