15 de noviembre de 2013

Cupid Candy Sugar Free (10)

                                                                   
Capítulo 10
                                                  
 Las buenas noches de Juliet.


Juliet se inclinó y puso los cobertores sobre Lamont con delicadeza, era curioso, pero en la suave penumbra, el cuerpo masculino de pronto se le antojaba delicado, frágil de una forma que la enterneció, que no tenía palabras para describir. Su primo parecía haberse calmado pero sabía que en realidad estaba reflexionando sobre todo lo ocurrido ese día, estaba distinto.

Salió de la habitación, empujando a Lulú que no paraba de gruñir, deseando saltarle encima a Lamont para morderlo. Se encaminó a la habitación de Diana y tocó con suavidad los nudillos en la puerta.

-¿Sii? -Diana estaba, como siempre, conectada, posteando en el foro, con el msn abierto, pero NohayY no aparecía hoy tampoco. De paso seguía buscando señales de los Cupid Candy, parecían haberse desintegrado de la faz de la tierra. Giró el rostro y observó la lámina de madera.



-Quiero desearte buenas noches -sonrió y se apoyó a un lado de la puerta, cruzando los brazos sobre sus pechos- pero quiero verte la cara -su voz se tornó pura miel.

-Mmm... -la chica se lo pensó, casi había dicho "buenas noches" desde su cómodo asiento, pero  eso de verle la cara le sonaba divertido. Eso, y que de verdad no iba a desperdiciar poder ver a la rubia a la cara. Se levantó de un salto y abrió la puerta-. Buenas noches -le sonrió y sus ojos se clavaron en los verdes orbes.

Los dos espejos de jade se posaron con dulzura en aquel rostro ovalado, marcado por aquella sonrisa encantadora. No sabía por qué la hacía tan inmensamente feliz, por qué llenaba su joven corazón de calor-. Buenas noches -se inclinó hacia ella muy despacio, sus tersos labios buscaron la sonrosada mejilla y con un leve espasmo contuvo el impulso de morderla con suavidad, la besó.

-Si...Bueh...Bueh...-jadeó y sus ojos se entrecerraron porque había sentido una calidez abrumadora en ese simple beso. Era como una energía subterránea que la rodeaba y logró rozar la mejilla de la rubia con su nariz en el preciso instante en que ella se separaba. Sus pupilas estaban algo dilatadas, no era posible precisar si era por la escasa luminosidad, o si era por tener a su compañera tan cerca.

- ¿Es...estarás bien? -murmuró y se apoyó en el marco de la puerta.

Juliet se quedó mirándola, sus ojos entrecerrados, formando una rendija verde, brillante, los rubios cabellos que acariciaban la tersa piel del rostro. Alzo un brazo y lo apoyó justo por encima de la cabeza de la morena, creando una intimidad entra ellas dos, se sentía casi sofocada porque reconocía lo que estaba haciendo, sus mejillas se pusieron muy rojas.

-Si dijera que no... -inhaló profundamente, tratando de llevar oxígeno a los pulmones que ardían- ¿me dejarías dormir contigo?

Las mejillas de Diana se pusieron como dos manzanas muy maduras. No se valía decir eso, le parecía hasta algo cruel, pero claro, Juliet era inocente. Decía las cosas como cualquiera diría a una amiga. Sin malicia ni segundas intenciones. La que pensaba cosas deliciosamente pecaminosas, era ella. Pero quizás, sólo quizás pudiera disfrutar de aquella oportunidad que no se repetiría en mucho tiempo. Si tan solo podía aspirar a sentirla de ese modo... ¿por qué no? -No sé... -dudó- ¿te sientes incómoda? -para ese momento, ya estaba mirando el pecho de Juliet. Uno; porque le daba vergüenza mirarla fijamente, como si adivinara sus pensamientos. Dos, porque tenía unos senos extraordinarios.

