20 de junio de 2013

Cupid candy sugar free (3)

Aclaraciones: esta historia fue escrita por Tensai Sama, una chica que nos permitió amablemente publicar su obra en este sitio. Disfrútenla.


Capítulo 3
¿De qué quieres cenar?


Después de su ritual de ducha helada, se sirvió el café recién hecho y se fue envolviendo en sus abrigos varios, con el pelo húmedo. Apagó una olla que tenía al fuego para que la rubia se bañara. Iba a dar una carrerita hacia la conserjería para pagar los servicios básicos. No lo iba a admitir, pero le daba pena que la pijita se bañara con agua helada.

Golpeó su puerta. -¿Te vas a duchar?-habló fuerte mientras se ponía el gorro de orejas y bebía su café.

La puerta se abrió con un crujido ominoso y mostró a Juliet con ojeras en torno a sus iris de tono manzana, su camiseta arrugada por encima del ombligo, las braguitas de encaje y los gruesos calcetines rosas. Miró a Diana como si no la reconociera, con la vista un poco nublada y luego se fijó en el café- caféeeee  -su tono fue el que usaría un zombi con acento francés- caféeee -avanzó un paso hacia Diana.

La morena retrocedió. -Dúchate -se giró sobre su taza, riéndose por ese tono que usaba-Hay una olla con agua caliente...hasta hoy a la noche no tenemos termo...-avanzó protegiendo su café- me voy a la U...a ver ¿qué tienes que hacer ahora?-quiso asegurarse que no se fuera a dormir de nuevo.

Juliet la siguió, restregándose los ojos, todos sus pelos estaban erizados, como siempre- compraré unas sábanas y unos cobertores -anunció con un bostezo, mostrando sus blancos dientes- una compra y luego yo también iré a clase -fue hasta la olla para verificar que el agua aún estaba a buena temperatura.

Por la noche se volvería a duchar, le daba pereza tenerlo que hacer con un caldero, pensaba que se echaría a temblar de frío cuando estuviera desnuda en medio de la tina y no creía que pudiera darse el lujo de que fuera una ducha larga, de esas que a ella le gustaban porque se ponía dos cremas distintas en el pelo y se exfoliaba con guante de crin.

-¿A que hora regresas?

-Te preguntaba para saber si estabas despierta...te tienes que bañar...-se acomodó su sombrero y corrió a fregar la taza. De regreso se colgó su extraña mochila al hombro y un tubo plástico bastante largo- no sé a qué hora regreso...pero le voy a pagar las cuentas para que haya agua caliente -cogió sus llaves- ah...-regresó y sacó una copia- no la pierdas -la miró a los ojos.

Juliet cogió las llaves y luego escrutó a Diana, sonrió cuando se fijó en aquel ridículo gorro que iba en contra de todos los preceptos de la moda. -Dame tu número de móvil -pidió, se volteó, entró en el dormitorio para coger su diminuto aparato- así si pasa algo estaremos en contacto.

Los ojos cafés de Diana se clavaron, irremediablemente en las largas piernas y obviamente en el trasero. Sintió envidia, tenía un cuerpo muy bello. "Y encima con tanga", pensó, algo venenosa. Se hizo la loca y no miró más. Odiaría si empezaba con esas tonterías de las películas de estudiantes, donde las típicas niñas lindas, eran estúpidas, huecas y sólo sabían pasearse semidesnudas y pedir al estúpido protagonista

"¿Me puedes prender el sujetadooor?"

- ¿Hola? -Juliet le haló de unas de las orejas del gorro, levantándola para dejar aquella bonita oreja a la vista-. Te pedí el número -parecía que durante unos instantes Diana había desconectado del mundo real, alzó uno de aquellos largos dedos y le rozó el lóbulo de la oreja- ¿por qué no usas pendientes?

-P...p...porrq...q...q -se fue poniendo muy roja a una velocidad delatora. Diana tartamudeaba cuando estaba nerviosa. Esa era una de las razones por las que prefería el mundo virtual, donde podía ser quien quisiera sin miedo. Con los dedos no se tartamudeaba.

Se bajó el cubre oreja con los ojos casi acuosos y se alejó como quien no quiere la cosa para buscar un cigarrillo. Fumando se le pasaba todo. Lo encendió con dedos muy seguros, dedos de dibujante. Sacó un papelito y escribió con aquella letra redonda su número. Se giró y se lo dio, evitando sus ojos, pero fue peor porque su mirada se fue directamente al triangulito de la perdición. Volvió a mirarle a los ojos.

Los verdes ojos se dulcificaron cuando escuchó como se trababa con la lengua, extrañamente aquello la enterneció porque no recordaba cuando otra persona había tenido un gesto tan encantador y al tiempo tan inusual en una persona adulta, de nuevo se le antojaba que era una niña en cuerpo de mujer.