-Puede ser -Juliet alzó las manos y las pasó por el cuello de Diana y comenzó a empujar a la habitación- no quiero dormir en ese sillón -se sentiría, sola, fría y además era la mejor excusa que nunca se presentaría para estar juntas, inspiró, frunciendo apenas el ceño porque el calor aumentaba, la hacia hervir cuando estaba cerca de aquella mujer, porque Diana no era una muchachita, era una mujer.

-Por favor... -susurró- Diana... -aquella noche puede que fuera la única, ahora era cuando parecía estar llena de valor.

La morena miró de nuevo el rostro de Juliet. En ese momento, le era imposible decirle que no. La estaba dejando entrar, observar su intimidad y compartirla-. Si...si...-murmuró y giró su cabeza para comprobar que todo estaba medianamente ordenado. Sus almendrados ojos se clavaron en el monitor del ordenador y luego en la rubia. Entrecerró los ojos y en un instante comprobó como la puerta se cerraba sola, como en cámara lenta. Tragó saliva y dejó que su corazón bombeara con mucha fuerza, "¿serán los caramelos?"

Juliet la miró a los ojos, estaban solas, sin nadie, sus manos aún ancladas a la nuca de la morena. Cuando escuchó como decía sí, casi le pareció un gemido que la extasió, porque ni un solo hombre sobre la tierra podría sonar tan dulce como Diana, ninguno. Era una mujer, lo sabía, debajo de aquellas ropas anchas había un cuerpo como el suyo, pero parecía que su cerebro y su razón lo ignoraban por completo, no les importaba y su cuerpo palpitaba.

Sus manos descendieron, acariciando el cuello con delicadeza, enredando las hebras oscuras con los dedos, halando un poco. Fue bajando por la espalda, atenta al menor de sus gestos, a cualquier señal de rechazo o que diera un paso atrás. Las ancló a la cintura y apretó tiernamente, moviendo a penas la camiseta.

Los labios de la morena temblaron visiblemente y los ojos se abrieron y se unieron de forma inexorable a los de Juliet, buscando sus pupilas como pidiendo explicación, pero demasiado turbada para decir nada. Parecía un animalillo paralizado frente al cazador. Casi como si fuera una maldición, sus pezones se pusieron erectos bajo la camiseta y su piel se erizó.

Esta vez no fue capaz de gruñirle o empujarla o hacer algún chiste. Estaba demasiado sorprendida- e...es...un c...c...c...col...chón -susurró, tal cual y le hubieran dado un golpe con un garrote, totalmente atontada.

Juliet leyó la pregunta pero no tenía la respuesta aún, quizás la encontrara aquella noche. La observó fijamente, escuchando aquel tartamudeo que la derretía, que para ella era una especie de exótico canto que la llamaba, que abría su corazón, un lado de sus emociones que se estaba imprimiendo en sus dedos. Alzó la tela con suavidad y rozó la tersa piel.

-Vamos a dormir... -sus manos vagaron por la cintura, apreciando aquella epidermis tibia, suave. La apretó contra ella, abrazándola, sin desear soltarla para que no huyera como una cierva asustada por un depredador.

- ¿ya? -Diana lanzó la pregunta como si fuera algo que habitualmente hicieran juntas, su voz sonó totalmente desprovista de voluntad, alzó sus propios brazos con los ojos cerrados, olvidándose del foro, del msn y de todo el mundo.

Juliet jadeó cuando aquellas manos se ciñeron a su cintura, logrando aquel suspiro profundo emergiera de sus labios rosados, llenos y anhelantes de algo que sabía que necesitaba con urgencia. Miró los ojos cerrados de Diana, aquel rostro que estaba provisto de una expresión de calma, de entrega.

-Ya... -susurró, volvió a besar su mejilla pero en esta ocasión varió el ángulo y su boca se depositó más cerca de aquella boca de fresa- ya... -repitió atontada por las sensaciones que estaban regándose por su cuerpo, inundando todos sus sentidos y haciéndolos sensibles al máximo, sensibles a Diana por completo.

Diana se dejó llevar, a pesar de que su instinto hubiera gritado a vivas voces que no debía permitir que alguien le ganara en su propio territorio, que borrara su conciencia y la derritiera como si fuera cera, dejando que Juliet la envolviera en su abrazo seductor, la sometiera bajo el encanto de aquella voz que tenía un extraño poder sobre su ser.

Si era una falsa alarma, si era una jugarreta de esos malditos caramelos, no sabría como remediar lo que podría suceder entre las dos. Notaba como todo su cuerpo parecía aflojarse, su boca palpitó con la cercanía de la otra. Definitivamente aquello parecía un juego cruel.

Dejó que la llevara, con pasos suaves, sin resistencia pero sin avance de su parte. No quería equivocarse. Justo en el borde del lecho se detuvo y ofreció cierta resistencia porque debía quitarse las pantuflas. La soltó, pero dejando un lánguido repaso a la cintura diminuta de la rubia. La miró a los ojos, estudiándola, queriendo saber qué pretendía, aquello no parecía algo de amigas, parecía algo más.

Juliet no retrocedió pero tampoco avanzó, intuía que estaba justo en el borde, las dos, aquello ya no precisaba palabras pero tampoco daba cabida a errores. Sus manos y su boca se habían movido solas, ella diferenciaba perfectamente entre lo que eran gestos de amistad y los que no. Aquellos dedos trémulos que palparon la piel de Diana, unas caricias que ella solo reservaba para cuando amaba.

Los ojos de la rubia eran dos esmeraldas de aguas de verano, verdes, muy verdes, llenos de aquel brillo que parecía captar la luz del cuarto, la poca que desprendía de la mesilla de noche y del ordenador. Ella jamás dudó, jamás pensó que otra mujer la tentaría, que le llamaría la atención hasta el punto de querer poseerla, de hacerla suya. No sólo su atención, también su cariño, su amor, su cuerpo.

Cogió los bordes de su camiseta y haló de ella, la dejó caer al suelo, revelando su torso desnudo, blanco, donde destacaban aquellos senos como granadas maduras. Avanzó un paso y éstos se mecieron apenas sobre aquel vientre plano donde destacaba su pequeño ombligo.

Puso sus dedos en la blusa de Diana y comenzó a halar un poco hacia arriba pero antes se inclinó, etérea, lánguida como una libélula y sus labios rozaron los de la morena, jadeó, anhelando fundirse con aquella boca que temblaba, sí, temblaba porque lo sentía. Tiritaban y ella quería calmarlos, sólo conocía una forma; la besó.

En ese preciso momento, la morena notó un perfume, un aliento que pareció reconocer, un sabor a uvas acarició su paladar y logró que todo su cuerpo temblara como un flan, pero su cuello se flexionó de tal forma, cediendo visiblemente a ese contacto, como si fuera un unicornio ante el toque de una doncella, dócil, tremendamente mansa y cooperativa.

Casi creyó morir cuando la vio desnudarse. Estuvo a un tris, a una milésima de segundo de mandarla a ponerse algo encima, pero no fue capaz de hacer nada. Casi podía jurar que Juliet no había pedido nada acerca de sus pechos, sino que habría pedido que ella no pudiera negarle nada, ni reaccionar a nada, salvo a su cuerpo y a sus labios. En cambio, ella estaba pensando que quizás esos caramelos sí eran reales y si cumplían deseos, porque el suyo parecía perfilándose claramente en su horizonte. Juliet parecía encantada, deseosa de tenerla a su lado y Diana...ella realmente lo anhelaba.

La suave boca de la morena buscó la que estaba adueñándose de su suculenta carne, apretándola un poco, sin pensar más. Alzó los brazos para que le quitara la prenda. Ya no había marcha atrás, su corazón estaba estallando de pura emoción, dolía de una forma demoledora, se estaba abriendo como una rosa, dispuesta a mostrar sus secretos a la persona que había tenido el valor suficiente de atrapar sus esquivos latidos.

Juliet cerró los ojos y se entregó por completo, correspondiendo a aquella boca tierna, dulce como el azúcar de fruta, húmeda, deliciosamente plena que encontró su perfecta mitad en la suya. La una se abarcó a la otra con plenitud, sin esfuerzo, dos alas de un mismo pájaro de fuego que estaban deseando encontrar sus plumas de nuevo.