Su mano se movió y la cogió de una muñeca- dos minutos...-la haló a su dormitorio despreocupadamente. Todo estaba desordenado, los abrigos sobre la cama y muchas prendas en el escritorio y el armario abierto de par en par donde unos vestidos ya estaban ocupando algunas perchas.

La hizo sentarse sobre una chaqueta peluda blanca- espera -fue hasta la mesilla de noche y abrió el cajón, sacó un gran joyero. No sabía ni por qué estaba haciendo aquello, quizás porque le pareció tierna, la voz temblando, los ojos rehuyendo los suyos, tímida y cabezona al mismo tiempo. Nada artificial, a lo que estaba acostumbrada ella.

Abrió la cajita y sonó una suave melodía- mmm...esto no - apartó los pendientes grandes y cogió unas dormilonas, unas muy pequeñas en forma de flor, el centro era una perlita y los pétalos rosas- mira...-alzó de nuevo la orejera y lo puso contra el lóbulo- te quedan bonitos.

Diana se quedó muy quieta, observándola. Apretó los labios con ansiedad. Le resultaba demasiado turbadora la cercanía de la rubia. Sobre todo porque andaba con el culo al aire. Además no estaba acostumbrada a tanta atención. Por algo se vestía como lo hacía. Le agradaba pasar desapercibida. Si alguien la notaba entre la multitud, entonces era alguien especial, como ella buscaba.

-N...no uso...a...aros- aclaró innecesariamente. Además ni se veían con su gorro. Dio unos pasitos hacia atrás. Juliet parecía emitir un aura rosa.

Juliet la escrutó, no lo entendía, ¿qué había de malo en usar unos pendientes como aquellos? -no tengo sida si es eso lo que te preocupa- podía ser que por eso no los aceptara- oh, vamos -se puso en pie para acortar el espacio que las separaba, dispuesta a que los aceptara- te los pongo...-alzó los dedos.

La morena se quedó quieta, impresionada. El cigarrillo se consumía entre sus dedos y por un breve instante de idiotez, sintió como que le importaba de verdad a esa chica. " Y yo con aliento a cigarrillo"- apretó los labios para que no escapara el olor a tabaco. Se preguntaba si entre los Cupid Candy habría uno de menta.

Juliet se situó frente a ella, por suerte Diana no era ninguna bajita, era casi de su altura, lo que permitía que sus ojos se miraran de frente. Le alzó una de las orejeras, con delicadeza le puso uno de los pendientes, vigilando que no apretara, después pasó a la otra y se le colocó el otro par. Alzó ambos lados del sombrero, admirando el resultado porque aunque era un detalle pequeño parecía iluminar el rostro de Diana-. Mírate -le sonrió.

Ella asintió y salió del cuarto para verse en el espejo del baño. Levantó las orejeras y se examinó con severidad. Realmente no tenía cara para llevar aros... ¿o si? Tiró el cigarrillo en el inodoro y salió a pasos lentos. Se puso sus lentes y saludó a la rubia, algo preocupada porque no era su estilo y no entendía cómo se había dejado poner unas cosas así en sus orejas.

-Gracias...-se le había olvidado el nombre, así que le sonrió- que no se enfríe el...el agua...-sacó la bolsita dorada-¿quieres?

Juliet fijó sus ojos en la bolsita, dentro se podía ver unos caramelos que brillaban como joyas- claro -alargó la mano y cogió uno rosa, lo olió- vaya -nunca había sentido nada igual, realmente era como inhalar la fragancia de una cesta de fresas.

-Son unas muestras tontas...que conseguí...dice que...que...-inspiró para calmar el leve intento de tartamudeo-. Sabe a...a...-de nuevo se estaba poniendo como camarón cocido- c...cosas que...de...deseas -se echó a reír de los nervios y por lo tonta de esa propaganda- cuentos...-sonrió y se dirigió a la salida.

Juliet cruzó las piernas sobre la cama y miró fijamente el caramelo- mmm...-se lo metió en la boca y el sabor le arrancó un suspiro de placer, eso le recordó que llevaba mucho tiempo sin sentir un orgasmo o varios en un solo día. Se echó en la cama, chupándolo contra su paladar con los ojos cerrados, concentrada en las fresas, estaba tan a gusto que no se percató que su cuerpo comenzaba a elevar la temperatura a medida que lo consumía.

Por su parte, la otra chica bajó por las escaleras a toda velocidad, aporreó la puerta del encargado. Le pagó antes que el hombre pudiera siquiera hablar y salió como una brisa hacia la universidad.