Movió su boca despacio, sin prisas, tratando de que la respiración no la agobiara aunque se estaba acelerando demasiado al igual que su corazón que estaba raspando dentro de su pecho. Sus pezones se oscurecieron, floreciendo en el monte de sus senos que desafiaban la gravedad.

Sus manos siguieron halando sin detenerse, se separó para quitar la prenda, dejando que sus brazos colgaran en el aire unos instantes, y dejarlas a un lado, tiradas en el suelo. Le sonrió y no la dejó decir palabra alguna porque volvió a anclase a aquella boca que necesitaba, que deseaba. Sus manos fueron a la espalda para desabrocharle el sujetador, llena de placer por desnudarla y tomar su boca de miel al mismo tiempo.

Diana tenía los ojos cerrados, parecía que los párpados le pesaban un mundo; era el placer que la golpeaba y embotaba sus sentidos y, curiosamente, los exaltaba de una forma abrumadora. Su olfato captó el sutil aroma de la piel recién bañada, ese resto de perfume de calidad que no se había llevado el jabón detrás de las pequeñas orejas. El aliento mentolado, que escapaba del interior de aquella cueva secreta.

Notaba el calor que manaba de los labios suaves, increíblemente tersos que la mareaban, como si estuvieran untados con alguna clase de elixir seductor. Las manos de Juliet eran delicadas, un toque que era diferente al que cualquiera de sus novios. Había en ese toque las mismas ansias, sin embargo no la hacían sentir presionada, asustada o dudosa a pesar de que todo era nuevo, y podría ponerle los nervios de punta.

Juliet sacó los broches del sujetador cuyos dibujito lograron que sus labios trazaran una sonrisa incluso besando. Pero no haló de los extremos, sino que con dulzura las suaves yemas rodaron por la marcada columna, trazando un camino, dibujando sin prisas, aprendiendo la textura que se expandía a penas con las respiración de la morena.

Sus labios no paraban de moverse lentamente, sin agobios, saboreando aquel caramelo de carne afrutada, dejó asomar los blancos dientes y presionó un poco, esperando que no saltara y huyera, sólo invitándola a que hiciera lo mismo con ella. Sus manos ascendieron de nuevo, las apoyó en los marcados omoplatos, los masajeó y los dedos rodaron la tira del sostén.

Rompió un poco el beso y guió las tiras finas por los brazos de Diana, nunca se había excitado tanto desnudando a otra persona. Pero al contrario que otras veces, no aceleraba el proceso, lo estaba disfrutando porque se percataba que Diana respondía al toque elegante, fino, sutil pero al tiempo sensual.

Diana la observó, callada, notando como sus propios labios latían de forma torturante. Miró a la otra chica como si no pudiera hacer nada más, ni siquiera pensar. Hasta le parecía que había perdido la capacidad de hablar. Se separó un poco más y alzó la mano para tocarse la tierna boca. Su largo cabello cubrió parcialmente sus senos cuyos pequeños pezones eran de un tono té con leche, encantador.

Su abdomen tenía una pequeña cicatriz, secuela de una operación de apéndice y más abajo, las suaves formas de su cadera donde estaba sujeto el pantalón de dormir, ancho y amarillo. A sus pies, las pantuflas de pata de gallo.

Observó el cuerpo de la rubia, sintiéndose atontada. Siempre había admirado la belleza femenina, casi con un ojo artístico, pero con Juliet era todo diferente. No sólo le parecía hermosa, sino  que le gustaba, la atraía de una forma que jamás había sentido. Era lo único que sabía, lo demás, tendría que descubrirlo ahora-. ¿Estás bien? -la escrutó, porque estaba intrigada, no fuera a ser efecto del caramelo y estuviera poseída o algo así.

Juliet alzó el rostro para mirarla de frente, sus ojos verdes estaban más brillantes que nunca. Los dorados cabellos aleteaban en torno a su rostro, resaltando su largo cuello y el fino perfil de su mandíbula. Su mano subió hasta su boca y besó con suavidad el sostén de rositas. Lo depositó en la cama, dejando que se perdiera entre las arrugas de los cobertores

-Sí... -se atrevió a entonar, temiendo romper el hechizo que las apresaba a las dos. Se acercó de nuevo, sus pupilas dilatadas, supo que era deseo lo que la golpeaba como un rayo invisible, quizás fuera la propia mano del destino.

Un dedo largo, elegante, trazó la diminuta cicatriz del vientre y se inclinó para besarla, la lamió un poco y luego volvió besar, imprimiendo calor que aquella zona.

-Juliet...-murmuró, notando su piel de gallina y sus pezones ponerse sensibles. Miraba hacia la cabellera que parecían los pétalos de un girasol, su flor favorita-. Es...de...apendicitis...-y sonrió, sus mejillas rojas parecieron subir un par de grados en temperatura.

No le gustaba mostrar esa cicatriz. Sus ojos no podían evitar clavarse en el torso desnudo de la rubia. Realmente no sabía si hacer algo con los pechos de aquella mujer. Generalmente no era especialmente maravilloso que le manosearan o besaran esa zona. Nunca lo había disfrutado como se mostraba en las películas.

Juliet cerró los ojos unos instantes, rodeó la cintura de Diana con sus brazos y apoyó su rostro contra su vientre unos momentos- a mi me gusta -su voz fue dulce, profunda y bella porque estaba dirigida sólo a los oídos de la morena- me gusta mucho... -jadeó fuerte de pronto, temblando porque se estaba abriendo- como tú -se irguió y pasó los brazos por el cuello de Diana- como tú... -la volvió a besar, empujándola hacia el colchón sin brusquedad pero con firmeza.

-Mmhh... -esta vez Diana emitió un gemido audible, tanto, que se avergonzó de su propia voz abandonada. El corazón latió muy rudamente y fue ese instante en que mandó todos sus pensamientos al demonio. Sólo sabía que ansiaba tanto sentir su piel y su boca que estaba a punto de desintegrarse entre sus brazos de puro ardor.

Su vientre se tensó de forma inequívoca, aquella sensación que sentía cuando estaba excitada. Ambos cuerpos se recostaron en la suave superficie de sábanas desprolijas. Diana abrazó a Juliet por el cuello como lo había hecho su compañera, una mezcla de alegría y pasión se arremolinaba en su pecho.

-Ju...juhh... -no pudo ni pronunciar su nombre entre los besos porque se le iba el aire del sofoco que la embargaba al sentir como sus senos se tocaban con los de la francesa. Abrió los ojos para ver su reacción cuando se animó a colar su lengua, muy despacio, acariciando la parte interna de los labios de la rubia, dándole un cariz diferente al beso que estaba dando.

-Ahh... -un quejido lastimero, desvalido se escapó entre el aliento sofocado de Juliet, se sobresaltó porque aquella lengua parecía arder dentro de su boca, provocándola, subyugándola por completo- ammm... -alzó la suya para enredarla con la de su compañera dentro de una lenta danza ensalivada.

De pronto se escuchó un potente zumbido que provenía del ordenador, la pantalla pareció vibrar y un beso se estampó. Juliet abrió los ojos por completo, sorprendida, rompiendo el beso-. ¿Qué...qué? -estaba aturdida, de nuevo otro molesto zumbido.

Los párpados de Diana se alzaron- ¿qué?... -jadeó la palabra y trató de normalizar la respiración que era profunda y espesa. Sus ojos se clavaron en la pantalla. ¿Por qué después de tenerla con la ley seca, ahora le hablaba alguien? Y encima con besos ruidosos e inoportunos. Aún no reaccionaba bien porque estaba atontada. El sonido de alguien hablándole por msn retumbó en el cuarto.

-Mi msn...-murmuró e instintivamente se cubrió el pecho. Tenía la misma sensación que si su madre hubiera abierto la puerta pillándola infraganti.