Recién al mediodía, se dio un descanso. Había entregado unas tiras cómicas, estilo manga en el periódico del campus. Siempre, cada día, se ponían los diferentes trabajos de los alumnos. Esperaba que en la edición del fin de semana, publicaran sus creaciones. Hasta el momento, solo había logrado aparecer en cuatro o cinco ocasiones. Los graduandos siempre eran los que tenían no sólo más técnica, sino más contactos.

Se quitó la gorra y entre sus cabellos, las orejitas emitieron un brillo rosado.

Una figura con una larga trenza se acercó a ella, una chica que vestía con unos vaqueros y una abultado polar negro que con su escasa altura la hacia ver como una especie de cría de oso negro. La nariz que asomaba por encima de la bufanda naranja, la tenía roja por el frío pero apenas se notaba porque era mulata y unos ojos de tono miel, muy claros brillaban en el rostro redondo y de rasgos pequeños.

Era Kiden, estudiante de periodismo que trabajaba en la revista de la universidad como editora y redactora pero en un segundo puesto, conocía a Diana no de solo verla por aulas que hacían de oficina de los estudiantes que llevaban la publicación, el primer contacto fue en el Salón de Manga de Vancouver. Ella era un de las más fervientes organizadoras y siempre estaba pendientes de todos los detalles de la convención.

- Hola -la saludó con una deslumbrante sonrisa, sus blancos dientes resultaban un gran contraste con su morena piel, portaba un gran vaso de café en una de sus manos- ¿puedo? -señaló el sitio libre al lado de la morena.

Juliet se bañó tarde pero no sintió que el agua estuviera ya fría porque su cuerpo estaba ardiendo, de hecho se sentía estupendamente, no percibió que Lulú ni se acercaba porque estaba apestando a fresas y despedía una especie de neblina rosada en torno suyo. Se vistió, arqueo las cejas al ver que sus rozados pezones estaban duros, erectos y muy sensibles a cualquier roce, incluso con la tela del sujetador. Se dirigió a una tienda de textiles para comprarse las sábanas.

Diana asintió, seria, pero con ganas de hablarle. Mezcló salsa de tomate y mayonesa de unos sobrecitos y lo esparció sobre la redonda carne caliente, puso el pan encima y comenzó a comer su hamburguesa con gestos golosos. Su mandíbula se marcaba profundamente mientras masticaba. Miró de reojo el tubo con sus bocetos.

Kiden comenzó a beber algunos sorbos de su café con cara de satisfacción como una verdadera adicta a la cafeína- ¿Participas este año en el salón?-le sonrió con un brillo casi fanático en los ojos- este año vendrá más gente, será algo grande. Puedo guardarte una mesa para ti -le gustaban los dibujos y las historias de Diana.

Juliet se llevó una mano a la frente, llevaba unos veinte minutos mirando sábanas, pensaba comprar dos juegos y edredón, de esos que llevan plumas por dentro, que son esponjosos y abultaban mucho. Pero le estaba comenzando a doler la cabeza y de hecho le daba la impresión que tenía fiebre.

Se movió entre los estantes, algo mareada, sin percatarse de que tanto ojos masculinos como femeninos estaban posados en su alta y esbelta figura, se movía de forma elegante y los rubios cabellos enmarcaban aquel rostro que podía ser frío, distante pero al tiempo insolente, bello y pícaro. Tropezó un poco con sus propios pies calzados en altas botas de aguja y se apoyó en unos de los estantes, dejando caer todo su peso.

- Qué calor... -sus dedos largos, con fina manicura fueron al cuello de su camisa, desabotonó uno más, se estaba sintiendo sofocada. De pronto escuchó un sonido extraño, parpadeó y cuado levantó toda la cabeza, abrió mucho sus luminosos ojos cuando un alud de cojines se le echaron encima en forma de cascada multicolor.

-¿Está bien?-uno de los dependientes de la tienda, la ayudó a ponerse de pie, recogiendo los cojines a toda prisa para que no le fueran a regañar. Había estado atento a Juliet desde que entró. Y no era el único, algunas vendedoras, sin saber la razón, la observaban cada dos por tres.

Diana asintió, relamiéndose los labios brillantes y de un rosa oscuro. Esperó tragar bien y no tener ni un resto de hamburguesa en la boca antes de hablar-si...si no es molestia...toda una mesa para mí...será genial -la miró de reojo y se subió los lentes por el puente de la respingona nariz.

Conocía bien a Kiden, como casi todos en el campus. Era muy emprendedora. Algunos la catalogaban de intensa. Diana sabía que ella llegaría lejos y, secretamente se sentía opacada por su personalidad. Claro que nunca lo iba a confesar-. A ver si vengo alguna cosa...-murmuró y miró fijamente su comida, pensando. Ya no le apremiaba pagar el agua, ni temía que le cortaran la luz. Quizás ahora pudiera hacer algo menos comercial y volver a su trabajo original. Se sentiría más feliz.

La mulata asintió, terminó su café, arrugó el cartón del recipiente y con una puntería envidiable lo lanzó en forma de bola a una de las papeleras cuyo contenido se reciclaba todas las semanas. Era decidida y tenía carácter, sobre todo porque era la única chica de cinco hermanos varones y desde pequeña estaba acostumbrada a imponerse para que no la dejaran atrás, ya fuera porque era mujer o porque era pequeña.

- Genial -abrió su carpeta y sacó una lista, apuntó el nombre de Diana- sería estupendo que expusieras dibujos y alguna de tus historias, podrías vender -ella creía que cuando se estaba apasionado por su trabajo podía lograr grandes metas.

Juliet se puso en pie, todo su rostro estaba muy rojo, se mordió los labios con fuerza, hundiendo sus blancos diente en los jugosos gajos- gracias...-inspiró y sintió algo tremendamente familiar, sus pupilas se dilataron, su respiración se aceleró, notó un remolino de fuego en su abdomen, subiendo, subiendo...- estoy...ahhhh...mm...-emitió un gemido desgarrado cuando el orgasmo se abatió sobre ella allí mismo, en el centro del pasillo.

Todas las cabezas giraron al unísono hacia la rubia. Algunas mujeres mayores miraron con reprobación al vendedor. "Degenerado", "sinvergüenza"... se escuchaba a penas.  El hombre, en cambio, estaba completamente concentrado en Juliet. Aquel gemido despertó toda esa vena animal dentro de él y hubiera dado cualquier cosa por arrastrar a la rubia al baño o al depósito y tener sexo con ella. La deseaba -¿Quieres sentarte un momento?- probó suerte y no esperó respuesta, la fue llevando a la parte de atrás.

Diana asintió pero ya no habló. No era demasiado buena hablando. Quizás si hubiera conocido a Kiden en Internet, le hubiera tirado los tejos, tenían cosas en común, pero en persona prefería las distancias. Tal vez era demasiado tímida...- Prepararé algo bonito-le seguro y siguió comiendo con las mejillas algo rosadas. Iba a regresar temprano para ponerse a dibujar.

Kiden asintió, saltó de la banca, casi parecía botar porque aquel abrigo la hacía parecer una bolita-. Me gustan tus pendientes -se había fijado enseguida en ellos porque era la primera vez que veía a Diana con unos y le quedaban lindos, iluminaban las mejillas sonrosadas.

Juliet parpadeó y deshizo de la mano del hombre, disgustada, aquello no era normal, sus braguitas estaban ligeramente empapadas. Se irguió, sus ojos verdes relucieron entre las chipas del orgasmo y el desconcierto por lo que acababa de suceder-. Estoy bien -logró  que la voz no le temblara, de nuevo sentía la ola de calor en el abdomen.

Casi corriendo regresó al pasillo, cogió dos juegos cualquiera de sábanas y fue hasta la caja, todo el mundo la miraba y era muy consciente de ello. "No, por favor, aquí de nuevo no". Le extendió la tarjeta de crédito a la cajera, sin mirarla porque estaba tratando de controlar su cuerpo, que por cuenta propia estaba decidiendo tener orgasmos - mmm...cóbrese...-jadeó

Diana notó el calor en sus mejillas. No era porque fuera kiden especialmente quien se lo dijera. Era porque alguien lo hubiera notado. La miró a los ojos, preguntándose qué chico se atrevería con alguien así- me los pusieron...-se chupó los dedos largos y de uñas prolijamente cortadas.

Se puso de pie. La mulata le llegaba a la altura del pecho- see ya...-saludó y se puso su gorra, ocultándose de nuevo cargando mejor su bolsa para ir a casa.

Juliet tuvo otro orgasmo justo cuando estaba esperando que el semáforo que se pusiera en verde para los peatones, todos los que estaban torno suyo la miraron y luego apartaron la vista, turbados y violentos, las madres arrastraron lejos a sus hijos de aquella ninfómana.

Pero después del segundo vino un tercero en el ascensor, éste fue más intenso la hizo gemir más alto, pero aunque el placer la desbordaba su corazón estaba acelerando, siempre latiendo con mucha fuerza dentro de su pecho y las rodillas le temblaban.

Casi desfallecido llegó al piso y fue hasta su habitación, se derrumbó entre los abrigos y mordió la manga de uno de ellos cuando comenzó el siguiente- no....

Diana se tomó su tiempo para regresar a casa. Se sentía rara. Aunque le daba vergüenza, se sentía bonita, sólo por el comentario casual de la mulata. Era obvio que nunca le decían nada, con aquella mirada  penetrante y su escudo invisible, sus abrigos enormes y sus prisas.