- ¿Tu msn? - Juliet se separó y giró el rostro hacia la pantalla, vio como más besos se estampaban contra el cristal. De pronto sintió algo raro, era irritación, molestia y celos. ¿Por qué le enviaban tantos besos? - ¿Y quién es? -comenzó a ponerse en pie, queriendo tirar el ordenador por la ventana.

- ¿Eh?, no sé...-Diana quería que se la tragara la tierra en ese instante. Gateó detrás de Juliet- no veo desde aquí... -la siguió, tratando de adelantarse y minimizar la ventanita. Le alarmaba que viera algo comprometedor.

Juliet se inclinó hacia el monitor y justo en ese momento Diana minimizo la ventana, la rubia la miró durante unos segundos y se irguió. Se mordió los labios varias veces y se sintió una gran tonta, algo le estaba doliendo en el pecho. Alzó un brazo y cubrió los senos, jadeando-. Ya tienes novia, ¿verdad? -Tenía que haberlo sabido, que alguien como la morena no podía estar sola- ¿era ella? -debió de preguntar primero antes de besarla.

Retrocedió un paso, confundida, sentía tantos celos que se le nublaba la vista- pero...pero -ya lo venía venir, iba a decir una de sus enorme estupideces- pero...yo...yo soy alta, rubia...yo -era como si tratara de venderse bien-...yo cocino... -inclinó el rostro apenas, tratando de recuperarse. ¡Le demostraría que era mil veces mejor que cualquier otra mujer! Emitió un gruñidito bajo.

Diana frunció el ceño, como si regresara de un sueño, como si la bajaran de un tirón a su realidad. Giró el rostro hacia la rubia, sus cualidades le resultaban bastante tontas: rubia, alta y cocinera. No era algo que le gustara especialmente. Ni siquiera sabía por qué había llegado a ese punto- es una amiga -gruñó y giró como una tromba para ponerse algo encima. Prácticamente parecía que estaba luchando con la camiseta, pero logró embutirla en medio de un bufido de rabia.

Juliet se quedó unos segundos quieta, de repelente se sentía muy vulnerable, parecía que se había equivocado porque Diana se vestía a toda prisa sin siquiera mirarla, como si fuera parte del paisaje. Se volteó y salió de la habitación con el torso desnudo, sintiendo mucho frío. "Qué imbécil que soy, hasta le dije que me gustaba".

La morena miró la puerta cerrada con la cara arrugada en una mueca de irritación. Lo único que le faltaba era que la hicieran sentir mal por ser como era. Por eso era mejor mantener las distancias. Dio un par de brincos hacia la lámina de madera y le colocó la cerradura- quién me manda... -protestó y se fue a sentar frente su ordenador, donde nadie le reclamaba nada ni le debía explicaciones a nadie. Encendió un cigarrillo y abrió el msn.

Juliet se tendió en el sofá y puso el despertador para muy temprano, no quería ver a Diana durante un tiempo largo, quizás se planteara marcharse, sobre todo después de lo ocurrido, ahora por su estupidez no podrían volver a estar cómodas la una con la otra- que mierda... -cerró los ojos y recostó su rostro entre los cojines, se acurrucó bajo los cobertores sintiendo vergüenza por haber cometido un error.

Anka saludó a Blue, estaba en su cama, cansada y con uno de sus pijamas de raso y calcetines para que no se le enfriaran los dedos. Pero como siempre y sin poder evitarlo estaba repasando su rutina de trabajo para el día siguiente y abrió el msn casi por inercia.

"Hola, ¿aún despierta?"-aquella chica sólo debía beber café a todas horas, debía de tener unas ojeras que le llegaban hasta el suelo.

"Tengo insomnio"-escribió Diana, preguntándose por qué tenía que aparecer  NohaY en ese preciso momento. Tal vez era una señal. Estaba segura que todo había sido un terrible error, jamás debió permitir que Juliet penetrara en su corazón. Ahora sólo estarían enojadas y no podría mirarla a la cara de nuevo.

"Eso no es bueno" -Anka se estiró, ella en cambio, últimamente por su ritmo de vida no podía descansar como ella deseaba- "leche caliente con miel funciona bien"-desde luego no iba a recetar somníferos- "sexo"-sonrió, eso también era excelente para conciliar un buen descanso.

"No me interesa dormir" -Diana tenía el rostro como si fuera de piedra, la sangre se sentía helada dentro de su cuerpo. Era el colmo sentirse incómoda en su propia casa- "Prefiero hablar contigo"-le dio una calada al cigarrillo, observó que le temblaban los dedos.

A Anka casi le dio la impresión de poder escuchar el tono de Diana, imaginar su voz-"¿Estás bien?", aunque le pareciera imposible creía estar sintiendo una especie de energía proveniente de la minúscula pantalla del msn.

La morena dio otra calada al cigarrillo. No le importaba hablar de sus cosas con NohayY. Después de todo, era un rostro anónimo, un "oído " y un "hombro" en el cual apoyarse. Observó bien las letras, Anka parecía leer su mente, o al menos eso sintió en ese momento de turbación. Se lo pensó bien antes de abrir su corazón ante aquella persona- qué diablos...no pierdo nada... -alzó los finos y largos dedos. "No...la verdad es que no estoy bien..."

La mujer se irguió un poco entre los cojines, frunció el ceño, preocupada, era cierto que nada sabía de aquella chica pero habiéndose sincerado con ella con respecto a algunas cosas o punto de vista. Después de todo, pocos sabían de su "condición", trabajaba en un entorno prominentemente masculino y después de muchos años en el sector, sabía que los hombres eran fáciles de manipular, siempre interpretando de más cualquiera de sus gestos y haciendo favores sin que ella los pidiera.

"¿Qué te pasa?"

Diana miró la ventana del msn. No había respuesta. Probablemente había incomodado a la otra mujer. No debió decirle nada. Entonces se apresuró a hacer lo que siempre hacía cuando se sentía triste o desilusionada: Fingir que nada ocurría o que no tenía ninguna importancia. "Pero ya se me pasará; es sólo que tengo tanta tarea que me estreso", mintió.

Entonces dio otra calada al cigarrillo, "cómo estás tú? ¿Qué te cuentas?"

Anka arqueó las cejas, sonrió apenas, aquella niña siempre cambiaba de tema con brusquedad, le extrañaba que si estuviera tan estresada se metiera en msn para chatear. Se encogió ligeramente de hombros, si no quería contar nada de nada pues tampoco iba presionarla.

"Trabajo y trabajo. Ahora tengo un grupo de japoneses que vienen a Toronto, pero lo cierto es que aún no sé donde llevarlos, estoy mirando restaurantes, museos y lugares emblemáticos"

-Japoneses... -murmuró a penas. Le parecía casi una aventura el tener que lidiar con japoneses. Hubiera dado cualquier cosa por estar en esa situación, aunque no sabía más que unas palabritas sueltas de aquel extraño idioma. "Qué envidia...bueno, tú sabrás como atenderlos, eres la experta."

Se recostó contra el respaldo de su silla, mirando la ventanita, preguntándose cómo sería el rostro de aquella mujer.

Anka se echó a reír, a Blue podía decirle toda la verdad porque con sus compañeros tuvo que aparentar que tenía todo bajo control. "Pues la verdad que no. Primero debo de encontrar a alguien que hable japonés porque no sé si en ese grupo alguien habla nuestro idioma. Y también estoy leyendo sobre cultura japonesa, el trato es distinto" suspiró y se pasó los dedos por la cabellera cobriza.

-Aahh.... Es verdad... -se mordió el labio inferior. "puedes comprar un traductor electrónico. Hay de japonés a inglés"

"No, sería muy descortés" estiró las largas piernas y movió los dedos de los pies, "pondré algún anuncio en el periódico o puede que me pase la facultad de idiomas del campus" pero dudaba que encontrara a alguien que hablara el japonés y menos un adolescente.