Esta vez miró su reflejo en el cristal de un escaparate cualquiera, sonrió y levantó una de las orejeras. Pero su ojo dietético le regresó su imagen. No era más bonita. Era la misma de siempre. Con un suspiro, se cruzó al otro lado de la calle, compró un paquete de Marlboro Light y unas cervezas. Iba  a ponerse a dibujar enseguida.

Subió las escaleras porque sabía que casi nadie las usaba y así evitaba cruzarse con alguien. Abrió la puerta y de forma descuidada dejó sus bolsas en el sofá.

Lulú salió del cuarto de Juliet para recibirla, dio vueltas en torno a ella, saltando, sacando la lengua fuera y moviendo el rabo que zumbaba de una lado para otro- ¡guau, guau!

-¿Diana? -el tono moribundo de Juliet emergió de su alcoba, ya estaba roja y agotada, casi no sentía su cuerpo, estaba afiebrada y el las pulsaciones eran dolorosas porque habían sido varios orgasmos seguidos, sin descanso entre uno y otro. Puede que estuviera enferma, algo grave.

-Queeee -contestó mientras le hacía carantoñas a Lulú y se metía en la cocina a guardar las cervezas, quedándose con una en la mano. Heineken era su marca favorita y siempre que podía se daba el gusto de comprarse unas.

-¡Ven! -Juliet frunció el ceño y pataleó cuando sintió de nuevo aquella ola que la hacía temblar los torneados muslos, casi no podía mantener los ojos abierto pero no se rendía, estaba tratando de controlar el siguiente orgasmo.

La morena frunció el ceño. Quizás se le había perdido el esmalte de uñas. Se acercó al cuarto de Juliet- ¿qué? -pero no dio ni un paso al frente- ¿estás vestida?-roja.

La rubia se retorció entre sus abrigos, se apretó el estómago y cerró los ojos, estaba empapada de sudor- sii...síii...-intentó controlar su voz, susurrando, se arqueó- ¿qué...qué...qué tenía ese caramelo?..-una de manos hundió las uñas en su palma, ya estaba completamente mareada, todo le daba vuelta incluso con los parpados cubriendo su vista.

-¿Mh?-¿qué clase de pregunta era esa? Y además...¿por qué tenía que gritar solo para preguntar una tontería?-Nada en especial...coloraaaante...-se mordió los labios sintiendo muchas ganas de verla, como si un imán la atrajera a una boca negra que quería comérsela- eeehh...sorbitoool...quizás...-susurró y se peinó los cabellos- no tienen azúcar...

Juliet emitió un sollozo desfallecido cuando no pudo contenerse más- ahhhh...ahhhhhh -su voz se alzó y emergió de sus labios entreabiertos, su cuerpo se curvó con la flexibilidad de una gato, las ropas estaban adheridas a sus contornos donde las gotas corrían por la sedosa piel- ahh...-aquello era demasiado, tantos seguidos, sin saber por qué y aquel calor que la estaba desmayando- agua...ahhhhhaaa

Diana frunció el ceño cuando notó el pulso acelerarse. ¿Acaso estaba con un tipo ahí adentro? Y algo dentro de ella, algo que no podía comprender, se estrujó de forma extraña, dolorosa. Ya le había dicho que no podía meter tipos allí, pero tampoco iba a formar una discusión. Ya hablaría con ella luego. Quizás no había prestado atención a las normas de la casa. Dejó la cerveza en la puerta. -Tómensela....-casi gruñó y se dirigió a su propio espacio. Cerró de un portazo, quitándose las Converse enseguida.

Encendió un cigarrillo y con un movimiento violento se quitó los aros y los apretó en su mano- No se permiten novios aquí... ¿no soy clara?-gruñó. De nuevo hablándole a un muñeco que le sonreía desde una repisa.

Juliet ni contestó, se quedo desmayada en la cama, nunca había sentido nada como aquello y al final lo que resultó placer acabó siendo algo insostenible. Su cabeza reposó entre los abrigos desordenados y los rubios cabellos se adhirieron a su rostro sudoroso, a las mejillas sonrosadas, acaloradas y el cuello donde latía la vena delatoramente bajo su piel.

Diana se quitó la ropa, se puso sobre la piel una camiseta de manga larga y unos boxers de lycra. Ató su cabello en una cola bien alta y se puso sus pantuflas con forma de patas de gallina. Encendió la calefacción y apoyó la oreja en la pared a ver si se oía algo.

-Nada....viene a comer delante de los pobres...-masculló con indignación.

Se asomó a ver a su hámster-Por eso odio el invierno, Kum Kum... porque te extraño...-golpeteó con un dedo el acrílico. El roedor seguía siendo una pelotita blanca, momificada.

Se dirigió a su mesa de trabajo y vio el paquete de caramelos. Juraría que lo tenía en la mochila. Los cogió y leyó su composición. No había nada anormal en ellos. Al menos eso le parecía.

Juliet se levantó al cabo de dos horas, estaba muy pálida y juraba que le estaba doliendo hasta el clítoris. Todo su cuerpo tenía agujetas y temblaba, se sentía enferma. Antes de desmayarse había escuchado la voz de Diana, pero al final no pudo hablar con ella porque ya simplemente no podía más.

Con esfuerzo se puso en pie, jadeando, su cuerpo aún estaba caliente, con los dedos que parecían de gelatina se despojó de sus ropas, incluso de las bragas que estaban empapadas, las pondría a lavar enseguida. Se puso una de sus camisetas y un pantalón corto, junto con sus chillones calcetines rosas.

Abrió la puerta y dio un paso, tropezó con la lata, sus ojos verdes se posaron en ella, adivinaba quien la depositó allí. Se inclinó y la cogió, fue hasta el dormitorio de Diana, tocó con los nudillos en la madera.

-¿Si?-la morena estaba reclinada sobre su mesa de dibujo, las piernas cruzadas, los lentes a media nariz. Escuchaba música japonesa en su reproductor a volumen muy bajo. El cenicero con varias colillas arrugadas. Tenía los dedos manchados de carboncillo mientras seguía haciendo bocetos que luego pasaría a tinta china.

Juliet suspiró, en ocasiones le daba la impresión que Diana era de esas personas que edificaban un muro de hielo en torno a ella, lograba que hasta las palabras fueran escarcha cuando se lanzaban al aire.- Esto...-se metió los dedos entre los rubios cabellos- ¿Qué quieres de cenar? -después de aquella respuesta dudaba que no la mordiera si entraba, además necesitaba ingerir algo, aún sentía el caramelo pero sus efectos estaban disminuyendo.

-Un pene grande y gordo...-canturreó. Era lo que menos deseaba en el mundo, pero seguro que eso sí que lo sabía sazonar Juliet.

Juliet se quedó helada, contó su respiración, uno, dos, tres...-¿a qué no tienes los ovarios de salir de ahí y decírmelo a la cara?

Aquel desafío fue como si le hubieran metido un tizón en el medio del culo. Diana dejó el carboncillo y con sus pantuflas con espuelas de gallo se dirigió a la puerta. La abrió y se encontró con el rostro de Juliet-¿Qué te ocurre? ¿No te gusta la palabra "pene"?-puso un tono de falsa compasión, como si la rubia fuera una niña pequeña-Quiero un pene... grande y gordo -entrecerró los ojos- y jugoso y venoso...y lo puedes acompañar con unas pelotas enormes -alzó una ceja, roja como un tomate, pero no sentía vergüenza de expresarse así. Para ella, hablar de penes era como hablar de lechugas. Había en todos lados, pero no le apetecían.

Juliet no retrocedió ni medio centímetro, sólo se quedó mirándola fijamente, sus ojos y su boca que de pronto tenía ganas de lavar con jabón hasta que dejara de decir aquella palabra. Inspiró de nuevo, no sabía con quién se estaba metiendo, puede que a todos los arrugara con sus cambios de Jekyll a Mr Hyde pero con ella se equivocaba de plano.

- ¿Tienes problemas con los PENES? - alzó una mano- ¿o en crees que he estado follando y por eso no dejas decir PENE? - hizo una mueca de amargura y la cogió de una muñeca y haló de ella- ¿Quieres pene? - la comenzó a llevar a su dormitorio- ¿y pelotas? Yo te enseño...

-¡NOOOO ME IMPORRRTAAAAAAAAA!- gruñó, oponiendo resistencia, pero en realidad quería ver, aunque sabía que ese tipo debía haberse ido ya. Habían pasado más de dos horas. Si, Diana había visto el reloj un millón de veces- Puedes follar con quien te de la gana, ¡pero no aquí! - toda despeinada, soltándose del agarre de la rubia y empujándola sin demasiada fuerza, solo por demostrar que era más fuerte.

La rubia chocó con la pared, se quedó quieta, respirando fuerte, notando que de nuevo le dolía el pecho por los violentos latidos de su corazón- ¡ERES UNA JODIDA TONTA! ¡NO ESTABA FOLLANDO CON NADIE! - se irguió, le dolía la cabeza, las sienes parecían dos tambores- ¡¿POR QUIÉN ME TOMAS?! -se acercó de nuevo, frunciendo el ceño- ¡la culpa es de tu caramelo! ¡Me ha enfermado!