"Pues suerte con eso", ella no entendía mucho de esas cosas, pero si NohayY lo decía, debía ser cierto. "¿conseguiste alguna cita ya?", se imaginaba que con ese carácter, ya habría conseguido algo por ahí.

"No" sonrió con cierta perversidad "¿me la concederías tú? Puedo invitarte a cenar" ya se imaginaba la respuesta pero ella misma se decía nunca se sabía si no se intentaba.

"¿Por qué yo"?, Diana alzó una ceja. Le parecía demasiado extraño que la invitara así, sin casi haber cruzado palabra alguna. Probablemente lo hacía con cualquiera. Le mandó un muñequito sonrojado mientras encendía otro cigarrillo. "No soy guapa ni nada, ¿me invitas igual?, frunció los labios.

Anka se recostó y movió los dedos. "¿Y crees que yo soy modelo en mis ratos libres?", sonrió, ella era una mujer normal, madura. "Es una cena, nada más" se quitó las gafas y las dejó sobre la mesilla de noche con cuidado. Se miró los pies y los movió dentro de los calcetines, a lo mejor era un idea tonta después de todo le daba la impresión de que Blue era demasiado niña para ella pero siempre podía ser una buena amistad.

"Si lo que quieres, es verme comer, pues vamos a probar", torció la boca. Quizás aprendiera algo de aquella salida. "dime cuando y donde", apagó el cigarrillo. Estaba tan desilusionada que no le importaba hacer una tontería como citarse con una extraña (si es que era mujer).

La mujer se quedó mirando el mensaje y se inclinó. "Quedamos en el Central Park, yo iré a buscarte en mi coche", tenía ganas de ver como era Diana. "es un deportivo negro" hizo cálculos mentales, haciendo malabarismos con sus horas "¿mañana a las ocho?"

Los ojos acaramelados de Diana se abrieron un poco cuando contempló lo decidida que estaba NohayY. Igual, no tenía muchas ganas de estar en la casa ahora que había metido la pata de forma tan idiota. "De acuerdo".

"Muy bien" Anka estaba tranquila, no se estaba tomando aquello demasiado en serio pero siempre era agradable salir con alguien, romper la rutina establecida que engullía sus horas. "Tocaré la bocina tres veces, si no viene nadie pues me voy", era así de sencillo, si Blue se echaba atrás o no aparecía, no estaría esperando por ella una hora.

"Está bien", en realidad Diana podía jurar que eran puras promesas vanas. No creía que fuera, pero igual ella esperaría. "Voy a estar en la parada del autobús", el Central Park, era bastante grande, no fuera a ser que estuviera demasiado lejos y que NohayY se fuera antes de poder llegar a su auto.

"De acuerdo. Buenas noches, Blue. Nos vemos mañana". Anka estaba calmada, puede que nada ocurriera, siempre solía ser así con las citas de Internet, las personas más osadas en la red solían ser unos tímidos neuronales en persona.

Se puso a navegar como al descuido, mirando el foro y poniéndose los cascos para escuchar música, pero casi todas las canciones le hacían recordar alguna cosa de Juliet. Era como una maldición.




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3 comentarios:

  1. Eso fue intenso! *.* pero yo sigo prefiriendo aquel caramelo del "infierno-paraíso" la uva no es lo mio :P

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  2. @heppie.ideax Yo sólo sé que quiero un kilogramo de esos dulces :3 XD.

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  3. @Faith Dico Bueno yo solo quiero la fabrica, pero uno por mes para quitar el estrés no me vendría mal xD

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  1. Eso fue intenso! *.* pero yo sigo prefiriendo aquel caramelo del "infierno-paraíso" la uva no es lo mio :P

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  2. @heppie.ideax Yo sólo sé que quiero un kilogramo de esos dulces :3 XD.

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  1. Eso fue intenso! *.* pero yo sigo prefiriendo aquel caramelo del "infierno-paraíso" la uva no es lo mio :P

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  2. @heppie.ideax Yo sólo sé que quiero un kilogramo de esos dulces :3 XD.

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