Diana echó una mirada rápida al cuarto, luego a Juliet-¡Mh! -le volteó el rostro y puso su mano en una de sus estrechas caderas. Estaba muy irritada-. Mi caramelo. ¡HAHA!-entró al cuarto de la rubia y comenzó a oler el ambiente. Por supuesto que conocía el olor a semen. Había tenido un par de novios y con uno de ellos tuvo relaciones varias veces, más por curiosidad que por otra cosa. Jamás había tenido un orgasmo, pero ese olor le repugnaba y nunca lo había olvidado.

-Hummm-oliendo. Entonces cerró los ojos porque un aroma delicioso la envolvió. Era como fresas, pero que dejaban el paladar cosquilleando.

Juliet entró tras ella y se quedó pasmada al verla oliendo como si fuera un perro de presa, hasta daba algo de miedo pero al tiempo le hacía gracia toda aquella situación, solo dos días allí y estaban a punto de matarse. Se quedó cerca de ella y luego pasó la mano por sus cabellos- ¿ahora me crees? -se aproximó- ¿huelo a colonia de hombre o a sexo? -cuando uno hacía el amor se quedaba impregnado del aroma de su pareja inevitablemente.

La morena tenía el ceño fruncido y sus labios se apretaron de forma inversamente proporcional al tamaño de sus ojos, que se abrieron como dos girasoles. La miró con desconfianza, pero no se alejó. Como estaba molesta, era una fiera y nada la haría retroceder. Y si le sentía olor a hombre ella misma la arrastraría de los pelos a la ducha para que se le quitara.

Dio un par de pasos, pegándose a Juliet, muy cerca. Inhaló el aroma de su cuello y no pudo resistir la tentación de dejar caer los párpados. La rubia olía delicioso, era olor a piel, a sudor sutil. Era ese tipo de aroma que acariciaba, que parecía invitarla a algo que desconocía por completo. Su nariz y sus labios se rozaron contra la epidermis- hueles...a sexo...-y le encantaba. Se separó porque había notado que sus pezones se habían erguido delatoramente.

Juliet se había quedado quieta, dejando que Diana rozara con su boca la suave epidermis de su cuello. Cuando se separó es cuando ella acertó a respirar porque sin percatarse de ello había retenido su aliento cuando la morena se aproximó, incluso se inclinó para darle más acceso. Entrecerró los ojos verdes, luminiscentes, disfrutando que se acercara solo por desafiarla, demostrar tercamente que tenía la razón.

-Voy a trabajar...-la morena se dirigió a su cuarto con pasos orgullosos aunque tuviera pantuflas de gallo. La otra se giró cuando salió de la habitación y fue tras ella, casi corriendo.

- Me masturbé...-se mordió los labios, ¿por qué había dicho semejante tontería? ¿Qué le importaba a ella lo que opinara esa chica? Sólo sabía, sólo sabía que no deseaba que la echara a la calle- ¿sabes que es eso?

Diana se detuvo justo en el umbral de su puerta. No se giró. Por supuesto que sabía qué era eso. Lo había descubierto cuando comenzó a preguntarse por qué el sexo era tan soso. Entonces buscó información en su amada Internet y luego, una noche tormentosa, sin pensar en nada en particular, lo probó. A esa noche, le siguieron otras, cuando se sentía excitada sin razón en medio de sus sueños-No... no sé lo que es...-jugueteó, sólo por molestar. Su tono era de completa inocencia.

Las rubias cejas se arquearon sobre los iris de manzana, Juliet entreabrió los labios hinchados y estuvo tentada a reírse pero no se atrevió porque que puede que fuera cierto, que Diana fuera una de esas vírgenes que soñaban con el sexo pero no se atrevían ni a acariciarse a si mismas un pecho.

- No te creo...- le rodeó el cuello con los brazos para evitar que escapara hacia su cubil como un lobo acorralado. Inclinó la cabeza para intentar verle la cara, estaba segura que eso no era posible. Todo el mundo se tocaba tarde o temprano, hombre o mujeres, a menos que estuvieran muertos, se excitaban.

Diana se echó a reír con fuerza. De pronto sentía alegría y la misma situación le causaba mucha gracia. Ambas mujeres hablando de pajas. Nunca hubiera imaginado que Juliet lo hiciera también. Todas las chicas que conocía, lo negaban fieramente y eso la hacía sentir sucia, aunque las páginas sobre sexualidad que había leído, decían que era normal y muy sano hacerlo.

-No seas sobonaaaa....-gimoteó entre risas, echando las manos hacia atrás y tratando de hacerle cosquillas, pero sólo logró pellizcarle las nalgas-sueltaaa...-más risas.

Juliet se echó a reír porque por fin el ambiente se relajaba entre ellas dos y eso le encantaba, con otra chica más de apariencias, menos terca y pasional se hubiera limitado a ser fría, indiferente pero Diana era directa, sincera y espontánea, una increíble fuente se sorpresas y todo un descubrimiento porque en un inicio pensó que era la típica aburrida y mojigata.

- ¡Auch, auch! Ya suelto...no más pellizcos...-abrió los brazos para dejarla escapar con suavidad- Y bueno, ¿Qué quieres de cenar?

-Mmm...carne con papassss...-se tocó el plano vientre con la palma abierta hasta debajo de los senos. Se agarró uno para que se le bajara el pezón. Suponía que era por el frío. Se le quedó viendo a la otra, pensando por qué la había llamado mientras se masturbaba, eso era demasiado extraño.

-¿Carne de qué? -iría al supermercado para comprar, además aún debía de reponer las cervezas que se bebió ayer y pasaría por la farmacia para comprarse unas aspirinas o unos calmantes. El episodio de los orgasmos fue demasiado extraño pero tenía la intuición de que estaba relacionado con el caramelo aunque tampoco estaba cien por cien segura.

-Carne roja, de preferencia -la miró y se quedó estudiando su expresión. Aunque estaba hablándole, estaba pensando también en esos caramelos. Ella le había echado la culpa de su excitación. Pero entonces, ¿por qué a ella no le funcionaron?

- De acuerdo -Juliet se volvió a pasar una mano por los cabellos rubios, desordenándolos más todavía pero dándole un aire más natural, más encantador.- Antes me doy una ducha rápida -miró a Diana- ¿te importa si en la cena miramos la bolsa de caramelos?

-Mmm...bueno...-accedió. "Pero si hay otro de orgasmo, me lo como yo", pensó.



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7 comentarios:

  1. jajajaja que buen capi... quien iria a pensar que hay que tener cuidado con lo que se desea jajaja... ;)

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  2. jajajaja ese de fresa es tentador!!

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  3. Adrenys, ya ves, hay que tener cuidado. Ya veremos qué les espera a las protagonistas y a sus caramelos afrodisiacos (¿?).

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  4. Anonymous quiere pasársela de lo más bonito -sufrir- jaja. (¿Algún día sabremos quién está tras la máscara del anonimato? XD)

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  5. jajaja seré masoquista? mmm, me negaras que es tentador??? jajajaja algún día...

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  6. Ha sido encantador el capítulo!.... Esta historia está super.... Y quiero hacer un pedido de esos caramelos tan "especiales"...!

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  7. jajjajajaajjaa q miedoo con esos caramelos, a la proxima cuando vaya a pensar algo asi, es mejor q se quede en la casa todo el dia

    :o Mediaaa discusion de esas dos

    estuvo bueno pobre juliet, y q pena por dios, yo no vuelvo a ese establecimiento

    A leer el siguiente =D

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7 comentarios:

  1. jajajaja que buen capi... quien iria a pensar que hay que tener cuidado con lo que se desea jajaja... ;)

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  2. jajajaja ese de fresa es tentador!!

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  3. Adrenys, ya ves, hay que tener cuidado. Ya veremos qué les espera a las protagonistas y a sus caramelos afrodisiacos (¿?).

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  4. Anonymous quiere pasársela de lo más bonito -sufrir- jaja. (¿Algún día sabremos quién está tras la máscara del anonimato? XD)

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  5. jajaja seré masoquista? mmm, me negaras que es tentador??? jajajaja algún día...

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  6. Ha sido encantador el capítulo!.... Esta historia está super.... Y quiero hacer un pedido de esos caramelos tan "especiales"...!

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  7. jajjajajaajjaa q miedoo con esos caramelos, a la proxima cuando vaya a pensar algo asi, es mejor q se quede en la casa todo el dia

    :o Mediaaa discusion de esas dos

    estuvo bueno pobre juliet, y q pena por dios, yo no vuelvo a ese establecimiento

    A leer el siguiente =D

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  1. jajajaja que buen capi... quien iria a pensar que hay que tener cuidado con lo que se desea jajaja... ;)

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  2. jajajaja ese de fresa es tentador!!

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  3. Adrenys, ya ves, hay que tener cuidado. Ya veremos qué les espera a las protagonistas y a sus caramelos afrodisiacos (¿?).

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  4. Anonymous quiere pasársela de lo más bonito -sufrir- jaja. (¿Algún día sabremos quién está tras la máscara del anonimato? XD)

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  5. jajaja seré masoquista? mmm, me negaras que es tentador??? jajajaja algún día...

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  6. Ha sido encantador el capítulo!.... Esta historia está super.... Y quiero hacer un pedido de esos caramelos tan "especiales"...!

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  7. jajjajajaajjaa q miedoo con esos caramelos, a la proxima cuando vaya a pensar algo asi, es mejor q se quede en la casa todo el dia

    :o Mediaaa discusion de esas dos

    estuvo bueno pobre juliet, y q pena por dios, yo no vuelvo a ese establecimiento

    A leer el siguiente =D

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